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*Venezuela: una gran quincalla a la vista de todos* Jesús Alberto Castillo

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Admitimos que el título de este artículo  es producto de una reciente entrevista que le hizo el periodista Luis Olavarrieta al economista Miguel Rodríguez. Compartimos con el arquitecto del «Gran viraje» que quienes han gobernado el país en los casi 28 años no han tenido la capacidad intelectual ni el mínimo deseo para resolver los urgentes problemas que nos aquejan. Más bien han hecho de Venezuela un desastre total, una quincalla con muchos peretos alrededor.

Esa situación nos recuerda de manera ilustrativa a un ex alcalde de Cumaná, muy estridente y de verbo incendiario – por razones éticas nos reservamos su nombre- que solía tener un reverbero en un apartado de su despacho para freír arenques y comérselos con casabe. Pretendía con esa acción  vender la imagen de un buen oriental, hombre bonachón y alegre, sin tomar en cuenta la alta investidura institucional que representa dicho lugar. Nos imaginamos que así funciona el resto de las instituciones publicas.

Aunque a algunos les cueste aceptar, para gobernar no solo bastan las ganas o tener un verbo seductor; se requiere, también, tener materia gris, es decir, capacidad de pensar y dar respuesta a las apremiantes situaciones. Es, precisamente, esta cualidad la que escasea en la mayoría de los  políticos que proliferan en esta vorágine sin precedente. Muchos de ellos sobresalen ante una sociedad que se deja cautivar más por el carisma que las virtudes y la preparación del individuo, siempre en la búsqueda de un salvador. Esa es la peor condena de Venezuela.

Miguel «paquetico» Rodríguez fue tajante y vehemente en advertirlo: «¡Es una locura seguir con este modelo político de la improvisación y la corrupción». Nunca en la historia política de la Venezuela contemporánea habíamos tenido una clase política tan cínica, indolente e ignorante como la que hoy detenta el poder del Estado. Esa legión de desalmados concibió a PDVSA en la «gallina de los huevos de oro». La usaron para su provecho personal, la saquearon todita y la convirtieron en una chatarra.

Hoy se pretende reconstruir el país con un «histórico acuerdo petrolero» con esa misma gente. Se le ha vendido a los venezolanos que pronto vendrá el milagro económico. Todo es vana ilusión sino se produce un verdadero cambio político en Venezuela. Necesitamos un gobierno legítimo, con personas bien formadas, éticamente idóneas y sensibles para emprender el viraje económico y generar el bienestar que nos merecemos como venezolanos. El país no puede esperar más. Es tiempo de organizarnos como ciudadanos y exigir renovación de las instituciones del Estado

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