El viernes amaneció con la noticia de que el presidente Trump y la primera dama Melania se habían contagiado con la covid-19, un tropiezo de marca mayor para quien a sólo 32 días de las elecciones estaba haciendo desesperados esfuerzos por colocarse en el tope de las encuestas, lugar que ocupa Biden desde que la pandemia hizo aparición en territorio norteamericano.

Menudo percance. No se trata únicamente de los impedimentos para continuar su intensa movilización hacia los estados clave (Florida, Carolina del Norte, Pensilvania, Ohio, Nevada, Texas) que le pudieran dar el triunfo, sino el revés que significa verse alcanzado en la recta final de la campaña, no poco accidentada, por un virus cuyo peligro y consecuencias de toda índole minimizó desde un principio, remachado por su persistente negativa a usar mascarilla.

En el propio debate del día martes se refirió a ese implemento de protección para burlarse de su oponente. Dijo que Biden usa la mascarilla “más grande que he visto” y que se la pone aunque la otra persona esté a doscientos pies de distancia. Cuando se evalúa la gestión del presidente en el manejo de la epidemia recibe una calificación altamente negativa.

Trump, quien se cuida al máximo de dar una imagen de debilidad, cae enfermo cuando estaba obligado a hacer el embalaje final en momentos que ya enfrentaba el temporal de las revelaciones sobre sus irrisorios pagos de impuestos ($ 750 en 2016 y 2017) o no pagar nada al fisco durante diez de los últimos quince años, algo sorprendente para un multimillonario que se ufana de su exitosa carrera de empresario.

 

 

Desde enero de 2019 la estrategia del sector mayoritario de la oposición encabezado por Juan Guaidó ha estado estrechamente ligada al apoyo de Trump y así se ha mantenido durante largos 20 meses tras el objetivo prioritario de poner “cese a la usurpación”. Un propósito para lo cual, según se ha insistido, están “todas las opciones, por encima y por debajo de la mesa” pero ciertamente no es la vía electoral la que algún impulso haya recibido, dado que esa sólo vendría después del “cese a la usurpación”.

¿Y si no ganara Trump? ¿Cómo cambiaría el juego? El propio Juan Guaidó hace unas semanas respondió esa pregunta. “El claro respaldo (de los Estados Unidos) a la causa del proceso venezolano no es en lo personal a Juan Guaidó. Es a la libertad y contra la amenaza que representa Maduro a la estabilidad de Venezuela y del hemisferio, vinculándose con el terrorismo el narcotráfico”.

Recordó que el apoyo es bipartidista y que las cuentas pendientes del régimen venezolano son con el Departamento de Justicia y el Departamento del Tesoro.

No obstante, Biden ha calificado la estrategia de Trump como “un fracaso”, lo cual hace suponer que de llegar al poder exploraría una vía distinta, que probablemente no contemple una intervención militar como la que ha prefigurado el actual presidente desde comienzos del año pasado, pero tampoco el desmontaje de las fuertes sanciones económicas que ha aplicado EEUU al régimen de Maduro ni el desconocimiento a Guaidó.

Si puede afirmarse que la figura de Guaidó ha tenido el apoyo de los Estados Unidos y los principales países de Europa no ha habido coincidencia en cuanto a la hoja de ruta de salida. Ese aspecto no se ha trabajado conjuntamente.

La dictadura venezolana vive su momento de mayor precariedad. Cada día es más vulnerable Ganará la AN pero no obtendrá reconocimiento ni legitimidad… Seguirá resolviendo agónicamente los problemas más acuciantes del colapso: gasolina iraní, la condescendencia china para retrasar el pago de la enorme deuda, las declaraciones aspaventosas de la cancillería rusa sin dar mayor respaldo económico. Más no está en condiciones de revertir el estado de destrucción en el que está Venezuela, comenzando por la infrahumana calidad de vida de sus habitantes.

Si pierde Trump no será el fin del mundo para la oposición venezolana. No va a llegar a la Casa Blanca la izquierda radical ni un aliado de los cubanos como pregona la agresiva campaña Trump. Que se acercaran más aún las posiciones de EEUU y Europa y que los principales actores de la oposición venezolana debatan y trabajen en el nuevo escenario con sentido de unidad sería avanzar con nuevas definiciones y paso firme hacia el desalojo de la dictadura chavista.

TAL CUAL

 

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