Inicio Destacados Gotas de alborada Adalberto Orta. *El eco de lo que...

Gotas de alborada Adalberto Orta. *El eco de lo que aún respira*

2
0
Sucedió sin que muchos lo notaran. Mientras unos miraban el mapa trazando fronteras con tinta de algún color, otros observaban el cielo y la tierra volverse extraños. El humo no distinguía ideologías; el agua envenenada no preguntaba el color del carnet antes de matar.
Y en medio de ese ruido —el de las bombas, el de las consignas, el de la prisa por posicionarse— alguien dijo una verdad incómoda:
El ecocidio es como las guerras: «pierden los pendejos, ganan los vivos» .
Porque en toda guerra, los que declaran no sangran; los que firman los decretos de explotación minera no respiran el polvo que dejan. Los vivos —los que sobreviven, los que se adaptan a cualquier discurso con tal de no quedar afuera— siguen su curso. Se ubican de un lado y otro según el interés buscado. Y la verdad, esa señora incómoda que no negocia, muere al instante.
Lo más hondo, lo que duele en silencio, es ver cómo la conciencia —esa voz interna que sabe cuándo algo está mal— se subordina al subconsciente político. Actuamos como autómatas de una tribu. Si mi lado lo dice, es verdad. Si mi bando lo hace, está justificado. Y mientras tanto, el río se seca, el bosque arde, el niño en la frontera aprende a odiar antes de aprender a leer.
Pero si uno se detiene un segundo, si aparta la mirada del ruido, ve algo claro:
✓Todo belicismo es negativo.
✓Todo ecocidio es dañino.
No es un problema de izquierda o derecha. No es una disputa ideológica. Es más simple y más grave: es humanismo. Es vida.
Las etiquetas políticas son para los archivos; la tierra quemada es para todos. El aire no entiende de partidos, ni el agua de lealtades partidarias. Cuando el último árbol cae, caemos todos. Cuando estalla la guerra, nadie que esté debajo de la metralla pregunta si la bomba era progresista, demócrata, socialista o conservadora.
Por eso, frente al vértigo de los bandos y la sordera de los intereses, hay una sola postura que tiene sentido:
✓No a las guerras
✓No al ecocidio
No porque sea moda, no porque lo diga una consigna, sino porque el camino es la paz. Una paz que no es debilidad, sino lucidez. La paz de quien sabe que si destruimos la casa común, no habrá trinchera que nos salve.
Y al final, cuando los discursos se apaguen y los líderes de turno hayan pasado, quedará una pregunta que nadie podrá eludir:
¿Qué hiciste con tu conciencia? ¿La subordinaste o la dejaste ser lo que es: el instinto más puro de preservar la vida?
Porque la existencia —la tuya, la mía, la del monte, la del ave, la del río, la del que piensa distinto— no es una ideología.
La existencia es humanidad.
Y la humanidad, si aún quiere serlo, elige la paz.
Un llamado: no a los bandos, sí a la vida. No a la inercia, sí a la conciencia. Porque todavía hay tiempo de escuchar, antes de que el ruido lo ahogue todo, el eco de lo que aún respira.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí