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*Cumaná: una ciudad entre la historia y el abandono* Jesús Alberto Castillo

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Son muchas las páginas doradas que podríamos redactar sobre la historia de Cumaná, bautizada por Arístides Rojas como la «Atenas de América» por la pléyade de intelectuales, poetas y su riquísima cultura. Pero no se trata de eso. Hoy vamos a, desnudar a la la ciudad sufrida, la que aguanta de forma silenciosa las dolencias ante la falta de políticas públicas acertadas de planificación urbana y desarrollo sustentable.

Esa histórica ciudad está próxima a cumplir 511 años de su fundación en manos de misioneros conducidos por Fray Pedro de Córdoba, el gran vicario de América. Sin embargo, sus calles hablan de la pobreza y sacrificio de la gente. El río Manzanares, ese emblemático afluente que divide en dos a la ciudad, es  un dantesco espectáculo de la desidia oficial. Allí se notan los rostros tristes, la piel mugrienta y los lamentos de peatones que van de un lado a otro, sin esperanza alguna.

Siluetas que desnudan el viacrucis humano de un país entero donde el alza desmedida del dólar hacer estragos en sus bolsillos. Almas que llevan el grito por dentro y aunque traten de simular en un abrazo o una sonrisa ligera, han sido condenados al abandono, mientras los gobernantes se dan buena vida y pronuncian cada fecha memorable discursos nacionalistas y sabor a pueblo.

La Iglesia Catedral, las plazas Bolívar, Miranda y Andrés Eloy Blanco, el Parque Ayacucho y hasta el Puerto Marítimo son testigos mudos de esa indolencia, de la falta de agua y servicios públicos. No basta decir que Cumaná es Primogénita en el Continente Americano si no hay una acción conjunta de levantar su gentilicio y colocarla como ciudad modelo. Una urbe inteligente donde se combine su rico legado histórico con las nuevas tecnologías y estándares de calidad de vida.

Los cumaneses debemos reinventarnos. Luchar por su ciudad natal y organizarse para promover iniciativas que permitan el desarrollo integral de  esa tierra en la historia. En ella, a pesar del abandono oficial, hay talentos de sobra que pueden ser capaces de reconquistar los espacios para desplazar a la élite indolente. Existen personas de buena voluntad y competentes en las diversas áreas que pueden sacar hacia adelante a la cuna de Antonio José de Sucre. ¡Es hora de hacerla merecedora de ese nombre que le dio Arístides Rojas!

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