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¡Onapre ladrón, te sale Tocorón!, por Gregorio Salazar

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Al calor de la lucha gremial sube la temperatura política del país. Son los docentes, los trabajadores de la salud, los jubilados, pensionados y funcionarios de dependencias públicas quienes por millares se han lanzado en varias jornadas a recorrer las calles en demanda de sus reivindicaciones.

El descontento se va extendiendo a medida que esos servidores públicos, que ya habían visto cómo la revolución llevó a cero su capacidad adquisitiva, presencian ahora en esta Venezuela que «se arregló», cómo les escamotean otros beneficios que ellos necesitan, aunque sean devaluados.

Hablar de «bono vacacional» y «bono de recreación» es una ficción porque esos montos irrisorios mal pueden servir para disfrutar ningún tipo de esparcimiento. Se necesitan realmente para comer, para comprar uno que otro medicamento, para movilizarse. Todo está fraccionado y por tanto salarizado.

Los docentes llevan la batuta. El pasado jueves tomaron por quinta vez el centro de Caracas para marchar hasta las sedes del Ministerio de Educación y el Ministerio de Educación Universitaria, este último dirigido por la inefable señora Tibisay Lucena, a quien si antes se le señalaba por el escamoteo de votos ahora se le cuestiona por tener responsabilidad, por no decir complicidad, en la desaparición de los beneficios

Además de tomar las calles de la capital de la República, el reclamo de los trabajadores, jubilados y pensionados se hizo patente en otras treinta localidades: en estados centrales como Miranda y Aragua; en Los Andes protestaron los docentes de Táchira y Mérida; en oriente los de Monagas, Sucre y Nueva Esparta; en los llanos fueron los de Apure, Barinas y Portuguesa. Prácticamente de extremo a extremo del país.

El blanco de las protestas es la detestada Oficina Nacional de Presupuesto (Onapre), responsable de los tabuladores salariales para docentes, personal de salud y empleados del sector público, y que ahora ha elaborado un instructivo que los trabajadores consideran un verdadero robo.

*Lea también: Bono vacacional 2022, por Ángel R. Lombardi Boscán

Los afectados consideran que la Onapre no ha hecho otra cosa que aplanar los salarios y birlar las primas. En lo primero hay que recordar cómo Maduro se jactaba de haber achatado la pirámide salarial de los trabajadores venezolanos. Es la aplicación de una demagógica consigna en la que la prometida «igualdad» se traduce en una «justicia social» que distribuye el hambre sin excepciones.

De allí la dureza de las consignas voceadas por los manifestantes «Onapre ladrona, nos robaste sin pistola» o «Onapre ladrón, te sale Tocorón». Y ante la desbordada presencia policial que los cerca y les impide desplazarse hacia determinados puntos de las ciudades brotó espontáneo otro grito de protesta; «¡Somos docentes, no somos delincuentes!».

En este país donde se reabren lujosos casinos y ya en cualquier tasca constelada de monitores de televisión se puede apostar en dólares en los hipódromos de Estados Unidos, la desatención a las condiciones socioeconómicas de los docentes venezolanos es un menosprecio más a todo el sistema educativo, que va desde el colapso de la infraestructura escolar y universitaria, la alteración ideologizada de los pensum de estudios hasta esta condena a la miseria a quienes deberían ser los profesionales mejores pagados del país.

Lo grave es que tanta denuncia y tanta protesta no permee a la insensible cúpula de la élite gobernante. A ellos les basta con repetir hasta la saciedad que los venezolanos disfrutan de «una educación gratuita y de calidad».

La sociedad venezolana que de seguro valora la labor de quienes garantizan el futuro de la nación a través de la formaciones de nuestros niños, jóvenes y adolescentes, debe acompañar militantemente en su lucha a estos profesionales, lo mismo que a esos servidores públicos, jubilados y pensionados, que tanto le dieron al país y hoy se encuentran desvalidos, mal alimentados y sin acceso a la salud. Es justicia.

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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