El cineasta adelanta el estreno de ‘Padre no hay más que uno 2’, continuación del filme español más taquillero de 2019, para intentar rescatar a las salas, vacías tras el confinamiento

TOMMASO KOCH

Toda la familia se iba para la playa, salvo papá. “¿No vas a venir?”, le preguntó una de sus hijas a Santiago Segura, antes de marcharse con su hermana y su madre. El director le explicó que por desgracia no podía, que debía quedarse trabajando en Madrid. Aunque verla tan inquieta, en el fondo, le gustó. Ante el clima infernal de la ciudad, al menos tenía una refrescante certeza: su pequeña le echaría de menos. Apenas duró, sin embargo, unos segundos. El creador esperaba a continuación alguna frase cariñosa, tal vez dolida, pero no oyó nada de eso. Tan solo:

—Ni se te ocurra entrar en mi cuarto.

Cosas que suceden, incluso en los mejores hogares. Bien lo sabe el cineasta (Madrid, 55 años), que ha vuelto a rodar una película sobre el oficio más bello y complejo del mundo: ser padres. Puede que su hija sepa sobrellevar la ausencia de Segura estos días, pero hay cientos de personas que no pueden renunciar a él. Una industria entera le agradece que no fuera a la playa y se quedara. Y aguarda ansiosa ante el destino del director. Porque su nueva comedia, Padre no hay más que uno 2. La llegada de la suegra, es la esperanza de exhibidores y distribuidores para resucitar a las salas y salvar la taquilla del verano. O incluso la del año.

Mientras superproducciones como Tenet o Mulán aplazan su lanzamiento por la incertidumbre, Segura se la juega a lo contrario: del 7 de agosto, lo adelanta a este miércoles, 29 de julio. Ante la pandemia y los cines vacíos, todo un órdago, aunque con bases sólidas: la primera entrega fue el filme nacional más taquillero del año pasado, con 2,5 millones de entradas vendidas.

En foto, una imagen de la película ‘Padre no hay más que uno 2’. En vídeo, tráiler oficial de la película ‘Padre no hay más que uno 2’.FOTO Y VÍDEO: SONY PICTURES

De ahí que muchos le pidan ser el mesías que saque al cine español del desierto. “Es un poco incómodo, supone mucha responsabilidad. Mi mujer me dijo que podría esperar. Hay gente que piensa que es una locura. Nadie me ha metido prisa, pero el cine me ha dado mucho y ahora yo puedo darle algo. Normalmente, sería un éxito, pero en este contexto no existen garantías. Aún así, las salas necesitan películas nuevas. Y devolverle la confianza a la gente, mostrar que son seguras. Me cuesta dormir por las noches, no sé cuánto público va a ir. Pero estoy convencido de que, si sale bien, otros filmes pueden animarse”, argumenta Segura. Y confía en el boca a boca: “Que la gente vaya compartiendo que se lo pasó bien con el filme. Y también en la sala”.

Los datos, desde luego, son para quitar el sueño. El 65% de cines que se encuentra abierto vendió 141.590 entradas entre el viernes 17 y el domingo 19 de julio, último dato del Ministerio de Cultura y Deporte. Por comparar, el fin de semana anterior a la aprobación del estado de alarma, del 6 al 8 de marzo, se registraron 914.514 espectadores. Por un lado, la asistencia tras la reapertura crece despacio, de semana en semana. Por otro, Segura subraya que decisiones como la de la Generalitat de cerrar los cines ante los rebrotes no ayudan. Mientras se dirime la apertura de las salas en Cataluña, el creador defiende que “hay mucho más peligro real en una barbacoa”. Y promete que no le molesta que ese mismo sector que a menudo ha criticado su obra ahora le pida socorro. “No creo que mi trabajo sea tan importante. Lo es igual que cualquier otra profesión bien hecha, cuenta el compromiso contigo mismo. Somos entretenedores, lo que hacemos no es trascendente”, aclara. Para reforzar el concepto, el filme está dedicado al personal sanitario.

 

En tiempos de amargura, eso sí, Segura quiere regalar risas a todos: abuelos, padres e hijos. Así, junto con la coguionista, Marta González de la Vega, mezcla tópicos y anécdotas reales, caídas y situaciones absurdas, para confeccionar una obra del gusto de cualquiera. Vuelve, pues, la fórmula de la primera entrega: contar con humor las torpezas de un padre que aprende a serlo. Porque Javier, al que interpreta Segura, descubre al fin lo que supone criar a cinco hijos. Es decir, aquel pan cotidiano de alegrías y cargas que solo vivía su mujer. El filme original enamoró a los espectadores, aunque recibió reseñas irregulares. Generó algún aplauso, muchas sonrisas a medias, pero también dejó rostros muy serios. La crítica que más contrarió a Segura sostenía que el filme denunciaba solo presuntamente el patriarcado para, de alguna forma, legitimarlo. “No se puede malinterpretar más la película. Aunque no puedo gustarles a todos”, afirma.

Con la aprobación del público, insiste, ya tiene de sobra. Aquel chico que montó su primer corto con 50 euros y ganó tres Goya en los noventa —por el corto Perturbado, su papel en El día de la bestia y la dirección novel del primer Torrente—, hoy tiene más “dolor en los huesos” pero los hombros anchos de experiencias. En lugar de abrazar la polémica, admite que se ha vuelto más comedido.

¿Como su cine? “Ojalá que no. Pero creo que antes la gente estaba más abierta al diálogo. Me gusta que me corrijan si me equivoco, pero no que me insulten”. “Llamarme ‘comercial’ es como decirme ‘guapo’. Me parece lo más bonito del mundo. Lo que hago es lo que quiero. Si ganara la Palma de Oro en Cannes con un largo que no viera nadie, tendría depresión. Un proyecto personal que solo me interese a mí es la antítesis del cine”, agrega Segura. Confiesa, eso sí, su pasión por los musicales. Y concede que tal vez algún día ruede uno. Mientras tanto, para su personal regreso al cine como espectador, lo tuvo claro. Fue con sus hijas a ver uno de sus filmes favoritos: Cantando bajo la lluvia.

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