Home destacados Relegitimarse puede remozar a la oposición, pero no garantiza su reacomodo

Relegitimarse puede remozar a la oposición, pero no garantiza su reacomodo

68
0

En la oposición, la anunciada relegitimación de los partidos pueden dar nuevos aires, pero no necesariamente implica recomponer el mosaico  —«el chiripero»— de los adversarios de Nicolás Maduro. La politóloga Maryhen Jiménez expresa que lo deseable es que, al mismo tiempo, se dé una renovación y que los partidos reajusten su relación bilateral o multilateral con sus pares. Para el investigador Luis Salamanca, en medio de tanta fragmentación, no es fácil atiborrar de tareas a la oposición


Varios partidos de la oposición, tras las elecciones regionales de 2021, ofertaron procesos de relegitimación interna. En el último mes, las organizaciones del G4 (Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo) han anunciado al país algunas acciones que apuntan hacia la revisión interna.

En este contexto, dentro de Avanzada Progresista (AP), también llegó el escrutinio y reformulación doméstica, aspectos que no están exentos de cuestionamientos.

Como quiera que sea, la relegitimación de los partidos de la oposición abre una ventana para una agenda de objetivos prioritarios, que van con retardo a la luz de la lucha para 2024.

En ese contexto, es posible que puedan oxigenarse, pero esto no necesariamente implican reajustar o recomponer el mosaico —«el chiripero»— en el que está inmersa la oposición venezolana.

Dentro del ámbito opositor se mueven una diversidad de actores con un objetivo aparentemente común, pero con diferencias en los mecanismos o en la ruta a seguir para alcanzar la meta política. De esos grupos, en el que varios de los partidos han sufrido el impacto del desmembramiento vía maniobras del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), se deriva lo que el gobernante Nicolás Maduro insiste en llamar «oposiciones».

«El 99% de las oposiciones de Venezuela van a inscribir a sus candidatos. Estoy feliz, porque lo logramos, los sacamos del golpismo. Los derrotamos y los traemos de manera magnánima al escenario político y electoral», dijo Maduro, en 2021, unos meses antes de las elecciones regionales.

«Yo esperaría que la renovación fuese en simultáneo con la reorganización de la oposición. El 2024 está a la vuelta de la esquina, si estamos partiendo de que el grupo opositor desea ganar tiene que agilizar y emprender una división del trabajo, en el seno de cada partido se tiene que acomodar la casa en términos de programa y de liderazgo y, a su vez, esos partidos deben recomponer su relación bilateral o multilateral con los otros partidos opositores», puntualiza Maryhen Jiménez, doctora en Ciencias Políticas de la Universidad de Oxford.

Puntualiza que se trata de tareas pendientes y acumuladas porque el trabajo opositor no se hizo  en su momento.

Un aspecto sobre el que Jiménez llama la atención son las diferencias dentro del seno de la oposición las cuales, señala, obedecen a distintos incentivos. Expresa que un cambio de régimen político es una transición de autoritarismo a democracia.

«Es decir, hay grupos que se dicen opositores, o vamos a decirlo más técnico: no oficialista, y no necesariamente están interesados, ni en la búsqueda de un cambio de las reglas políticas. Entonces, de esos actores hay poco que esperar en términos de estrategias de cambio político», indica Maryhen Jiménez.

Asimismo, la investigadora de la Universidad de Oxford afirma que hay otros actores opositores que son más maximalistas, y creen es en el colapso, vía intervención. Sobre este grupo, señala que no necesariamente está invirtiendo en una estrategia realista, viable, en el corto plazo.

Sin embargo, Maryhen Jiménez refiere que esos grupos sí están invirtiendo mucho en la formación ideológica, en la formación de sus bases y, sobre todo, en el trabajo internacional para, quizás, capitalizar en ese campo que era de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ahora el G4, el gobierno interino o la Plataforma Unitaria.

«Quedan esos actores de la oposición que están interesados en un cambio político, pero, a su vez, tienen diferentes incentivos. Unos porque están en la estructura del gobierno interino y eso genera también una serie de incentivos para mantener el statu quo, visto que no funcionó el colapso del gobierno de Maduro», subraya.

