El presidente sorprende a su Administración y coloca a los republicanos ante la disyuntiva de reiterar su fidelidad hacia el mandatario saliente o alinearse con sus líderes en el Capitolio

El final de año en Washington está siendo tan convulso como corresponde a un 2020 excepcional. El coronavirus golpea en Estados Unidos con más virulencia que nunca; los ciudadanos sufren el deterioro de una economía cuyos atisbos estivales de recuperación se ven dramáticamente truncados por la pandemia; la complejísima campaña de vacunación aporta el único esbozo de optimismo a unas Administraciones estatales, con las arcas vacías por el frenazo económico producto de la lucha contra el virus, que se asoman al colapso financiero. Además, las segundas vueltas de las elecciones por los dos senadores de Georgia, que decidirán la mayoría en la Cámara alta del Capitolio el 5 de enero, llenan de incertidumbre el campo de maniobra de la Administración del presidente electo, Joe Biden, que va tomando forma, revelando los colosales desafíos que la aguardan.

Y, sobrevolándolo todo, un mandatario saliente, Donald Trump, empeñado en enfangar lo posible con su insólita y ya agonizante batalla por revertir su derrota electoral, enfrentado ya incluso a su partido, mayormente ausente de la agenda política, en la que irrumpe sorpresivamente de cuando en cuando soltando bombas. Como la que arrojó el martes por la noche en medio de un Capitolio que acababa de sellar un histórico acuerdo sorteando el cierre gubernamental. El presidente Trump, que debe firmar la legislación aprobada el lunes en el Congreso, un macroproyecto de ley de 5.593 páginas que contempla 900.000 millones de dólares en ayudas urgentes a familias y empresas golpeadas por los efectos de la crisis sanitaria, insinuó el martes por la noche que se resistirá a hacerlo, pues la considera una “vergüenza”.

En un breve vídeo difundido por Twitter, tras permanecer apartado de las frenéticas negociaciones, Trump pidió a los legisladores que eleven de 600 a 2.000 dólares la cuantía “ridículamente baja” de los cheques que el proyecto de ley contempla que reciba la mayoría de adultos estadounidenses. Atacó también el presidente otra serie de medidas contenidas en la legislación. Los congresistas habían decidido, para agilizar la tramitación parlamentaria del rescate, combinarlo con un más amplio plan para financiar al Gobierno y al Ejército durante el próximo curso. Entregaban así al presidente electo Joe Biden un horizonte económico de cierta estabilidad cuando llegue a la Casa Blanca el 20 de enero, con una inyección de fondos federales que ascendía, en total, a un histórico montante de 2,3 billones de dólares, y que incluye partidas de ayuda internacional y dotación de fondos a instituciones federales, que el presidente tachó de “un derroche innecesario”.

“Se llama ley de alivio para la covid, pero no tiene casi nada que ver con la covid”, dijo el presidente. “El Congreso encontró mucho dinero para países extranjeros, grupos de lobby e intereses especiales mientras envía lo mínimo al pueblo estadounidense”, añadió.

La líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, no tardó en recoger el guante, recordando que los demócratas pelearon hasta el final por elevar la cuantía de los cheques que se envíen a los ciudadanos y que, en el acuerdo final, se establecieron en un montante de 600 dólares, la mitad del valor de los distribuidos en primavera. “Los republicanos se negaron reiteradamente a decir qué montante quería el presidente para los cheques. Por fin, el presidente ha aceptado que sea de 2.000 dólares. Los demócratas estamos preparados para llevar esto al Congreso esta semana y que reciba un consentimiento unánime. ¡Hagámoslo!”, dijo Pelosi en Twitter el martes. ”Señor presidente, ¡firme la ley para mantener al Gobierno funcionando! ¡Urja a McConnell y a McCarthy [líderes republicanos en el Congreso] a ponerse de acuerdo con la solicitud de consentimiento unánime de los demócratas para los pagos directos de 2.000 dólares! ¡Esto puede hacerse antes de Nochebuena!”, insistió este miércoles.

Entre los republicanos, y entre los altos cargos de la propia Administración Trump, la jugada del presidente pilló por sorpresa. La amenaza de bloqueo coloca a los legisladores conservadores ante un dilema, el último de los muchos a los que se han enfrentado en estos cuatro años de una presidencia extraordinaria. Deben elegir si se alinean con sus líderes en el Congreso o si entran de nuevo en el redil marcado por Trump que, en esta ocasión, paradójicamente, les coloca codo con codo con los miembros más progresistas del Capitolio.

El golpe fue particularmente duro para el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que celebraba el mismo martes el acuerdo alcanzado y agradecía a Trump su liderazgo, horas antes de que este lo hiciera saltar todo por los aires. “Estamos completamente comprometidos a asegurar que los estadounidenses que trabajan duro reciban esta ayuda vital lo antes posible y a fortalecer nuestra recuperación económica”, decía Mnuchin en un comunicado.

El detalle de la ley, fruto de un raro consenso bipartidista y de las prisas para actuar antes de la Navidad, no satisfizo plenamente a nadie y cosechó críticas a derecha e izquierda. Pero la legislación se aprobó con unos márgenes suficientemente amplios (359 a 53 votos en la Cámara baja y 92 a seis en el Senado, de mayoría republicana) para revertir fácilmente un eventual veto del presidente, aunque este se ha cuidado de no decir expresamente si está dispuesto a bloquearlo.

Entre las explicaciones al órdago de Trump que se manejan en la Administración está el posible malestar por no haber podido capitalizar el éxito de las negociaciones. También la posibilidad de que la llamada a elevar los pagos directos a los ciudadanos constituya un último gesto hacia una base electoral que el aún presidente sigue alimentando, mientras baraja opciones para su futuro político y, al menos de cara a la galería, no descarta seguir en el poder por un nuevo mandato. “Pido también al Congreso que se deshaga inmediatamente de los elementos derrochadores e innecesarios de esta legislación y que me envíe un proyecto de ley apropiado, o si no la próxima Administración tendrá que sacar un paquete de alivio por la covid, y quizás esa Administración seré yo”, dijo.

EL PAIS DE ESPAÑA

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