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LIBERTAD PARA El teniente Coronel Igbert Marín Chaparro ..»Excelencia que no se dobla, honor que no se vende: ¡Justicia para Marín Chaparro!»

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Graduado con los honores más altos en la historia de la Academia Militar de Venezuela, su promedio académico rompió récords que se mantenían vigentes desde 1999, consolidándolo como el oficial más brillante de su generación.
Su ascenso al mando del Batallón Ayala no fue producto del azar, sino de un liderazgo natural, técnico y profundamente humano que resonaba en cada rincón de los cuarteles.
Sin embargo, el 2 de marzo de 2018, la trayectoria del «Alférez de Oro» tomó un rumbo trágico. En un acto de valentía que pocos se atrevieron a replicar, El teniente Coronel Igbert Marín Chaparro confrontó al alto mando militar.
No lo hizo para conspirar, sino para ejercer el deber de un verdadero comandante: denunciar el hambre de sus soldados, la falta de insumos médicos y la corrupción que carcomía la dignidad institucional. Su franqueza fue respondida con grilletes.
Los años siguientes han sido un catálogo de horrores. Desde el confinamiento en la infame «La Casa de los Sueños» —celdas subterráneas de la DGCIM diseñadas para el quiebre psicológico— hasta su actual reclusión en El Rodeo I.
A pesar de haber cumplido su condena inicial de siete años y seis meses, el sistema judicial, en un acto de ensañamiento, le ha impuesto 30 años adicionales bajo cargos fabricados de traición y terrorismo. Hoy, su cuerpo refleja las secuelas de la tortura: fibrosis pulmonar, pérdida de visión e hipertensión severa.
Su vida pende de un hilo, pero su integridad permanece intacta, recordándonos que el honor no se encarcela.
A los oficiales, suboficiales y tropas de Venezuela: observen el espejo de Igbert Marín Chaparro. El honor militar no reside en la obediencia ciega a quienes permiten que el soldado pase hambre, sino en la lealtad a la Constitución y a los compañeros de armas. Marín Chaparro está pagando con su libertad el haber alzado la voz por ustedes.
Un ejército que permite que su mente más brillante se extinga en un calabozo por decir la verdad, es un ejército que ha perdido su alma. Es momento de que la reserva moral despierte y reconozca que el verdadero enemigo no es quien critica, sino quien corrompe la institución desde adentro.
«Tu promedio de grado no es un número en un pergamino, es la medida de tu resistencia moral. Eres el Alférez Mayor eterno, aquel que entendió que el mando es un servicio sagrado y no un negocio. La Academia te formó para ser el mejor entre los mejores, y hoy, desde la oscuridad de tu celda, sigues siendo la luz que guía a quienes aún creen en el decoro militar. Tu sacrificio es la semilla de la nueva institucionalidad.»
«Excelencia que no se dobla, honor que no se vende:
¡Justicia para Marín Chaparro!»

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