Hemos visto con preocupación alegres señalamientos contra hombres y mujeres que deciden asumir riesgos e invertir en Venezuela, pese a lo deprimido de su economía. El epíteto de “enchufado” está a la orden del día, sin siquiera hurgar en los patrimonios de los cuestionados.

Si bien es cierto que parece cuesta arriba grandes concesionarios o bodegones dolarizados para esta pobre economía, el país sigue manteniendo mercados para esto.

No todos son corruptos y no todos son santos, pero la realidad es que el Estado está obligado a velar por el buen funcionamiento de estas iniciativas.

Este es un tema que obedece al perverso cóctel que suponen el resentimiento social y la confianza desprestigiada, principalmente quienes están en cargos públicos.

 

 

En reiteradas oportunidades hemos instado a quienes están en el Gobierno a buscar alianzas con el sector privado que permitan garantizar el crecimiento de la economía. El sector privado está abierto a la inversión, siempre y cuando se garantice la protección de capitales con seguridad jurídica.

El libre mercado, hacia allá debemos ir; donde la competencia sea la que rija la oferta y se acabe la especulación que tanto daño ha hecho a nuestros ciudadanos.

No es posible que sigan existiendo monopolios en ciertos bienes y servicios, cuando la ecuación es sencilla: a mayor oferta, baja la demanda y disminuyen los precios.

Seguimos creyendo que la economía es lo primero, y debemos —todos— trabajar en esta vía. El sector privado busca generar fuentes de empleo que se traduzcan en beneficio directo a las familias, lo que falta son garantías.

www.griseldareyes.com

TAL CUAL

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