Desde pequeño crecimos en medio de situaciones que van marcando nuestro modo de actuar y ver las cosas. Son las circunstancias que determinan nuestros pasos en la vida, aunque nos cueste aceptar dicha realidad.
No es casual que un acucioso pensador como José Ortega y Gasset haya dejado para la humanidad esa célebre frase «Yo soy yo y mis circunstancias». Se trata de entender el sujeto vive rodeado de hechos cotidianos que afectan inexorablemente en su estructura mental y lo hacen partícipe de acciones que definen su sello personal ante los demás.
Algunos autores denominan este proceso «representaciones sociales» donde el individuo interactúa en un determinado marco socio cultural, se forma una cosmovisión de las cosas y adquiere hábitos que delinean su personalidad. Como dice el famoso refrán español: «Dime con quién andas y te diré quién eres».
El medio condiciona al sujeto. El prototipo de amigos que escoge, con quién se rodea, las actividades que realiza y la permanente exposición de mensajes ejercen una influencia determinante en su carácter. Descubrimos así la verdadera esencia del ser humano, a pesar de que trate de simular.
La reflexión, entonces, radica en que debemos ridearnos de gente talentosa, sensibles y honestas para fortalecer los lazos hacia un mundo más humano, próspero y responsable. Nos guste o no «las cosas buenas o malas se pegan de quienes nos rodean». Los tiempos actuales requieren de personas probas, dispuestas a reconstruir nuestra maltrecha sociedad.