El mosaico de la oposición

El politólogo e investigador Luis Salamanca señala que en el mundo opositor venezolano ha habido una continua tendencia a la fragmentación, a la confrontación interna, a los choques. En ese contexto, destaca que persisten las rencillas internas por distintas razones, nunca ideológicas.

«La relegitimación es una manera de decir vamos a parar esa tendencia nefasta’, vamos a tratar de ver cómo trabajamos, cómo juntamos esos pedazos que van quedando por ahí, ver cómo se pueden reconstituir para iniciar la construcción de una estrategia de cara al año 2024, esboza Salamanca.

Enfatiza que la oposición debe estar alerta ante «las sorpresas de carácter militaroide a las que nos tiene acostumbrado el régimen». Añade que la última de estas sorpresas revolucionarias fue el bloqueo al camino del referendo revocatorio de este año.

Salamanca sostiene que, en principio, la relegitimación de los partidos de oposición puede ser una oportunidad para recomponer a la oposición.

Sin embargo, pide no olvidar que buena parte de la situación de las organizaciones opositoras se debe a la injerencia del gobierno, del régimen, en la vida interna de esos partidos para dividirlos primero, para ilegalizarlas después y quitarles los símbolos y las tarjetas y dárselas a facciones minoritarias y bastante afines al gobierno.

«El chiripero existe desde siempre, es una sopa de letras, un gigantesco archipiélago, allí hay que tomar en cuenta que hay sectores más fuertes que otros y con más tradición. Por eso es que los del G4, aunque la gente lo critique, son los partidos de mayor impacto y representación en la comunidad, o eran, hasta 2015», subraya Luis Salamanca.

En aras del debate planteado para este análisis de TalCual, el politólogo indica que en la situación actual de los partidos opositores, en medio de tanta fragmentación, tanta injerencia despedazadora por parte del gobierno, no es fácil pedirles que no solamente se relegitimen y que renueven las autoridades.

«Esto último es una de las cosas más difíciles porque los partidos son organizaciones que tienden a la estabilidad del liderazgo inicial. De hecho, según el estudio de Robert Michels, los dirigentes de los partidos tienden a convertirse en una oligarquía interna de la organización. Son dirigentes que tienen tiempo dedicándose al control de los partidos», advierte.

Salamanca añade que, en el caso actual de los partidos opositores, la situación es dramática porque son grupos picados en varios pedazos.

Por ejemplo, ataja, Henry Ramos Allup tiene sociológicamente al partido Acción Democrática (AD), pero no lo tiene legalmente.

En el análisis sobre el estatus de los partidos opositores, el politólogo indica que la renovación interna, al mismo tiempo, distraerá a la oposición del objetivo fundamental que es llegar al 2024 con una estrategia unitaria.

«La renovación no se decreta. Por ejemplo, ¿cómo hará Acción Democrática para recuperar el partido? En la relegitimación pueden aparecer cuadros renovadores», indica.

Sobre la recomposición del mosaico, de la diversidad opositora, recuerda que el expresidente Rafael Caldera utilizó la imagen del «chiripero», en 1993, para impulsar al conjunto de partidos que apoyaron su candidatura, hacia el triunfo.

El meollo de la oposición

La politóloga Maryhren Jiménez explica que, en teoría, un proceso de reorganización interna pudiera dar oxígeno,  ayudar a la oposición venezolana, y permitir vencer la apatía que existe con la política, además de recuperar la necesaria credibilidad.

«Así como tiene que haber una estrategia para el ámbito de la lucha democrática a nivel nacional (como lo tiene que ver a nivel regional y local), también esperaríamos que los partidos tengan un plan de cómo llevar a cabo esa democratización y, sobre todo, comunicar a la población qué implicaría ese proceso», puntualiza.

En el escenario de la recuperación del liderazgo opositor, Jiménez pone sobre el tapete varios puntos. Subraya que Venezuela es un país altamente personalista donde las instituciones se han erosionado a lo largo de los últimos 23 años.

