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Comunidad Crónica del saqueo: El triste final de las empresas que sostuvieron el motor industrial de Guayana

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Lo que un día fueron plantas vibrantes y centros de alta precisión técnica en la UD 321 hoy son galpones fantasmas. El vandalismo y el tráfico de material estratégico barrieron con décadas de historia productiva privada

Son tres de las muchas empresas desmanteladas en la UD 321 de Puerto Ordaz, esta es una de las fábrica Premoca deshuesada por manos criminales. Foto: Níger Martínez

Lo que alguna vez fue el latir constante de tornos mecánicos, el trajín de montacargas y el esfuerzo coordinado de cientos de trabajadores hoy se resume en una escenografía dantesca de paredes agrietadas, techos arrancados y escombros. En la Unidad de Desarrollo 321 de Puerto Ordaz, a un costado de la transitada avenida Caracas, las instalaciones de las empresas: Surimex, Premoca y Fosven yacen completamente desvalijadas. Del esplendor industrial que un día sostuvieron solo quedan cascarones de bloques y esqueletos de metal retorcido.

 

 

Ubicadas estratégicamente entre las calles 2 y 4 de este sector industrial que colinda con Matanzas, estas tres compañías sufrieron de manera implacable el embate del vandalismo y el tráfico de material estratégico. La delincuencia no se conformó con hurtar lo visible; desmantelaron sistemas eléctricos enteros, robaron los techos de los galpones, puertas, instalaciones sanitarias y hasta los marcos de las ventanas.

 

 

El botín del saqueo: Maquinaria pesada y alta precisión

El rastro de la destrucción deja en evidencia la magnitud del daño material. En el área de Premoca, reconocida por su especialización en el roscado y la inspección de tuberías petroleras bajo normas API, los vándalos cargaron con piezas de incalculable valor operativo. Equipos de tornos roscadores de gran luz, máquinas hidráulicas para biselado y sistemas de partículas magnéticas y ultrasonido, tecnología de alta precisión diseñada para detectar fatiga estructural en tubulares de perforación, fueron desmantelados y convertidos en chatarra para su posterior venta clandestina a recuperadoras de metales ferrosos y no ferrosos.

 

 

El panorama dentro de las oficinas administrativas es idéntico al de un escenario de posguerra. En cada departamento, cientos de carpetas con contratos históricos, registros de ingreso de materia prima, despachos certificados a las empresas básicas y expedientes del personal técnico y obrero flotan entre el polvo y la desidia, pisoteados y regados por los suelos.

 

 

Del esplendor a la crisis: Radiografía de tres ausencias

Para entender la dimensión de la pérdida en la UD-321 es necesario mirar hacia atrás, a las décadas doradas en las que estas empresas formaban parte vital del tejido industrial de Guayana:

Surimex C.A.: Nacida entre finales de los años 70 y la década de los 80, funcionó como un engranaje clave de procura, suministros y logística menor. Su nómina, que oscilaba entre 40 y 80 empleados directos; ampliada según proyectos de paradas de planta, atendía con eficacia las demandas operativas de los colosos del aluminio y el hierro como CVG Sidor, Venalum, Bauxilum y Ferrominera Orinoco.

 

 

 

 

Premoca C.A.: Levantada en la misma década de los 80, representó la cúspide de la tornería y la metalmecánica pesada en la región. Sus talleres prestaban servicios críticos de mantenimiento y recuperación de componentes para Petróleos de Venezuela (PDVSA), empresas mixtas de la Faja Petrolífera del Orinoco y el parque industrial de Matanzas, empleando a profesionales y técnicos altamente calificados formados en institutos locales como la Unexpo, IUTIRLA y el INCE.

 

 

Fosven C.A. (Fosfatos de Venezuela): Representaba la conexión directa entre la minería nacional y el aparato agroindustrial. Aprovechando las reservas de roca fosfórica provenientes de estados como Táchira, Falcón y Zulia, la planta procesaba, formulaba y enriquecía mezclas complejas de Nitrógeno, Fósforo y Potasio (NPK). Sus fertilizantes y agrominerales abastecían las vastas unidades de producción agrícola en los llanos de Portuguesa, Barinas, Cojedes y Guárico, además de surtir a la industria de alimentos balanceados para animales (ABA).

 

 

Un cementerio industrial sin dolientes

El declive de estas compañías no ocurrió de la noche a la mañana. Sus muertes fueron el resultado de un proceso paulatino desatado durante la segunda mitad de los años 2000 y principios de la década de 2010. La contracción general de la economía, la parálisis operativa de las empresas básicas, la asfixia del sector industrial privado y la falta de divisas para importar materia prima especializada minaron sus capacidades de resistencia.

Cuando la producción cesó por completo y los galpones quedaron vacíos de personal, el fantasma del abandono se apoderó de la zona. Ante la ausencia sistemática de patrullaje policial en las poligonales industriales de Puerto Ordaz, bandas dedicadas al pillaje de material ferroso encontraron el terreno libre.

 

 

Hoy, las pérdidas son incalculables. Las paredes mudas de Surimex, Premoca y Fosven se erigen como monumentos silenciosos a la desolación, recordando que detrás de cada galpón saqueado en la UD-321 no solo se destruyó hierro y cemento, sino también el corazón productivo, tecnológico y laboral que un día hizo grande a Ciudad Guayana.

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