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Los tableros de la crisis, por Gregorio Salazar

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Fue así como «renació» en la ONU. Ella había solicitado el beneficio para sí, pero no para el exjefe del régimen. Oye, Nicolás, ya no te quieren de vuelta…

Descifrar las movidas en los distintos tableros en los que se está jugando el destino nacional es una tarea cada vez más exigente y mortificante para los venezolanos. Destaca entre los grandes enigmas el porqué las decisiones tribunalicias en los estrados del Norte, esas que develan intrincadas y muy antiguas articulaciones para crímenes de toda laya, no tienen repercusiones inmediatas sobre señalados actores de aquí.

Y si de nuevas jugadas se trata, una de las más gruesas por sus posibles efectos tuvo lugar el jueves 15 en el tribunal del Distrito Sur de Nueva York cuando Nicolás Maduro y Cilia Flores, cabezas de la cúpula que gobernó a Venezuela con Chávez y después de Chávez, fueron imputados por nuevos cargos de torturas contra opositores y ciudadanos estadounidenses.

Las cosas se complican en grado sumo para la pareja que en connivencia con el régimen cubano dispuso a su antojo de Venezuela hasta la histórica madrugada del 3 de enero cuando fueron extraídos y llevados al exterior por el ejército norteamericano para sentarlos ante la justicia.

Aunque ambos se declararon «no culpables», luce difícil que puedan escapar de ese amasijo de cargos donde ya figuraban desde narcoterrorismo, la conspiración para importar cocaína a EEUU y la conspiración para poseer ametralladoras y artefactos destructivos.

Cuán incierto se vislumbra el destino de Maduro y Flores. Elementos hay para decir que pinta peor que el del dictador panameño Manuel Antonio Noriega, cuyos cargos eran «solamente» narcotráfico, delincuencia organizada y lavado de dinero».

Claro, no es que no tuviera un historial como consumado violador de derechos humanos, pero eso no lo cobraron directamente los gringos, sino los tribunales panameños cuando el ex dictador ya llevaba 23 años en prisión y sólo le quedaban siete de vida. Allí quedó sin volver a pisar una calle en libertad.

La pregunta que nos hacemos los venezolanos, vistas las nuevas acusaciones con Maduro y Flores, es ¿quiénes más aparecen aguas negras abajo de ese delincuencial desempeño como cooperadores inmediatos y ejecutores necesarios? ¿Cuántos y quiénes son esos militares de variadas jerarquías, efectivos de distintos organismos de seguridad, jueces, fiscales del Ministerio Público y dirigentes de todo el entorno cupular dispuestos a todo por no perder el control sobre Venezuela? ¿Habrá impunidad para tanta gente?

Delcy y Jorge Rodríguez ya parecen «limpios de polvo y paja», al menos en lo que a sanciones se refiere. La administración Trump le levantó las sanciones económicas impuestas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), paso previo para reconocer en julio la inmunidad a la presidenta de facto ante la justicia civil de Miami.

Fue así como «renació» en la ONU. Ella había solicitado el beneficio para sí, pero no para el exjefe del régimen. Oye, Nicolás, ya no te quieren de vuelta…

El pasado miércoles 14, justo un día antes de la nueva imputación a Maduro y Flores, el gobierno de Donald Trump levantó las sanciones a todas las formas de mención en las que aparecía el hermano de la presidenta en los registros de la OFAC. ¡Albricias!

Delcy y Jorge soy hoy la envidia de aquellos colegas del régimen (y de tropelías) que saben que aunque hoy los tratan con manga ancha y siguen detentando cargos, mañana un giro de la geopolítica, un capricho de los tuteladores, un cisne negro de la historia los puede dejar en el círculo central de la diana. Y se precipite sobre ellos un tenebroso destino como el que se divisa en el horizonte de Maduro y Cilia Flores.

Y en esto último, ¿será que ese papel quedará reservado para el nuevo TSJ? ¿Será ese nuevo organismo el encargado de abrirle juicios al enjambre de funcionarios que figuran en ese historial de vulneraciones a los DDHH?

¿Recibirá el nuevo TSJ las aprobaciones de antejuicios de méritos para allanar la inmunidad parlamentaria de diputados que aparecen mencionados en casos de corrupción? Tendrá que ser entonces un TSJ muy idóneo e independiente.

Pero las interrogantes siguen en otros tableros. ¿Dónde están los ingentes recursos producto de la producción petrolera venezolana? ¿Por qué no vienen a aliviar las condiciones de vida de un pueblo que carece de ingresos dignos y hasta de los más elementales servicios públicos? ¿Hasta cuándo la inflación y el alza del dólar que estrangulan?

Y en el tablero político, ¿por qué se mantienen las pertubardoras intimidaciones mediáticas por el canal ¿»de todos los venezolanos»? ¿Por qué si hay un proceso de apertura política no se permite el regreso de la líder de la oposición María Corina Machado?

Delcy y Jorge necesitan tiempo, cancha, reconocimiento de sus colegas de la región para recomponer su particular juego político, estabilizar su régimen y, por añadidura, controlar férreamente los reductos partidarios del PSUV.

Y vaya si el equipo de Trump y Rubio se lo están dando a más no poder.

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP

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