De la sociedad civil llegan señales de la inquietud y la preocupación por la falta de definición de la ruta que deberá seguir la oposición en esta difícil etapa —probablemente la más adversa de todas las vividas en estos años de régimen chavista— para reorganizar su lucha y desalojar del poder a la cúpula que ya no solo destruye el presente sino que va haciendo inviable el futuro de Venezuela.

Son grupos inicialmente no muy numerosos, sin militancia partidista, pero pertenecientes a sectores sensibles, pensantes y, seguramente, impacientes por el actual estado de cosas en el que se ve al régimen avanzar sin escollos para perpetuarse en el control de todas las instancias del poder y de todos los espacios de la actividad humana.

La cúpula prosigue sin pausa su labor de ebanistería, perverso trabajo de afinación del perfil de las cuatro patas que deben sostener su mesa hegemónica: la institucional, la comunicacional, la electoral y va por la económica, cuya mal formación la tiene en riesgo de arruinarle el proyecto todo.

Hace unas semanas, unos 200 periodistas y comunicadores —en su mayoría no activos en medios, de los que se formaron y esforzaron profesional y gremialmente en tiempos de la democracia— se dirigieron a Juan Guaidó, al Consejo Político recién creado “y a todo el liderazgo opositor que lucha y sufre los ataques de la dictadura” para reclamar “la unidad de los factores enfrentados resueltamente a la tiranía y sufren los atropellos y los abusos del régimen”.

 

 

“Hoy más que nunca, en estos días cruciales de nuestra institucionalidad, cuando la única trinchera legítima de la democracia, como es la Asamblea Nacional, es asediada por la monstruosidad del totalitarismo, es cuando el liderazgo opositor, de todos los signos, debe hacer un esfuerzo para enfrentar ese peligro con la fortaleza de una unidad férrea y resuelta que convierta esos millones de voluntades expresadas el 12 de diciembre en un solo frente de lucha ante la amenaza de la dictadura”, señalaron

Un pedimento hecho sobre la base de la consulta popular realizada en los primeros días de diciembre que, en principio, le ha permitido a Juan Guaidó obtener el reconocimiento del nuevo gobierno de los Estados Unidos y esta semana del Parlamento Europeo, lo que asimismo conlleva el desconocimiento de la AN ganada de manera apabullante ventajista y fraudulenta por Maduro el 6D.

Esta semana algunos medios recogieron el llamamiento hecho por otro grupo de ciudadanos, académicos, activistas sociales y gremiales que bajo la consigna “Volver al voto”, propone “sumar apoyos y voluntades para retomar la tarea de provocar el cambio político para el rescate de la democracia que no será producto de un milagro sino de un trabajo político permanente”.

La iniciativa ha surgido, de acuerdo a sus promotores, por la preocupación ante “la enorme incertidumbre existente en el país y ante la notoria ausencia de una política de las fuerzas opositoras que unifique a la mayoría de los venezolanos”.

El manifiesto exige “la decisión impostergable de asumir la lucha electoral con toda las dificultades que deriven de la acción del régimen autoritario e, inclusive, de un sector de la propia oposición”.

Por parte de los organizadores de la Consulta Popular se ha manifestado una “honda preocupación” porque la participación en las elecciones regionales que anuncia el régimen significaría una desviación del objetivo de unas elecciones presidenciales y parlamentarias legales, justas y verificables.

Unidad y voto parecen el denominador de las consignas opositoras, pero tras las cuales espera un debate arduo e intenso sobre cuándo y en qué condiciones.

¿Es posible competir exitosamente en elecciones presidenciales y, además, repetir unas parlamentarias sin que la oposición inicie desde una vez el trabajo organizativo para disputar los espacios de poder regional que el chavismo ha convertido en su base operativa para su proyecto de poder totalitario?

Si bien esos espacios regionales como gobernaciones, alcaldías, concejos municipales han quedado convertidos en cascarones vacíos, no puede desconocérsele una importancia capital en el papel de revitalización, organización y emplazamiento para lucha organizativa por espacios de mayor entidad. Eso implicaría, entonces, la resignificación del voto y de su poder como instrumento fundamental del cambio político. Una crucial hora de definiciones cuando el régimen coloca a la oposición en una carrera contrarreloj.

Gregorio Salazar es Periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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