El destituido presidente paraguayo Santiago Peña fue puesto el viernes bajo arresto domiciliario bajo sospecha de abuso de confianza, poco después de que el Senado lo destituyera por el colapso de un importante banco vinculado a su gobierno.
De manera unánime, los 44 senadores presentes votaron a favor de destituir a Peña por faltas graves en el cargo, poniendo un dramático fin a una de las presidencias más estables de Sudamérica. El veredicto llegó apenas tres días después de que los reguladores incautaran Ueno Bank, congelando el acceso de casi 3 millones de clientes a sus ahorros y tarjetas bancarias, y desencadenando una crisis política.
Según una carta dirigida al comandante de la policía nacional, los fiscales ordenaron que Peña permanezca detenido en su casa hasta que sea llevado ante los fiscales de la unidad de delitos económicos y anticorrupción. La fiscalía general confirmó a The Associated Press que había sido detenido allí. La orden también pedía el arresto de Carlos Carvallo, el expresidente del banco central. No estaba claro por el momento si Carvallo estaba bajo custodia.
Los legisladores acusaron a Peña de usar su influencia política para canalizar cientos de millones de dólares de fondos públicos hacia Ueno mientras los reguladores pasaban por alto préstamos internos riesgosos. Peña ha negado haber cometido delito alguno.
El vicepresidente Pedro Alliana juró como presidente el viernes para cumplir el resto del mandato, que termina en agosto de 2028. Hereda un gobierno bajo presión para devolver el dinero a los depositantes y castigar a los responsables del colapso de Ueno.
Alliana, de 52 años, es un veterano del Partido Colorado, exgobernador de la provincia sureña de Ñeembucú y expresidente de la Cámara de Diputados. No ha escapado del todo al escándalo: los fiscales también lo investigan, y el jueves los legisladores rechazaron un intento de la oposición de someterlo a juicio político.
La destitución de Peña le impide acceder al escaño vitalicio en el Senado otorgado a los expresidentes elegidos democráticamente bajo la Constitución de Paraguay, negándole la inmunidad parlamentaria que lo acompañaría. Los fiscales también investigan a funcionarios y exfuncionarios del banco central y del fondo de pensiones.
Peña había presentado su renuncia el jueves, pero el Congreso no la aceptó. Sus abogados, Ricardo Preda y Adolfo Ferreiro, argumentaron que los legisladores debieron haber aprobado su salida en lugar de seguir adelante con el juicio político.
En un mensaje de despedida antes del veredicto, Peña expresó su esperanza de que su salida evitara más daño a Paraguay.
“No quiero que mi presencia sea motivo de mayor división o inestabilidad”, escribió. “Me despido con gratitud, sin desconocer la angustia de quienes hoy esperan respuestas”.
La indignación pública ha crecido con cada día que pasa. Mientras los senadores deliberaban el viernes, multitudes de manifestantes que exigen la devolución de sus ahorros congelados y que los responsables del colapso de Ueno rindan cuentas marcharon por el centro de Asunción coreando: “Santi Peña a Tacumbú”, en referencia a la principal prisión de la capital.
“Fue una lesión de confianza muy grande”, expresó Yinal López, trabajador de la empresa estatal de electricidad, cuyo fondo de pensiones para empleados también tenía dinero en Ueno. “El presidente se burló de la gente. Usó su dinero, el dinero de la gente, para hacer lo que él quería”.
Colapso bancario se convierte en un ajuste de cuentas
En apenas tres días, la implosión de Ueno ha sumido a Paraguay en su crisis política más profunda en más de una década, y a una velocidad vertiginosa . Los reguladores incautaron el banco antes del amanecer del martes. Para la tarde del jueves, Peña se había ofrecido a renunciar, mientras su propio partido, el Partido Colorado, se volvía contra él, encabezado por su líder y mentor de larga data de Peña, el expresidente Horacio Cartes. Para el viernes, su ministro del Interior, su jefe de gabinete, su asesor jurídico y su asesor político ya habían renunciado.
Fue un cambio radical de suerte para Peña, un tecnócrata fotogénico y execonomista del Fondo Monetario Internacional que debía su rápido ascenso político a Cartes. El magnate del tabaco, uno de los hombres más ricos de Paraguay, nombró a Peña como su ministro de Hacienda y lo respaldó dos veces para la presidencia pese a las objeciones de facciones rivales dentro de su partido.
