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Unidad, más allá de su banalidad, por Simón García

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Durante años caminamos en círculos de retórica para volver al punto de  fragmentación. Nombramos la palabra para desaviar sus propósitos. Sembramos expectativas y falsas pistas para no alcanzar la unidad.

El extravío forma parte del vigor de los intereses particulares para asfixiar a los del país. En la selección influye la debilidad de los partidos,  puesto que todos bracean para no rodar más abajo del apoyo del 3% de la población. Sus instintos, más que contribuir a un cambio de régimen, los aferran a no hundirse en la categoría Otros.

En parecidos momentos de nuestra historia las élites políticas supieron elevarse por encima de las circunstancias, como ocurrió en 1936 y luego en la perspectiva unitaria que AD, Copei, URD y PCV forjaron para restablecer la libertad en 1958.

Ese propósito de superación del atasque democrático existe hoy, pero sin un acuerdo que garantice que el avance de conjunto distribuya ventajas a todos. No hay confianza entre integrantes de los círculos dirigentes ni amistad entre “los dueños” de las franquicias.

La unidad exige desvanecer agravios del pasado, sobreponerse a diferencias sobre los medios y transportarse a un plano de competencia con solidaridad, donde como lo pide Aristóteles a la sociedad política, puedan “tener como fin las acciones nobles y no el simple convivir”. Las viejas y nuevas figuras no están dando respuestas al desafío de ser mejores que antes ni abandonar la gallera de los fracasos.

Para unir a mucha gente, hay que innovar dentro y fuera de los partidos. Actuar siempre para alcanzar una “propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya…” Definición que asienta el  Diccionario de la Real Academia sobre el término Unidad.

La unidad es trabajo prioritario, laborioso en sus detalles y en su hacer cotidiano. Su lugar más propicio actualmente es el de la política intermedia: dirigentes regionales y locales, activistas sociales y culturales, mundo del pensamiento independiente. El arma secreta de fortalecimiento de los partidos está fuera de ellos. Una vía inédita de aportes autónomos a la cual deben abrirse sin instrumentalismos.

Fortalecer un partido no es solo rotar su élite. Hay que cubrir el déficit de reflexión que los empequeñece y rehacer una intelectualidad orgánica con la democracia. Hay que debatir de cara al país la estrategia democrática de cambio aplicable hoy en Venezuela; la política transicional que contemple, pero no se base exclusivamente en la fractura del bloque de poder; habilitar la dimensión ética y social de la política como acción para vivir mejor, con libertad, bienestar, justicia y solidaridad.

El fortalecimiento de los partidos pasa por alentar un entendimiento nacional sobre un conjunto de fines de país y .lograr el mayor acuerdo sobre los medios para realizarlos. Sin extremismos, sin política ficción ni canibalismos.

La pelea de sombras de la oposición con el gobierno no puede seguir tomando el lugar de una alternativa de civilización, progreso económico y desarrollo humano. Para que ella renazca hay que dar vigor al tejido de una gran alianza de políticos independientes y partidistas, de dirigentes institucionales, activistas de luchas sociales y de segmentos culturales. Una alianza antagónica, pero despolarizada; innovadora, pero con sentido común; para el 2024, pero definida en torno a donde queremos estar como país en 15 años.

Simón García es analista político. Cofundador del MAS.

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