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*La «luna de miel» entre Donald John y Delcy Eloina* Jesús Alberto Castillo

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Pareciera una novela de Corina Tellado la apasionada «luna de miel» que hoy vive Donald J. Trump, el Míster Danger de la revolución bonita, y Delcy Eloina Rodríguez, la «presidenta encargada». Besos y amores están a la vista frente al majestuoso espectáculo de las cámaras. Dicha relación es tan vivaz que ha impregnado de un desenfrenado éxtasis a quienes hasta ayer detestaban al catire por representar la planta insolente del extranjero.

Pero aquí no se trata de una novela cursi, es real politik. Esa que no se encuentra en cada esquina sino en los más sofisticados salones de palaciega. Los gringos no se andan con rodeos, mucho menos D. J. que se siente el dueño del planeta. Si tiene que «amar» a Delcy no lo dudaría un momento para lograr lo que se planteó desde hace tiempo.

Delcy Eloína tampoco se quedará atrás. De teso sabe bastante, junto a su hermanito Jorge. «La reina de las maletas de oro y cash» se afina sus lentes y muestra una sonrisa candorosa para poner en marcha el plan de Míster Danger. Atrás deja sus cacareado discurso «¡Yankee, go home!» para someterse al embeleso de la estabilidad, la transformación económica y la transición democrática de Venezuela.

Y es que, aunque a muchos no nos guste el asunto, el que manda en Venezuela es D. J. y ese anda más contento que muchacho con juguete nuevo. Delcy, por su parte, hace lo mejor que puede. Tiene que tragarse sus palabras, convencer a sus correligionarios a que se una a la fiesta del catire. ¡Hagamos el amor y no la guerra!, diría John Lenon, el mítico ex-Beatle, junto  a su adorada Yoko Ono.

Ahora todo es cuento de hadas y se abrieron las compuertas de la paz entre la revolución bonita y el imperialismo yankee. Se reanudaron las relaciones diplomáticas Venezuela-USA y el encanto luce color de rosa. Una maravillosa «luna de miel» que tiene a más de uno embelesado y con ganas de arrimarse al festín, aunque no han sido invitados.

Pero, la realidad es cruda como el sol que sale diariamente. Tras esa «luna de miel» hay un teatro. Trump, el verdadero rostro del pragmatismo, conoce donde pisa. Tiene el petróleo, el oro y las tierras raras, pero no se ha zafado de los que han comprometido el hemisferio con China, Rusia e Irán. Eso le llevará un poco de tiempo y por eso usa a su «amada» Delcy Eloína. Mientras tanto la «luna de miel» entre ambas figuras sigue su esplendoro encanto ante el inmenso público de galería.

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