Para Víctor Jiménez, la respuesta es sí, pero no de inmediato, y solo bajo ciertas condiciones.
Por Veronica Egui Brito y Sarah Moreno | El Nuevo Herald
Jiménez, de 58 años, abandonó su ciudad natal de Barquisimeto, en el occidente de Venezuela, hace ocho años, tras lo que describió como años de delincuencia desenfrenada.
“Hicieron un desastre total de Venezuela”, dijo Jiménez. “Me robaron y me secuestraron varias veces. Por eso tantos de nosotros terminamos yéndonos”.
Las preocupaciones de Jiménez reflejan una tendencia amplia en la comunidad de exiliados venezolanos en el sur de Florida y en otras partes del estado: la seguridad se sitúa, de manera constante, como el factor principal que influye en las decisiones sobre regresar a casa.
Los venezolanos que viven en el sur de Florida celebraron la destitución de Maduro el 3 de enero y ven la acción de Estados Unidos como un paso crucial hacia el cambio político, aun cuando persisten las interrogantes sobre quién liderará finalmente el país. Muchos, sin embargo, describen su decisión sobre el regreso como algo profundamente complicado.
Con el paso del tiempo, muchos han formado familias, construido carreras y establecido redes de apoyo lejos de su hogar, transformando comunidades y economías mucho más allá de las fronteras de Venezuela. Solo en Estados Unidos, estimaciones recientes sitúan a la población de origen venezolano en alrededor de un millón de personas; una comunidad que se ha expandido rápidamente en los últimos años a medida que se aceleraba la migración.
LA PATILLA