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PSUV abona el terreno para 2024 con más control y movilización desde las bases

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La renovación del PSUV espera culminar con la escogencia de los equipos parroquiales, estadales y municipales. Esto no es un hecho excepcional, pero sí coincidente con las elecciones presidenciales de 2024, dice el investigador Alberto Aranguibel. Más de cinco millones de personas están debidamente registradas (dirección exacta y contacto telefónico) tras las elecciones de jefes de calle, información a la que siempre han tenido “acceso privilegiado”, considera el sociólogo Damián Alifa


El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) desde hace meses está en la onda de la transformación. En abril se hizo una renovación, entre comillas, de la dirección nacional pues 28 dirigentes repitieron en sus cargos. Lo que sí se eliminó fueron las vicepresidencias territoriales, que es visto como un paso para la consolidación de Nicolás Maduro frente a Diosdado Cabello.  

Agosto y septiembre son los meses de las bases. Se escogieron 261.538 nuevos jefes de calle y para el 3 de septiembre le corresponde a las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH). 

También está pendiente la escogencia de los equipos parroquiales, estadales y municipales que, con suerte, en los próximos años pueden ocupar la dirigencia nacional dentro de la tolda. 

El analista político e investigador Alberto Aranguibel señala que todo este proceso de renovación dentro del PSUV, si bien no es excepcional, “es el seguimiento y transformación del partido hacia una mayor inclusión social”. 

Explica que este proceso por el que transita la tolda fue dictado desde los tiempos de Hugo Chávez y está en las bases fundacionales del partido, conocido como “El libro rojo del PSUV”, bajo la necesidad de avanzar de forma más eficaz del trabajo político tradicional hacia un proceso más participativo. El ‘pueblo protagónico’ que tanto mentaba el fallecido expresidente. 

“Esto no es solo por las elecciones de 2024, que evidentemente son importantes porque se escoge al Presidente, sino de cristalizar un logro electoral como parte, no como el centro, de todo el esfuerzo para conquistar el modelo de participación y protagonismo que plantea la revolución”, dice Aranguibel.

Aquí están las estructuras en renovación y los cambios planteados recientemente. Los jefes de calle fueron concebidos como el acompañamiento inmediato a la población, tanto de soluciones a problemas de la comunidad como movilizadores políticos, especialmente en procesos electorales. 

El 20 de agosto la militancia del PSUV escogió 261.538 nuevos jefes de calle. Estaban habilitados para votar a partir de los 16 años

Por ello se les asignaron funciones para la entrega de las cajas o bolsas CLAP, inscripción para el Carnet de la Patria y organización para la compra y entrega del gas doméstico por bombonas. 

Ahora en 2022, los jefes de calle estarán en un ‘equipo de calle’ compuesto además por tres responsables de las áreas de formación, estrategia electoral, comunicación y movilización.

Aranguibel asegura que esto pone de manifiesto el trabajo desde abajo. Destaca que la tolda “está reconociendo las fuerzas emergentes y las bases” y la participación de la juventud, cada vez más en asuntos políticos, es algo “absolutamente innegable”.

Pero el sociólogo Damián Alifa afirma que a este partido lo afecta fundamentalmente su gestión de Gobierno, además “del peso de una crisis económica que está cerca de cumplir una década. Los errores, la ineficiencia, la ausencia de soluciones, las contradicciones entre lo que predican y lo que hacen ha terminado desencantando a muchos chavistas y alejándolos del PSUV. Por eso el intento de renovar y preparar la maquinaria de cara a las elecciones presidenciales”.

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Control, información y captación

El primer vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, explicó que 46.949 comunidades escogerán a sus ‘equipos de calle’. Cada comunidad está constituida por seis calles, donde hubo una participación promedio de 20 personas. 

En total, el PSUV dice tener la información actualizada y números telefónicos de contacto de más de 5 millones 230 mil personas. Damián Alifa dice que la tolda “seguramente” puede tener levantado un registro aún mayor que ese. 

“El Estado cuenta con múltiples registros, incluyendo el Carnet de la Patria y otros instrumentos que permiten tener actualizada la información sobre una buena parte de la población. El partido de gobierno, ha gozado del ‘privilegio’ en el acceso a esta información”, destaca. 

