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Que manden las primarias, por Gregorio Salazar

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El gobierno interino acaba de desaparecer y de la peor manera. De la peor forma posible y la que menos convenía no solamente al simbolismo y utilización del cargo, sino a la prolongada Asamblea Nacional del 2015, a la oposición organizada y a la sufrida población venezolana como un todo, esa que espera con anhelo una salida del desastre.

Con unas elecciones primarias planteadas para mediados de año, es imaginable que lo más temido está por venir: un zafarrancho de combate entre los dos nuevos polos enfrentados que han surgido de la fractura entre Guaidó secundado por su partido Voluntad Popular y el bloque AD, PJ, UNT y Movimiento Por Venezuela, una lucha fratricida que termine por alejar otros seis años la meta democrática de cambiar a la cabeza del gobierno y al insensato modelo político y económico que convirtió a Venezuela en un infierno.

Los ingredientes de la declaración de Leopoldo López, jefe político de Voluntad Popular y por tanto de Guaidó, no deja lugar a dudas de cuál será por su parte el tenor de la confrontación: lo que ha se ha movido desde el sector de los antiguos aliados en la AN es «control, chantaje y traición».

Difícil recomponer una visión y una ruta de unidad triunfadora cuando desde la AN 2015 se han señalado como causas para sacarle la escalera al interinato el fracaso político y las faltas de orden ético. Por lo general, en el lenguaje político vulgar y silvestre cuando se habla de «ético» no se alude a otra cosa que a corrupción

Pero, como a final de cuentas por todos los indicios ha sido la cercanía de las primarias lo que terminó por precipitar la no reelección de Guaidó en el seno de la AN –lo juzgaban en ventaja por figuración y recursos– debería ser la realización del evento electoral interno el que, en buena lid, definiera al líder y abanderado presidencial de la oposición y, por supuesto, consolidara en torno a él la ruta unitaria que conduzca a la victoria electoral en el 2024.

La argumentación de Leopoldo López hace bastante difícil creer que ahora Voluntad Popular, y por ende Guaidó, participará de las elecciones primarias. Una cosa es competir en ese marco, como lo hizo López en su oportunidad, con aliados férreamente unidos, sin mayor diferencia y/o cuestionamiento entre ellos, en torno a un mismo propósito y otra tener que hacerlo con quienes encarnan «chantaje y traición», según sus propias palabras.

Guaidó ha resultado de su defenestración con mayor apoyo que el que le señalaban las encuestas. Un escenario es que sintiéndose con un mayor capital político Guaidó pudiera intentar la candidatura presidencial, bien sea a través de las primarias o fuera de ese marco. Pero para ello debería lograr las condicione que le abandona su vieja afirmación: «No me voy a prestar para ninguna farsa electoral».

Hay gente convencida, dentro y fuera de los partidos, que al último venezolano al que el régimen estaría dispuesto a aceptarle una participación como candidato electoral sería a Guaidó, a quien le imputa una infinidad de cargos y la autoría intelectual de la nunca bien aclarada y desastrosa Operación Gedeón.

Otros líderes de la oposición, dentro y fuera de Venezuela, han visto la capacidad de catapultarse sobre el embrollo Guaidó-G4. ¿Llegarán al punto de entusiasmarse como para mantener su anuncio de participación en las primarias? Y en este mismo sentido, ¿quién garantiza que a mitad de camino el ahora G-3 no anuncie una candidatura presidencial por consenso?

Las victorias electorales del pasado, principalmente en las parlamentarias del 2015, se lograron sobre la base de la unidad de acción y de propuestas políticas. En un uno para todos y todos para uno. Esa fue la clave movilizadora. Esa visión se ve, al menos por ahora, distante

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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