Además, esboza la politóloga, Venezuela ha sido, y siendo un país de quien y no de que. En ese escenario, sostiene, se esperaría un proceso de democratización, pero también de institucionalización de los partidos.

«Es decir, que esperaríamos que este proceso viniera acompañado de una reformulación de estatutos, de reglamentos internos, todos aquellos mecanismos que puedan ayudar a los partidos de oposición a institucionalizarse y, a la vez, a democratizarse. Si, por el contrario, lo que vemos son algunos cambios de figura y no cambios profundos en el modus operandi de la política partidista, poco se habrá hecho. Quizás más bien pudiera existir incluso un efectivo negativo porque sería esperar más de lo mismo», advierte.

Los partidos opositores han indicado, inicialmente en el discurso, que hay una revisión doméstica que aseguran está bien encaminada.

Primero Justicia (PJ), el 22 de de febrero, informó que en las próximas semanas iniciará un proceso de legitimación de cargos de conducción interna. Juan Miguel Matheus señaló que este proceso se ejecutará de conformidad con la institucionalidad, estatutos y reglamentos de la organización opositora.

Los justicieros aspiran a que ese proceso apunte hacia la modernización del partido. En ese orden, en PJ dicen que trabajarán en el fortalecimiento de los liderazgos. En este caso esperan presentar un líder para las eventuales primarias opositores, al tiempo que saldrán a la calle a implementar programas permanentes de formación cívica y acción social.

Por su parte, el secretario nacional de organización de AD Carlos Prosperi, señaló, el 23 de febrero, que dentro del partido «siempre hemos manifestado la necesidad de que las autoridades se estén relegitimando».

Prosperi informa, a través de sus redes sociales, sobre las giras que realiza por todo el país para la reorganización adeca.

Sin embargo, el dirigente ha sido claro en enfatizar que el ala de AD que conduce Henry Ramos Allup no ha conversado con Bernabé Gutiérrez, a quien el TSJ entregó la organización hace dos años. «Con ese lado que tienen el partido secuestrado no habrá ningún tipo de encuentro», subrayó.

A Voluntad Popular le tocó salir al paso luego de que, el 19 de febrero, un grupo de activistas pertenecientes a la estructura en el municipio Libertador, abandonó la organización bajo el argumento de ausencia de democracia interna.

Sin embargo, la dirigencia del partido fundado por Leopoldo López ripostó que la estampida de los activistas se produjo cuando la organización, a partir el 26 de enero, inició un proceso de revisión, reestructuración y legitimación «de nuestros líderes en todos los niveles de este partido, y contará con la participación de todos los activistas de esta organización política». Esta tarea se adelanta mediante una comisión que dirige Freddy Superlano.

El politólogo Luis Salamanca expresa que en el caso de Avanzada Progresista (AP), por ejemplo, si van a la renovación, la posibilidad es que salgan fracturados.

«Se ve una división entre los que están con Henri Falcón, presidente del partido, y los que están con el secretario general Luis Augusto Romero. Una renovación puede traer más problemas, esto para aquellos que creen se trata de una varita mágica», destaca.

Puntualiza que saturar de asignaciones a la oposición, a la postre, va a generar más problemas y a alejarse del objetivo fundamental. «El tiempo político se consume más rápidamente», resalta.

Henri Falcón, líder y fundador del partido Avanzada Progresista (AP), informó el 19 de febrero que el partido opositor asumirá una ruta para «convocar Asamblea Nacional, revisión estatutaria, renovación y elección de Dirección Nacional y ratificación de los equipos estadales»

Por su parte, el secretario general de AP Luis Augusto Romero, en carta enviada al vicepresidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Enrique Márquez, pidió desconoce a una fracción del partido encabezada por Oswaldo Rojas y Juan José Molina.

Según Romero, estos dirigentes estarían buscando autorizar a Henri Falcón para realizar una asamblea del partido sin el consentimiento del Comité Ejecutivo Nacional.