Pero una vez en el cargo, Peña construyó discretamente una base de poder para rivalizar con la de Cartes, según analistas. Ueno Bank, que absorbió cientos de millones de dólares en fondos públicos, se convirtió en el núcleo de su propio imperio empresarial y de su esfuerzo por cortejar a gobernadores provinciales mientras buscaba liberarse de la sombra de Cartes.
“Es como un drama shakespeariano. Intentó desplazar a su mentor, a su padrino político”, comentó Miguel Carter, director de DEMOS, un centro de investigación paraguayo. “Pero lo hizo sobre bases muy frágiles”.
El bando de Cartes contraatacó. En septiembre, senadores leales al magnate empresarial exigieron respuestas al banco central sobre los préstamos de Ueno, citando informes internos filtrados que advertían que los créditos del banco a empresas relacionadas ponían en riesgo su solvencia. Cuando el banco colapsó esta semana, también lo hizo el margen de maniobra de Peña, y Cartes —quien en su momento fue sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos por presunta corrupción— respaldó públicamente la destitución de su otrora protegido.
“Cartes puso el clavo en el ataúd”, señaló Andrew Nickson, experto en Paraguay en la Universidad de Birmingham. “No tenía una base política en la que apoyarse, y quedó desamparado”.
Un banco construido con dinero público
En apenas unos años, la poco conocida institución crediticia se convirtió en el quinto banco más grande de Paraguay por depósitos, con más de 800 millones de dólares en dinero público impulsando su expansión. Incorporó como clientes a más de dos tercios de los adultos del país, y su llamativo logotipo aparecía en todas partes, desde el estadio nacional de fútbol hasta las tarjetas bancarias de vendedores ambulantes.
En los cargos, los legisladores ponen de relieve la participación de Peña en la empresa holding de Ueno, de la que se desprendió formalmente bajo presión el año pasado, y la designación de un exejecutivo de Ueno para dirigir el banco central que lo regulaba. También lo acusan de permitir que el fondo estatal de pensiones depositara 355 millones de dólares en el banco, por encima de los límites legales.
Analistas sostienen que esos vínculos de alto nivel ayudaron a proteger a Ueno del escrutinio regulatorio incluso cuando crecían las preocupaciones sobre sus finanzas.
Durante los últimos 20 años, el banco central ha sido uno de los dos pilares que le dieron a Paraguay credibilidad internacional en la gestión de su economía, explicó José Tomás Sánchez, profesor de teoría política en la Universidad Nacional de Asunción. Y bajo Peña, “fue perdiendo credibilidad, perdiendo neutralidad y luego relajando todos los mecanismos de control para favorecer al grupo económico que tenía en Ueno Bank uno de sus pilares”.
Cuentas congeladas, enojo en aumento
De la noche a la mañana, los clientes de Ueno ya no pudieron retirar efectivo, acceder a sus ahorros ni usar sus tarjetas para comprar nada. El prestamista digital había cortejado agresivamente a los pobres y a quienes no tenían cuenta bancaria con generosos reembolsos en supermercados, y más de 1 millón de paraguayos abrieron allí su primera cuenta bancaria, según Ueno. Incluso jugadores de la selección nacional de fútbol, a la que Ueno patrocinó durante su camino hacia una sorpresiva victoria sobre Alemania en el Mundial este año, dicen que sus cuentas están congeladas.
“El efecto dominó sobre la población general ha sido inmenso en todo el país”, dijo Nickson. “Eso ha alimentado la ira de muchas personas en Paraguay que no están particularmente al tanto de la política ni muy interesadas en la política”.
Algunos depositantes comenzaron a recuperar su dinero el jueves, empezando por quienes tenían hasta 10 millones de guaraníes (unos 1.600 dólares). Los depósitos están asegurados hasta unos 37.000 dólares, lo que, según el banco central, cubre a casi todos los clientes de Ueno. Califica el colapso como un caso aislado e insiste en que el sistema financiero en general es seguro.
Los fiscales han acusado a 27 personas, incluido el accionista controlador de Ueno, Miguel Vázquez, de delitos que incluyen abuso de confianza e intento de fraude, y seis directores del banco se encuentran en detención preventiva. Las autoridades han incautado nueve vehículos de lujo de la casa de Vázquez, junto con un yate y avionetas vinculadas a él, y allanaron las viviendas de ejecutivos en una comunidad cerrada a las afueras de la capital.
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