Con motivo de la tal Ley de Amnistía aprobada recientemente por la írrita Asamblea Nacional se han emitido varias opiniones divergentes evaluando su procedencia política y jurídica.
Tal evento ha originado que este columnista se plantee un abordaje moral partiendo de la perspectiva religiosa.
Es así como hemos llegado a un estado de cuasi contradicción interna que confesamos como una importante debilidad que aquí nos atrevemos a exponer entendiendo que pudiera generar alguna polémica.
Es el caso que este opinador, quien se reconoce a sí mismo como militante cristiano, además de convencido demócrata, se atreve a exponer dicha cuasi contradicción de la siguiente manera.
Nuestra religión cristiana nos enseña desde muy temprana hora a recitar la oración que el propio Jesucristo nos enseñó y que conocemos como el Padre Nuestro, en la cual formulamos al Altísimo las peticiones fundamentales que nos ayudarán a mantenernos cerca de Él. (Mateo 6:9-13).
En dicha oración pedimos que el Señor “perdone nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a quien nos ofende”.
En esa frase radica la contradicción que este columnista experimenta, puesto que consagra el mandato de perdonar como requisito para ser perdonado pero no menciona el olvido, aunque se presume para completar el ciclo.
Allí es donde confesamos y reconocemos nuestra humana debilidad, puesto que la Ley de Amnistía y demás normativa que la acompaña parece orientarse más hacia los victimarios que hacia las víctimas. Se nos pide “perdonar a quien nos ofende” y bien pudiera agregarse que allí va implícito el olvido.
Con todo el dolor del alma nos preguntamos si lo anterior también incluye el olvido. Nuestra respuesta personal es NO.
Creemos que perdonar puede ser posible en la mente y el corazón, pero -en lo personal- vemos difícil olvidar las conscientes y crueles ofensas causadas por quienes desde posiciones de gobierno persistieron por décadas en ordenarlas, ejecutarlas y justificarlas.
Quienes asesinaron, torturaron, robaron, destruyeron familias y violaron masivamente los derechos humanos no pueden aspirar a que la existencia de una norma de amnistía no surgida de un consenso mínimo, borre las violaciones de los derechos humanos que sufrieron miles de compatriotas.
Así pues, ¿quiénes recluyeron y aún mantienen presos políticos pueden aspirar al olvido, aun cuando una ley o medida judicial haya perdonado? Claro que no.
Entendemos bien que esa actitud es detrimental para la reconciliación, que es el objetivo deseado por todos. Por eso hemos caracterizado esta contradicción como un obstáculo que lamentablemente es compartido por amplios sectores de nuestros conciudadanos.
Han habido otras transiciones en las que los pueblos, con mayor o menor esfuerzo, han logrado superar total o de manera parcial las grietas que dificultaban la reconciliación. Afortunadamente nuestro pueblo es generoso tanto en el perdón como en el olvido. Poca memoria histórica que, en este caso, puede ser una ventaja.
Alemania, vencida y postrada como lo estaba en 1945, pudo superar los odios que la llevaron a su destrucción y en pocos años volver a ser ejemplo de democracia. Tuvieron un Konrad Adenauer que pudo conducir y administrar el proceso.
En Chile, la transición pos-Pinochet a partir de 1990 también consiguió su objetivo democratizador con la llegada de Patricio Aylwyn y toda una generación de dirigentes de postín. Hoy es el país más próspero de América Latina, además de haberse mantenido en democracia desde entonces.
España, tras cuatro décadas de férrea dictadura franquista donde no se permitía ni la libertad de pensar, pudo transitar hacia la ruta democrática desde 1975 gracias a la prudente y acertada conducción del rey Juan Carlos y su Jefe de Gobierno Adolfo Suarez. Pese a sus actuales dificultades la democracia se mantiene sólida.
En otros lugares, como Venezuela, no ha sido fácil y las tensiones siguen vigentes. Desafortunadamente quienes tienen esta sartén por el mango no son ni Adenauer, ni Suarez ni Aylwin sino unos innombrables cuyo único objetivo es cambiar para que nada cambie a fin de preservar sus privilegios.
Dada nuestra personal cercanía con Argentina sí parece conveniente tomar nota de las dificultades y vaivenes del accidentado proceso allí vivido para prevenir que nuestro país no siga aquel camino.
Precisamente esta semana se cumplieron 50 años del golpe de Estado que instaló a la Junta Militar que se mantuvo hasta 1983. Con motivo de ese aniversario algunas organizaciones convocaron a una concentración frente a la Casa Rosada (sede del gobierno). Concurrieron más de 100.000 personas, lo cual demuestra fehacientemente que en aquel país aún no ha podido concretarse la reconciliación cuyo historial es el que tenemos que evitar en Venezuela.
En 1983, justo antes de entregar el gobierno a Raúl Alfonsín, la Junta Militar decretó una autoamnistía plena para todos los que pudieran ser procesados por violación de derechos humanos. Dicha ley fue anulada tan pronto se posesionó el presidente Alfonsín, dando lugar a los muy publicitados juicios a los militares que culminaron en severas condenas. En 1986, el Congreso sancionó la Ley de Punto Final y Obediencia Debida que restituyó la impunidad. En 1989, el presidente Menem concedió indulto a casi todos los militares condenados y procesados por violación de derechos humanos. En 2003, la Corte Suprema emitió un fallo que anulaba esos indultos, lo que permite la reanudación de juicios. Desconocemos el desenlace de esta última etapa.
El recuento que antecede ilustra exactamente lo que no debe ocurrir en Venezuela. Empezamos mal porque la administración de la reciente ley parece demostrar mayor voluntad de amnistiar a victimarios que a víctimas y además parecen evidenciarse amnistías selectivas, libertades no plenas, ”matraqueo” en los juzgados y frecuente falta de cumplimiento de las órdenes de excarcelación , etc. ¡Lo de siempre!
Queda por ver si el “Tutor” (Trump ) o su “escudero” (Rubio) quieran o puedan corregir estos entuertos. Asimismo, queda pendiente constatar si el pueblo en general asume el proceso que se está ejecutando no solo como perdón, sino también como olvido para pasar a una nueva fase de nuestra historia republicana.
apsalgueiro@gmail.com
EMISORA COSTA DEL SOL






