Mientras el país se enrumba a sendos comicios: las fraudulentas parlamentarias convocadas por Maduro, y una consulta popular planteada por la Asamblea Nacional; la crisis política, social y, sobre todo, la económica; sigue haciendo estragos en este bendito país.

En Caracas, la otrora burbuja, y a los ciudadanos del interior de la República, donde los servicios públicos son prácticamente inexistentes y el alto costo de la vida mantiene sus neveras vacías; poco importa el tema electoral. Su prioridad es sobrevivir a la doble tragedia que vive Venezuela: La pandemia del COVID-19 y al desgobierno que se mantiene en Miraflores.

Fuimos claros al plantear que la ruta eran elecciones libres y democráticas, así también lo exigió la comunidad internacional, en función de que el proceso pautado en la constitución para este año sirviera para empezar a solventar la tragedia nacional. Desde el poder hicieron caso omiso a esto y avanzaron con lo que hoy condena un importante número de países en el mundo y el grueso de los venezolanos.

 

 

Por otro lado, se nos propone una reconsulta desde la próxima a extinguirse Asamblea Nacional, sobre algo que el país y el planeta tienen claro: Los responsables de la crisis y la negativa a contarse en condiciones adversas.

Ninguno de estos procesos solucionarán las penurias que vive nuestro pueblo, incluso ya así lo reconocen los propios aspirantes al parapeto electoral. Mientras esto sucede, los venezolanos se sienten solos y desamparados batallando con todas las adversidades que ha dejado como secuela el socialismo del Siglo XXI.

Nuestros estudiantes en Bolívar, nuestra gente de Soledad, los responsables de los andes, nuestros médicos del eje central del país, las madres que se acuestan desesperada porque al día siguiente debe afrontar las necesidades básicas de sus hijos; el clamor es un solo, dejar atrás la diatriba política y buscar espacios de entendimiento que se traduzcan en beneficios para el país.

Nuestra obligación como dirigentes políticos es hacer a un lado intereses particulares y jugosos negocios que siguen haciéndose en todos los bandos, y atender a los necesitados.

Urge parar la desnutrición de nuestros niños, debemos estabilizar la economía, apalancar a productores, a pequeños empresarios e industriales para que puedan avanzar y recuperar la producción y generación de fuentes de empleos dignos. Hay que atender la emergencia nacional antes de que sea demasiado tarde.

TAL CUAL

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