La gente no salió a votar, a pesar de que Venezolana de Televisión (VTV), el canal del Estado, insiste en su transmisión en vivo en calificar la jornada como un éxito y reportar supuestas colas para justificar la extensión del proceso. La realidad en las calles desmiente la narrativa oficial: los recintos lucen desiertos y el ausentismo marca el desarrollo de esta «segunda Consulta Popular Nacional».
El proceso genera un profundo rechazo entre los ciudadanos, quienes consideran inaudito someter a votación pública la cobertura de necesidades básicas. Para la población, el suministro constante y eficiente de agua, gas y energía eléctrica no debe depender de elecciones ni consultas comunitarias, sino del cumplimiento estricto e inmediato de las obligaciones administrativas que corresponden a las autoridades.
Analistas políticos señalan que el régimen utiliza estas convocatorias para proyectar una falsa imagen de democracia y participación ciudadana continua. Sin embargo, recalcan que la gestión de un país no se sustituye con votaciones recurrentes: la función primordial del gobernante es ejecutar políticas públicas funcionales sin trasladarle la responsabilidad de los servicios esenciales al ciudadano.






