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*El rescate de los partidos políticos como pilares de la democracia* Jesús Alberto Castillo

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Los estudios de opinión más serios del país arrojan resultados muy negativos sobre la imagen de los partidos políticos. El rechazo ciudadano a esas instituciones tiene diversas razones: falta de credibilidad de su dirigencia, ausencia de base programática, desconexión los problemas de la gente, pragmatismo exacerbado, entre otros.

Este fenómeno resulta peligroso por cuanto, nos guste o no, las entidades partidistas son esencialmente pilares básicos de la democracia, al servir de canalizacion de los múltiples intereses de los miembros de la comunidad política. La despolitización de la sociedad se convierte, entonces, en uno de los peores males porque se apuesta a cualquier tipo de liderazgo – mesianico, militar, eempresarial o religioso – que pudiera ser más peligroso para la paz, las libertades cívicas y la cultura democrática.

Observamos con preocupación como en Venezuela los partidos políticos tradicionales no son atractivos para el ciudadano común, mientras los mas nuevos entran en una cacería para devorarse entre sí. Hay indicadores dentro de estos últimos que no pregonan resultados alentadores en el futuro. Por ejemplo se han llenado de militantes de los antiguos partidos que reproducen los mismos vicios de los anteriores.

Se ha vuelto casi una práctica cotidiana el «salto de talanquera» o la atracción partidista por moda y figuras portaviones, más que por un real compromiso de servir a la comunidad o convicción de ideas programática, salvo honrosas excepciones. Estamos presenciando una pragmatismo salvaje, al estilo de «sálvese quien pueda», por encima del interés supremo de reconstruir al país y elevar el nivel del ejercicio político. He allí  la verdadera amenaza a la política como actividad necesaria.

Hoy, desafortunadamente,  no se milita sobre bases programática ni  por servir a la comunidad, sino por «asegurar» un cargo público o «vivir de la política». Por tanto, el desafío radica en recuperar la esencia y majestad de los partidos políticos. Eso implica renovar democrática sus autoridades, producir  reingeniería en su diseño y oferta programática, formar gerencial y éticamente a los cuadros, dotarlos de herramientas tecnológicas, abordar con métodos científicos el entorno social y redimensionar la lucha partidista al lado de los ciudadanos. ¡Salvemos a los partidos políticos de la gran crisis que viven!

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