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En estos últimos días han ocurrido dos hechos de gran importancia que pueden comprometer la reclamación de Venezuela sobre el territorio Esequibo: el pronunciamiento de la Corte Internacional de Justicia mediante el cual se considera competente para conocer la demanda interpuesta por Guyana, el 29 de marzo de 2018, relacionada con la validez del írrito Laudo Arbitral del 3 de octubre de 1899, y la realización de un ejercicio naval combinado entre fuerzas de Estados Unidos y Guyana después de la firma de un acuerdo de cooperación militar.

Con respecto al primer caso, corresponde ahora al gobierno de Venezuela revisar su actual estrategia, si es que ha existido alguna, decidir si debe o no asistir a la Corte Internacional de Justicia para defender los derechos de Venezuela y dirimir el fondo de la demanda interpuesta por Guyana. Para ello se requiere designar una comisión de alto nivel técnico que coadyuve en el diseño de la estrategia a seguir en este caso. En el segundo aspecto, se requiere evaluar con objetividad si existe una real amenaza y, de ser así, las causas que la originaron. Por supuesto, ambos hechos están estrechamente vinculados.

El primer aspecto a evaluar son las vulnerabilidades y fortalezas del gobierno de Nicolás Maduro en medio del delicado rechazo existente en su contra en la comunidad internacional como consecuencia a su talante dictatorial y a la equivocada política exterior de los gobiernos chavista-maduristas que, al mantener un permanente enfrentamiento con los Estados Unidos, comprometieron uno de los  principios fundamentales de nuestra política exterior: preservar la neutralidad de ese país en nuestros asuntos bilaterales y regionales.

El factor fundamental de esa vulnerabilidad en el gobierno de Nicolás Maduro es su ausencia de legitimidad, tanto nacional como internacional, al ser  cuestionada, por la mayoría de los gobiernos pertenecientes a la Comunidad Europea y a la Organización de Estados Americanos, después de las elecciones presidenciales de 2018. Además, Nicolás Maduro no valoró la importancia de las recientes elecciones parlamentarias. Hubiese sido una gran oportunidad para que su gobierno recuperara alguna legitimidad. Lamentablemente optó, nuevamente, por irrespetar elementales normas democráticas, agravando así su muy precaria imagen internacional.

El segundo aspecto, la realización de un ejercicio naval combinado entre Estados Unidos y Guyana después de la firma de un acuerdo de cooperación militar, exige valorarlo con prudencia y objetividad. Nicolás Maduro y el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, lo han considerado como una amenaza a la soberanía de Venezuela y a la paz regional. No comparto esa opinión. Dicho ejercicio se desarrolló frente a las costas guyanesas, con la participación de los Estados Unidos representada por un buque WMSL-758 de la Guardia Costera de ese país, debidamente equipado y armado, y unidades guyanesas de menor porte tipo Metal Shark 38 Defiant y 957 Y, por decisión soberana del gobierno de Guyana.

Creo que su objetivo  es demostrar que cuenta con el apoyo de la Armada norteamericana para proteger sus espacios marítimos ante la acción de cualquier potencia extranjera que ponga en riesgo  la navegación en aguas no delimitadas de nuestra fachada Atlántica. Es importante recordar la detención del barco RV Ternik Perdana por la Armada venezolana, ocurrida en octubre de 2013. En esa oportunidad, Guyana también consideró dicho acto como “una seria amenaza para la paz”.

A Nicolás Maduro se le presenta, con el inicio de la presidencia de Joe Biden, una nueva y trascendente oportunidad de mejorar sus relaciones con los Estados Unidos.  Antony Blinken, Secretario de Estado, ante la pregunta de un senador, dio a entender que se insistirá en la necesidad de que el gobierno madurista convoque a elecciones democráticas. No hacerlo, por satisfacer ambiciones personales, sólo agravaría nuestra  tragedia e impediría recuperar la neutralidad estadounidense para poder defender, sin mayores dificultades, nuestros intereses vitales, entre ellos la reclamación sobre el territorio Esequibo.

Guyana continuará aprovechándose de las vulnerabilidades descritas para frustrar las aspiraciones venezolanas de obtener una solución práctica y satisfactoria para las partes de la controversia por el territorio Esequibo como lo establece el Acuerdo de Ginebra. Nicolás Maduro debería crear las condiciones políticas para convocar a los venezolanos a constituir un frente unido y plural  para  oponerse a las pretensiones guyanesas. Creo que es por esta vía, y la constitución de una comisión de expertos de alto nivel, que se debe proceder ante tan delicado asunto para contar con reales posibilidades de éxito, y no con declaraciones altisonantes y patrioteras como acostumbra el régimen madurista.

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