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El ostracismo de Machado, por Gregorio Salazar

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Ya van ocho meses de la más acaramelada luna de miel que se haya visto entre actores gobernantes de la izquierda latinoamericana y la nueva versión –ampliada y empeorada– del imperialismo yanqui. Delcy y Donald, esa doble D del poder en Venezuela, saben qué le interesa a cada quien y lo cumplen al pie de la letra.

Fundamentalmente no quieren estorbos en esta etapa cuyo desarrollo y duración sigue sin definirse. Todo debe marchar sin sobresaltos, sin agitaciones, sin exigencias fuera de lugar, sin figuras incómodas que vengan a perturbar o a disputar el poder, en lo inmediato o a mediano plazo.

Ya está muy claro cuáles son las figuras que no encajan en el proyecto y a quienes los dos bandos no quieren ver en Venezuela ni en creaciones de la IA. Ni quieren de vuelta a Maduro ni Machado debe pisar estos predios. Mantenerlos fuera de juego fue un componente primigenio, parte crucial del pacto surgido en territorio catarí a mediados del 2025. Vamos a ver.

Para los Rodríguez la oferta estuvo clara: tenemos grandes negocios y excelentes movidas políticas. Eso sí, para ustedes. ¿Qué les parece Miraflores? Al señor Maduro le reiteramos el mensaje: puede pedir lo que quiera y donde quiera, menos quedarse. Vale cero. Y muy bien puede irse por sus propios pasos. De lo contrario, Lanza del Sur, no sé qué cosa épica y Delta Force contigo. Dicho y hecho.

Por el lado de los Rodríguez ya ha quedado claro cuál fue casi que la única exigencia: Muy bien, estamos de acuerdo, business son business, pero aquí se necesita apaciguamiento del debate político, no provocar a los radicales –»pacíficos pero armados»– con esos revulsivos llamados de la señora Machado a elecciones. Paz, paz, paz es lo que necesitamos. De modo que manténgala tan lejos de aquí como quieren ustedes ver a Nicolás y a Cilia. Trato hecho.

Trump ha ido más lejos en su cumplimiento. El propio 3 de enero, cuando Maduro no había entrado todavía a su celda en Brooklyn, el presidente norteamericano declaró desde su mansión de Mar-a-Lago que Machado «no tiene el respeto para gobernar Venezuela». Idea que ha seguido apuntalando con su afirmación de que «los venezolanos no están preparados para unas elecciones».

Nadie hasta ese momento se había atrevido a poner en duda el liderazgo del factor humano y político clave en la humillante derrota del chavismo omnipotente el 28-J. Después han venido más descalificaciones y conductas desdeñosas contra María Corina Machado, hoy, dígase lo que se diga desde el Norte, bajo prohibición expresa de regresar a Venezuela.

Los ataques directos y puntuales sobre su rol pueden afectar negativamente las posibilidades de superar el complejo cuadro político del presente en cuanto pretende menoscabar al único liderazgo opositor visible en la escena política venezolana.

El liderazgo que impulsaría el paso hacia unas elecciones presidenciales como primera condición para la reinstitucionalización del país.

Cabe preguntarse: ¿Por qué cualquier actor político puede venir a dejar sobre la mesa sus propuestas sobre el presente y futuro del país, como lo acaba de hacer, por ejemplo, Enrique Márquez, menos Machado?

¿Por qué razón, insistimos, María Corina Machado es mantenida en el ostracismo y se posterga la posibilidad de unas elecciones? Porque no es lo mismo firmar acuerdos leoninos e inconstitucionales con un régimen sin legitimidad ni base de apoyo popular que lidiar con una sociedad de poderes y mandatos políticos enmarcados en la Constitución, como los que surgirían a partir de una elección presidencial donde toda Venezuela sabe, hoy por hoy, cuál sería el resultado.

*Lea también: El arte de demorar el juicio, por Jipson Briceño Domínguez

Delcy y Donald, por lo pronto, se mueven en medio de cuadros políticos muy complejos. La imagen de la «fantástica» sigue en barrena y cosa no distinta parece ocurrir con el presidente Trump, con apremios electorales tan grandes que ofrece sin pudor la compra de votos y sin poder soltarse del caótico escenario de guerra en que lo mantiene Irán.

Ya se verá cómo los resultados de las elecciones legislativas de noviembre en EEUU incidirán en la marcha del proyecto que ambos comparten en Venezuela.

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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