El título de este artículo no me corresponde. Lo tomé prestado del “primo” Cruz Velásquez, el popular “Cuchito” de Marigüitar, hombre marcado por la experiencia y las vicisitudes de la vida. Aunque me cuesta mucho reconocerlo, al juzgar por los hechos, esas palabras encierran una gran verdad.
El individuo se oculta tras su lenguaje. Es escurridizo y solo muestra una faceta de si mismo. Simula hechos frente a los demás y, de manera calculada, se mueve en los diversos espacios como si actuara en una obra de teatro. Ríe cuando tiene que llorar y grita cuando sabe que no tiene razón. Es un ser que finge su mundo existencial mediante el uso de las palabras.
Es allí donde cobra importancia el planteamiento hegeliano: “La filosofía es el arte de no ser engañado por las palabras”. Ella es la fuente que nos inspira a pensar e interpelar la realidad que nos abraza con sus tentáculos. Debemos atrevernos a saber, aunque ese ejercicio requiera disciplina. Pues, en la formación está la clave para vencer las sombras.
En su “Fenomenología del espíritu”, Friedrich Hegel nos sumerge en el engañoso mundo de las palabras. Ellas son unidades lingüísticas de significante (fonema o sonido de voz) y significado (idea de algo). Por ejemplo, si pronunciamos la palabra “silla”, cualquiera pensaría que se trata de un mueble formado por cuatro patas y un espaldar para sentarnos. Llegamos a ese razonamiento porque hemos sido, previamente, inducidos en nuestra mente a considerar esas propiedades con dicha palabra.
De esta manera el lenguaje es una convención entre la gente para comunicarse. Pero, en esencia, puede servir para ocultar la esencia de las cosas. Por un momento miremos hacia arriba y diríamos, sin vacilar, que el cielo es azul. Pero, en realidad, los recientes estudios han arrojado que el cielo no tiene ningún color y que todo es un efecto óptico. Lo que hemos hecho con nuestras palabras es expresar una realidad desvirtuada. Además, con el lenguaje podemos dar rienda suelta a nuestra imaginación para arrojar “nuevas verdades”, aunque sean engañosas.
En una sociedad como la de hoy, ataviada de interconexiones digitales y redes sociales, la gente termina siendo atrapada en las sombras del engaño. Cada vez hay mayores flujos de mensajes orientados a desinformar y crear virus mentales en la gente. Estamos viviendo, en menor o mayor medida, un proceso de manipulación mediática donde el engaño es nuestro pan de cada día.
EMISORA COSTA DEL SOL






