Para el abogado laborista Alfredo Padilla, la imagen de Teodoro Petkoff se puede describir como una persona que hablaba fuerte, pero que se resumía en un defensor de la ruta política


El 31 de octubre se cumplieron dos años de la muerte de Teodoro Petkoff y este jueves cinco de noviembre nos reunimos para recordarlo y celebrar, una vez más, su vida y la oportunidad de formar parte de uno de sus proyectos más apreciados: TalCual. En un conversatorio que contó con la participación de Irene Petkoff, Alonso Moleiro, Maritza Izaguirre, Alfredo Padilla y nuestro director Xabier Coscojuela se rememoraron anécdotas políticas y personales de un hombre que marcó un antes y un después en la política y periodismo venezolano.

Conocer a su padre a los ocho años marcó un antes y un después para Irene Petkoff, fue en ese momento y después de haber regresado de Europa que comenzó a recolectar recuerdos junto a él. «Debo decir que conocí a mi papa a partir de los ocho años, luego de haber regresado de Europa. Antes de ello, tenía pocos recuerdos de él porque mi papá estuvo preso».

En este sentido, destacó que Beatriz, la esposa de su padre, lo llevó a conocerlo mientras estaba preso en la Isla del Burro, «allí me encontré con él. Antes de ese momento solo conocía a mi padre por recortes de prensa que mi mamá guardaba y me enseñaba».

Fue allí cuando comenzó a generarse una relación familiar. «Llegó a la casa un hombre de tez morena, ojos pardos y bigote oscuro. Fue mi segundo encuentro, mantuvimos una conversación tierna, a los ocho años me reveló que él no creía en Dios, algo que a esa edad te pone a pensar».

De allí en adelante vino mucha complicidad y mucha confrontación porque yo milité en la anti política. Fueron años de la adolescencia donde compartimos cosas de aventuras: ir a la playa y viajes. Fue una relación donde primó mucho la aventura y la recreación en la naturaleza y otros espacios abiertos».

Como una «educación silenciosa», describe Irene Petkoff el legado que su padre le dejó al señalar que desde sus discursos logró sembrar en ella muchos de los valores que hoy en día defiende y que tienen que ver con la política y la justicia. «Admiro su valentina. Fue un hombre que siempre dijo lo que pensaba. Él se ganó ese espacio en la historia. Solo los hombres que dicen lo que piensan pasan realmente a la historia, es ese el gran legado de mi papá«.

Un hombre que no guardaba rencores 

Para el abogado laborista Alfredo Padilla, la imagen de Teodoro Petkoff se puede describir como una persona que hablaba fuerte, pero que se resumía en un defensor de la ruta política. «Teodoro fue un dirigente que nunca manejó el resentimiento. Entre los años 77 y 78 recuerdo que estábamos en desacuerdo electoral y lo derrotamos y el jamás guardó resentimiento».

Padilla señaló que en la lucha interna del Partido Comunista, logró compartir con Teodoro una alianza interna para crear otro partido. «Él tuvo la inteligencia de saber esperar para que se sumaran a esto nuevo que ofrecíamos. Cuando fue candidato en el 83, fue uno difícil de vender. Fue muy sincero, era dialogante y por eso tuvo un éxito espectacular».

Hablar con sus adversarios políticos nunca fue un problema para Teodoro Petkoff, aseguró Padilla. Destacó que nunca utilizó sus candidaturas como algo para «echarse bomba» sino para retomar la ruta electoral. «En 2006 fue candidato porque se lo rogamos, luego renunció a favor de Manuel Rosales y me dijo: «Yo no voy a ir a Radio Rochela, yo no voy a nada de eso».

Padilla fue el primero en enterarse de esa renuncia, «me lo dijo a mí de primero con estas palabras: ‘Leí una encuesta que dice que al tipo que más le tienen arrechera en Venezuela después de Fidel Castro en Venezuela es Teodoro Petkoff».

TalCual es una escuela que dejó Teodoro

Para el periodista Alonso Moleiro, Teodoro fue una persona que ayudó al país a llegar donde no hubieran llegado. Señaló que se convirtió poco a poco en una referencia personal, «lo fui conociendo ya de adulto a finales de los 90 cuando le hice varias entrevistas y luego en TalCual«.

Un poco irritable y de paciencia corta, pero con una profunda inteligencia y agudeza describió Moleiro a Teodoro Petkoff, «fuimos grandes amigos, con él tuve mi propio camino. Era una persona de una enorme integridad, entre lo que se dice, se hace y se piensa. Además con el paso del tiempo fue muy pletórico en el debate político, por eso fue un tipo muy admirado».

Para el periodista Moleiro, la obra de Petkoff es un reconstrucción de lo que es la dictadura del comunismo hecha desde dentro. «Teodoro siempre estuvo claro que su pensamiento político tuvo muchos méritos y una gran influencia en los intelectuales y periodistas. Es de los grandes y sobresalientes del siglo XX«. Enfatizó que en este momento en particular hace falta en el país un hombre como él, con aplomo, virtud que tuvo hasta sus últimos años.

Era impresionante el impulso, el coraje y la vitalidad que emanaba y lo increíblemente joven que se veía en relación a su edad, luego ya entraron sus últimos años, pero en lo que a pensamiento político refiere demostró que no siempre debes ser popular para ser recordado. Su muerte fue reseñada por importantes medios nacionales e internacionales».

TalCual es una escuela que dejó Teodoro indicó Moleiro, «una especie de milagro para reinventarse, un apasionante terreno fértil para influir en los tableros. TalCual fue un ejemplo de mantener la palabra en la sensibilidad ante todos los temas humanos».

TAL CUAL

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