El trabajo del científico mexicano, fallecido a los 77 años, fue decisivo para reducir las emisiones contaminantes y alertar por el cambio climático

LUIS PABLO BEAUREGARD

El químico mexicano Mario Molina ha fallecido este miércoles a los 77 años. La noticia del deceso del Premio Nobel de 1995 ha sido confirmada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Molina fue uno de los científicos más importantes dentro de la comunidad mundial y una de las voces pioneras en la lucha en contra del cambio climático gracias a sus investigaciones sobre el daño a la capa de ozono. El investigador formó parte del Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología de Estados Unidos durante la presidencia de Barack Obama. En 2004 creó en México un centro que lleva su nombre que ha sido determinante para la lucha de la capital mexicana en contra de las altas concentraciones de emisiones contaminantes. El Centro Mario Molina no ha informado de las causas de la muerte del distinguido científico.

Molina no temió que su voz científica tuviera ecos en la política. En los últimos años, el químico advertía con contundencia que la ciencia debía jugar un papel fundamental en el desarrollo económico de las sociedades modernas. En su país natal criticó el olvido y dejadez de los tomadores de decisiones ante la investigación y el desarrollo. Hizo un llamado a mejorar la enseñanza y estimular la innovación. Sus opiniones no solo resonaban en México. En 2017 calificó de “irracionales” las políticas ambientales adoptadas por el presidente estadounidense Donald Trump. Una afirmación a la que el tiempo dio la razón con mayor contundencia. “Es alarmante la negación del cambio climático y, un paso más allá, la negación de la enorme contribución de la ciencia para el beneficio de la sociedad”, afirmaba Molina en una entrevista con este diario.

En 1995 la academia sueca premió sus investigaciones, fechadas en 1974, y firmadas junto a sus colegas, el estadounidense Frank Sherwood Rowland y el holandés Paul Jozef Crutzen al explicar los mecanismos químicos que afectan el grosor de la capa de ozono. “Estos tres investigadores han contribuido a salvarnos de un problema medioambiental global que podría tener consecuencias catastróficas”, afirmaron los académicos suecos más o menos por estas fechas, pero de hace 25 años. En concreto, la investigación de los científicos revelaba cómo el ozono es “el talón de Aquiles de la biósfera” y cómo reaccionaba negativamente si este se combinaba con gases clorofluorocarbonos, presentes en objetos cotidianos como los aerosoles o los aislantes térmicos. Los hallazgos fueron un punto de partida para una nueva conciencia medioambiental, pues condujeron a la firma del Protocolo de Montreal, uno de los primeros acuerdos dirigidos a reducir el impacto humano sobre la atmósfera.

Molina fue uno de los tres mexicanos galardonados con el Nobel. La lista de reconocimientos que sumó en una vida dedicada a la defensa del medioambiente es larga. Le fueron otorgados más de 40 doctorados Honoris Causa y varios premios, entre ellos el Tyler de Energía y el de Ecología de 1983. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) lo nombró uno de los Campeones de la tierra. Es el único mexicano que ha recibido la medalla presidencial de la Libertad de Estados Unidos, una distinción que le fue colgada del cuello por Obama.

EL PAIS DE ESPAÑA

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