Revisión opositora institucional

En su lectura sobre los procesos a lo interno de los partidos opositores, la politóloga Maryhen Jiménez apunta que la renovación de liderazgos debe venir acompañado de una revisión institucional. Sin embargo, desde su punto de vista es más importante la renovación programática que debe ocurrir en el seno de la oposición.

Añade que, pese a todas las dificultades dentro de un contexto no democrático, algunos partidos tienen algún tipo de formación de liderazgo, están aprovechando espacios virtuales.

«A lo que voy es cuál es la identidad de cada partido y cuál es la identidad programática de la oposición democrática en su conjunto. Eso no está claro, como tampoco lo está cuáles valores, cuáles programas la guían, cómo y por qué toman decisiones», explica.

Al mismo tiempo, sentencia, los partidos de oposición han abandonado el campo de la formación programática. En contraste, «tenemos a un gobierno altamente ideologizado. Es destructivo y autoritario, sí, pero también es ideologizado».

Sobre la revisión ideológica en el ámbito opositor, el politólogo Luis Salamanca es tajante al indicar que «la ideología está suspendida en Venezuela tanto por el lado del gobierno como de la oposición, aquí no hay discusión ideológica, hay vacíos ideológicos. Lo que hay es una lucha de unos por permanecer en el poder y de otros por sacarlos».

En el escenario actual, no se vislumbra tampoco que la relegitimación de los partidos opositores abra las puertas para cambios en el sistema de partidos en Venezuela, o que haya algún viso de regreso a lo que se tenía antes de la llegada del chavismo al país.

«El sistema de partidos más importante que ha tenido el país —que fue construido entre la década de los 40 del siglo XX y  en los 40 años de democracia— ya está desaparecido. Es un sistema que desapareció por la derrota electoral de 1998 y por el cierre del Congreso de la República (bicameral) por parte de Hugo Chávez, que acabó con la mayoría parlamentaria que había en ese momento», señala Luis Salamanca.

Expresa que, tras las divisiones que se comenzaron a producir dentro de los partidos opositores, el chavismo logró mayoría en la Asamblea Nacional (AN) y esa mayoría después fue profundizada con la abstención del 2005 por parte de los opositores, entregándole todo el campo institucional del Parlamento al chavismo, el cual, desde allí, tomó el control de todo el Estado.

El politólogo e investigador agrega que, aunque después vino la recuperación de la estrategia política electoral, que logró el triunfo opositor en el referendo constitucional de 2007 y la victoria en las parlamentarias de 2015, la situación actual encuentra a los partidos dispersos en varias raciones.

«En Venezuela lo que tenemos ahorita y se está construyendo es un sistema hegemónico de partidos, un sistema donde hay un partido principal, en este caso el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Es hegemónico no porque tenga representación política en la sociedad, sino porque por ventajismo —por el desmembramiento de otros partidos, por la intervención jurídica de los demás— logra ser el primer partido».

Por su parte, Maryhen Jiménez opina que construir un sistema político democrático va a ser muy complicado, dada la alta fragmentación de los partidos, y en la cual la minoría más organizada, el PSUV es quien tiene el control de todas las instituciones.

«La oposición entre sí también está muy fragmentada, a menos que vayamos hacia un sistema en el que la oposición logre crear un movimiento como lo hicieron los chilenos, la llamada Concertación que, en efecto, se mantuvo unida. En ese sentido, si existe una recomposición a futuro, bueno, pudiéramos pensar que puede reforzarse la lógica de dos bloques, por un lado, el PSUV y por otro lado la alternativa democrática», señala.

En Chile, luego del triunfo del triunfo del No en el plebiscito de 1988 contra el dictador Augusto Pinochet, la Concertación de Partidos pasó a llamarse Concertación de Partidos por la Democracia. Estuvo conformada por el Partido Demócrata Cristiano (DC), el Partido Socialista, el Partido por la Democracia (PPD) y el Partido Radical Social Demócrata. En 1989,  el candidato de la Concertación, Patricio Aylwin (DC) ganó la Presidencia.

Maryhen Jiménez destaca que la alternativa democrática ya se fracturó y hay otros actores, como por ejemplo, Fuerza Vecinal y otros de la Alianza Democrática. «No sabemos qué rol van a jugar y si van a seguir siendo capaces de quitarles votos a lo que antes fue la MUD».

