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*Delcy, «la chica buena»*..Por Jesús Alberto Castillo

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El ex mandatario español José Luis Rodríguez Zapatero, adalid para unos cuantos y vivaracho para muchos, ha declarado recientemente que Delcy Rodríguez, si bien perteneció al gobierno de Maduro y le fue fiel, nunca estuvo a favor de la represión. Lo dicho por Zapatero va más allá de ser una cantinflada para convertirse en una poderosa arma de persuasión para lavarle el rostro a los opresores del pueblo venezolano.

El juego de palabras del ex mandatario español nos recuerda esa famosa técnica de negociación  y psicológica llamada «El policía bueno y el policía malo» donde dos interrogadores asumen posturas opuestas para sacarle información al sospechoso. El «malo» se comporta intimidante, agresivo y hostil, mientras el «bueno» se muestra comprensivo, colaborador y afectivo para ganarse la confianza del interrogado.

La técnica es muy efectiva. Se desarrolla en un ambiente de alta tensión y confusión donde ambos policías se ponen de acuerdo para lograr su objetivo. El «policía malo» alza la voz en forma desafiante, camina de un lado a otro y amenaza con aplicar castigos severos si el sospechoso no coopera. En cambio, «el policía bueno» le habla con dulzura al sospechoso, intenta «ponerse en sus zapatos» y le promete «protección» ante su agresor. Esta táctica genera una percepción distorsionada en el sospechoso e intenta suavizarlo para facilitar un acuerdo y arrancarle la confesión.

Eso es precisamente lo que pone en escena Zapatero. En su afán de oxigenar el régimen oprobioso en Venezuela, garante de sus suculentos negocios, pretende venderle al país que Maduro es el «muchacho malo de la película» y Delcy Rodríguez es «la chica buena». Busca quebrar la mentalidad del pueblo venezolano para que vea en esta última la «salvadora» del desastre y confíe plenamente en ella y su inseparable hermano Jorgito.

Algo de preocupación se esconde en el rostro de Zapatero con todo esto. Se avizora una relegitimacion de los poderes públicos, como elemento de la transición democrática, y se requiere «maquillar la imagen» de Delcy para lanzará al ruedo electoral, sin importar que haya sido protagonista de primera línea de Maduro, el policía malo de Venezuela.

Zapatero calcula y actúa, cual chacal de la política. No quiere perder ni el saco ni los cangrejos con la salida forzada de Maduro. Le queda a Delcy como última ficha y hace milagros para mantenerla «fresca». Trata de persuadir a los venezolanos, desorientados por la actual incertidumbre política y víctimas de la represión del madurismo, que se refugien en Delcy, la del «lenguaje moderado». Su narrativa es similar a la de varios políticos venezolanos que son «colaboradores del régimen», aunque se disfracen de corderos. Para ellos, ahora Delcy es «la chica buena» y obvian que ella sigue en el poder gracias a una estrategia sagaz de «Míster Danger» para desmoralizar y desmantelar al régimen.

Afortunadamente, hay refranes muy jocosos que aún se conservan en nuestra memoria colectiva: «De tal palo, tal astilla», «Quién no te conozca, que te compre», «No me vengas con ese cuento que ya me sé hasta el final». O si algunos lo prefieren en poesia: «Te conozco, bacalao, aunque vengas disfrazado», «Debajo de la piel de oveja, el lobo los dientes enseña», «Mucha flor en primavera, pero por dentro es madera». Por más que Zapatero y otos más por ahí traten de endulcorar a Delcy, la realidad no se puede esconder. Está allí al acecho y producirá cambios inexorable en nuestro devenir.

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