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Todos con Barinas, por Gregorio Salazar

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Durante 22 años Barinas ha sido coto privado para uso y disfrute particular de la familia Chávez, suerte de herencia dinástica y a perpetuidad por el sólo hecho de ser el estado natal del iniciador del llamado “proyecto bolivariano”, devenido régimen autocrático, Hugo Chávez Frías.

En esa onda delirantemente populista, patriotera y joropera con la que Chávez zapateó a placer sobre el país hasta la hora de su muerte no fue difícil imponer como gobernador primeramente a su padre y sucesivamente a dos de sus hermanos. Por su antojo, por su capricho, porque sí…

Por la mente del septuagenario maestro Hugo de Los Reyes, en ese entonces ya jubilado como docente de primaria y sin las descomunales agallas políticas del hijo, jamás hubiera pasado por su mente ser el mandatario regional de su estado. Nunca se lo propuso ni estaba para esos trotes. Además sólo se trataba de prestar su nombre porque en realidad el poder iba a ser ejercido por el secretario de gobierno, Argenis Chávez, el “toñeco” de la pareja Chávez Frías. Carta “política” de indudable valor…

Esa línea de sucesión se ha mantenido inalterable, al mejor estilo de las casas reales europeas, sólo que con proporcional lujo y ostentación a la llanera. Después de tres, sí tres, elecciones del padre, vino Adán, el hijo mayor, y después Argenis con quien la dinastía del caudillo sufrió un aparatoso revés el pasado 21 de noviembre.

Tal descalabro se produjo a pesar de lo que para la oposición se presentaba como el colmo de la combinación fatal: el consabido y avasallador ventajismo oficialista, la división del voto opositor y el vehemente y extendido llamado a la abstención de los propios sectores que enfrentan al régimen. ¿Hasta cuándo?

La presencia en el Consejo Nacional Electoral de dos rectores, Roberto Picón y Enrique Márquez, no dóciles, ni serviles ni colaboracionistas con el régimen (¿cuándo lo irá a entender el grueso de la oposición venezolana?), permitió conocer a ciencia cierta el resultado electoral, cuya totalización fue suspendida por el TSJ oficialista: apenas 130 votos dieron una histórica victoria al abanderado opositor Freddy Superlano, a la postre despojado del cargo que ganó en buena lid.

El chavismo no pudo retener por sexta vez la gobernación de Barinas y si este domingo los barineses están yendo nuevamente a las urnas es por la contumaz negativa de los sargentones de Chávez, encabezados por Maduro y Cabello, a reconocer la voluntad soberana de los electores, como ha ocurrido en otras oportunidades y en otras consultas de elección popular o refrendarias.

Porque la abstención opositora será muchísimo menor, porque los movimientos de la organizaciones regionales han convergido hacia la candidatura de Sergio Garrido, escapado de la orgía inhabilitadora del chavismo, porque el oficialismo perdió todas las oportunidades que tuvo de demostrar su interés en transformar y desarrollar a Barinas y de cambiar las condiciones de vida de sus habitantes, la oposición debería ganar con una ventaja holgada la elección de este domingo.

Por supuesto, eso no agotará la capacidad de desconocer y de deshacer del régimen una vez reciba este nuevo revolcón. Pero para la oposición “primero es lo primero” y ello es encajarle una nueva derrota a los destructores de Venezuela y su futuro.

Que triunfe el pueblo barines y que Barinas surja como ejemplo de lucha. Que su victoria enseñe el camino de unidad y trabajo que es posible recorrer para reconquistar la democracia en Venezuela. Barinas es un símbolo. Una victoria de los barineses volverá a cubrir de vergüenza a un régimen que hoy impúdicamente se restea con los bodegones mientras mantiene a la juventud sin universidades. La Barinas democrática merece la victoria y sus hijos se la darán con un voto decidido y entusiasta. Estamos con Barinas.

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

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