Recuerda además que los registros son, por lo general, herramientas de los partidos políticos para hacer sus actividades básicas, por lo que no necesariamente implican control político. 

“Ahora bien, lo que sí se le debería preguntar al PSUV, por ejemplo, es sobre la relación que pueda tener el «jefe de calle» (estructura partidista) con el CLAP (programa social del Estado). Si el jefe de calle es el destinado a organizar y distribuir el CLAP, pues obviamente, estaríamos ante la presencia de una clara irregularidad”, dice.

La entrega de las cajas y bolsas CLAP está directamente asociada a las estructuras de base del PSUV (UBCH, jefes de calle, Frnete Francisco de Miranda y consejos comunales)

Otra cuestión que planteaba Diosdado Cabello es la inclusión de opositores en las estructuras de base para construir una nueva mayoría y superar “espacios de silencio político”, es decir, aquellas comunidades donde el PSUV no ha podido instalarse políticamente “pero hay chavistas”. 

*Lea también: «Simplificar la estructura», la fórmula de Maduro para que el PSUV reconecte con la gente

Sobre esto, el investigador Alberto Aranguibel dice que incorporar a opositores al chavismo puede sonar “muy mecánico”, debido a que hay una tradición de comportamiento político en el país desde hace 20 años basado en la radicalización. Pero hay un viraje hacia la apertura por parte de la administración Maduro, y por tanto de los sectores de que lo apoyan, a partir de la pandemia de covid-19. 

“Hay que tratar de superar ese concepto del enemigo de la patria, bajo una óptica de superación que tome en cuenta los intereses del país por encima de intereses partidistas (…) Desde las filas del mismo chavismo hay quienes consideran que eso es una entrega de la revolución a la derecha, o una concesión donde se ceden las conquistas del proceso, pero no es así”, menciona.

Además señala que lo que corresponde a todo líder de masas “o que se pretende como tal” es llegar a todos los sectores indiferentes a la política, la nueva vía a la que el PSUV apunta.

Los numeritos, buenos y no tanto, del PSUV

Para 2021, cuando el PSUV llamó a primarias para escoger a sus candidatos a gobernadores, Nicolás Maduro aseguró que la militancia política era de poco más de ocho millones de personas. Sin embargo, en ese proceso solo votaron 3.5 millones, es decir, apenas 17,5% del padrón inscrito. 

Ese no es el único número a la baja: en las elecciones parlamentarias del 2020, el Gran Polo Patriótico —que agrupa al PSUV— obtuvo 4.321.975 votos, poco más de 1.300.000 menos de los obtenidos en las parlamentarias de 2015.

Los datos electorales son muy elocuentes en cuanto a la merma de la base electoral chavista desde el 2012 para acá, explica el sociólogo Damián Alifa. “Hasta los momentos, el PSUV había intentado detener la sangría de votantes, básicamente apelando a la unidad, a la lealtad a Chávez y a un discurso de resistencia”. 

Pero esa estrategia, dice Alifa, “se ha venido agotando y saben que necesitan reconvencer a chavistas descontentos, para volver a recuperar algo de terreno electoral de cara al 2024”.

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Según una encuesta de la empresa Delphos, publicada en mayo de este año, 26,6% de la población se identifica como chavista ya sea “resteado” o no con Nicolás Maduro y un 19,2% votaría por el gobernante venezolano en una elección. Pero solo 20% asegura que tiene simpatía partidista por el PSUV. 

Al ser consultados sobre en manos de quién debería estar el país los números suben un poco más, pues 20,5% dice que debería estar en manos de un chavista. 

En todo caso, tanto Alifa como Aranguibel coinciden en que este partido tiene la base militante más dura de todas las organizaciones del país por, entre otras cosas, su condición de partido de Gobierno. 

“No obstante, es un partido que ha perdido fuerza, no solo a nivel del discurso, también de sus estrategias, en el marco de un país que está cambiando”, dice el sociólogo, quien pone como ejemplo el uso del CLAP en 2016 o 2017 para un porcentaje muy relevante de la sociedad y los cambios actuales debido a la dolarización de facto, aunado al aumento del ingreso en algunos estratos. 

“Entonces, digamos que esas estrategias en el territorio, que antes usaba el PSUV van perdiendo eficiencia y necesitan repensarlas”, insiste.

LUISA QUINTERO

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