Fuerza Vecinal alcaldes MUD

Desde su punto de vista, el nuevo sistema político, si Venezuela va a ir eventualmente a un proceso de democratización, tiene que pasar a un proceso de negociación sobre las nuevas reglas de juego. Esto pasar por asentar, por escrito, las reglas de convivencia.

«Ojalá sea para generar incentivos institucionales para la cooperación y también para desmontar todo el centralismo que está enfocado en la figura del Presidente. Es decir, promover desde las negociaciones políticas un sistema más plural, pero, sobre todo, que sea contra mayoritario, que vaya hacia la descentralización del poder, impulsar todos los mecanismos de rendición de cuentas y, de esa forma, tratar de redistribuir el poder en múltiples actores y que eso, a su vez, pueda generar nuevos incentivos para una coexistencia», sustenta.

Lo que no está claro, indica la politóloga es cómo va a hacer esa coexistencia. «Si va a ser entre dos polos, entre tres o entre cuatros, depende mucho de cómo logren las oposiciones recomponer su propio campo», concluye.

Opositores en las regiones

La recomposición de los partidos opositores en el país puede sopesar varios caminos. ¿Es posible conformar un sistema de partidos regionales federados, unidos nacionalmente alrededor de un programa e ideología, como en Alemania?

Sobre esto, Maryhen Jiménez, investigadora de la Universidad de Oxford, esboza que la interrogante en Venezuela resulta distinta porque los partidos se forman y se fortalecen, o debilitan, en un contexto que ya no es democrático.

«Los partidos políticos normalmente surgen en torno a una figura o, por ejemplo, surgen de regiones porque algún tema muy importante ocurre allí. Hoy en día sabemos que los partidos surgen de temas muy específicos como, por ejemplo, el partido verde en Alemania, por la preocupación por el cambio climático, en el siglo pasado», refiere.

En el caso de Un Nuevo Tiempo (UNT), presidido por el gobernador del Zulia, Manuel Rosales, la situación es calificada por Jiménez como interesante. Recuerda que el partido viene de una escisión de AD, creció dentro de una región y se nacionalizó como partido, pero, ahora, vuelve a la región por diversos factores.

«Por un lado, el tema de la represión, del autoritarismo, pero también por el debilitamiento macro opositor. ¿Dónde está la clave? Que el Zulia sigue siendo siendo un bastión, o vuelve a ser quizás, lo que fue en el pasado democrático en la región, que pase ese mismo partido por un proceso de aprendizaje de lo que significó precisamente crecer, decrecer y ahora volver a crecer», puntualiza la investigadora.

El 21 de febrero, el secretario de organización nacional de UNT Angelo Palmieri anunció el inicio del proceso de relegitimación de autoridades de la organización.

Según Jiménez, no desestima que, desde el Zulia, se pueda generar un nuevo movimiento que puede tener un efecto dominó sobre otros estados. Al mismo tiempo, puntualiza, están los otros estados donde ganó la oposición con liderazgos de AD.

«¿Cómo es posible que se impongan los liderazgos de los adecos más experimentados? Esto no necesariamente significa que vayan a ser los mejores. Allí hay una experiencia acumulada y más bien lo que yo creo puede ser enfoque, desde esas regiones, desde los municipios, fortalecer esa democratización», indica.

Maryhen Jiménez destaca que no puede perderse el foco de mensaje enviado desde las regiones. Subraya que estos ámbitos pueden servir a la dirigencia opositora para desplegar el trabajo político y regenerar los vínculos entre la sociedad y el partido, regenerar la relación Estado –sociedad.

«La segunda mejor opción de los partidos regionales es precisamente enfocarse en ese trabajo de democratización desde las estructuras del Estado que, ahora, con algunas limitaciones, llegan a ejercer», finaliza.


Sofía Neder

TAL CUAL

Previous articleKiev, una capital engullida por la guerra
Next articlePJ dice que celebración de primarias es un clamor y anuncia legitimación interna

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here