VENECIA.- Como en el cuadro de Canaletto, las flotillas avanzan con la fuerza de los remadores por el Gran Canal de Venecia en la centenaria Regata Histórica que este año se celebra con la ciudad aún replegada sobre sí misma por la pandemia de coronavirus.

Como cada primer domingo de septiembre, Venecia vive hoy su vistosa regata, pero en esta ocasión de manera atípica y doblemente «histórica», con límites para los espectadores y controles por la emergencia sanitaria.

Por primera vez desde la primera regata oficial de 1841, cuando la ciudad estaba bajo dominio austriaco, las autoridades municipales han impuesto medidas de distanciamiento para los espectadores tanto desde los paseos a lo largo del Gran Canal como en los puestos de atraque para los barcos privados desde donde muchos venecianos suelen presenciar el desfile y la competición de embarcaciones en la laguna.

Son estas competiciones en cada categoría de embarcación las que apasionan a los aficionados de la regata.

Pero sobre todo el fasto de las flotillas que avanzan a fuerza de dos o más remadores por cada tipo de embarcación, animando el principal curso acuático de la ciudad con un desborde de naves, uniformes de tripulantes y colores que, literalmente, parecen dar vida a la Regata del Gran Canal, el cuadro pintado por Canaletto entre 1733-34.

Era la Venecia de una Serenísima República aún independiente y pujante gracias a la herencia de sus riquezas de ciudad estado que por mucho tiempo dominó el Mediterráneo, muy distinta a la Venecia actual de monocultura turística y amenazada por el despoblamiento.

Hoy en día, la categoría que más interés suscita es la de los gondolinis, una variante de competición más ligera que la tradicional góndola veneciana, cada una de ellas de distintos colores que identifican a las asociaciones de remo.

Junto al torneo, el atractivo mayor de la Regata es el cortejo precedente de naves históricas, tripuladas por remadores de las asociaciones de boga de la ciudad, uniformados con trajes que eran de la usanza del siglo XV.

El desfile inaugural de las naves históricas conmemora la bienvenida que el dogo y la aristocracia de Venecia dieron en 1489 a Caterina Cornaro, reina de Chipre, quien abdicó y cedió el país, entonces un Estado cruzado, a la Serenísima.

Las bissonas, las grandes embarcaciones que encabezan la procesión, hoy solamente desempeñan un papel exclusivamente formal, pero en el pasado cumplían una función de vigilancia: al abrir la regata, tripulantes de la aristocracia veneciana armados de arcos disparaban balines de terracota contra los espectadores revoltosos.

En la edición de hoy, domingo, no será necesario llegar a esos extremos. Apenas un grupo de 80 voluntarios, además de los funcionarios del orden, se empeñan por velar por las medidas preventivas de salud.

También debido a las precauciones ante el Covid, La Machina, el palco flotante desde donde presencian el espectáculo las autoridades de la ciudad y huéspedes importantes, y donde se entregan los premios, tiene esta vez una capacidad reducida en el 50 por ciento como parte de las normas de seguridad por la pandemia.

Otra novedad importante este año es que torna a las aguas del canal la bissona Serenissima como nave insignia de la regata de 18 remadores, en el que viaja la pareja que representa al dogo de Venecia y su esposa, la dogaresa.

Realizada entre 1956 y 1958, la espléndida embarcación se había hundido en 2008 y fue objeto de una restauración exhaustiva desde enero.
Los espectadores que siguen el desarrollo de la vistosa celebración, por su parte, deberán llevar puestas las mascarillas desde las 15.00 horas, media hora antes del comienzo, y quitárselas solamente media hora después de concluida la competición.

EFE

UNION RADIO

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