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¿Hasta cuándo Amoroso?, por Gregorio Salazar

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Transcurridos tres meses de la extracción militar de Nicolás Maduro y Cilia Flores resulta oportuno dar un vistazo a la composición de la cúpula que desde la muerte de Chávez viene concentrando el poder en Venezuela. Quiénes son, cuáles siguen y en qué condiciones permanecen en el poder. Pero sobre todo: cuáles son sus posibilidades de prolongar la omnipotente presencia de otrora.

Si nos remitimos a aquellos felices años (para ellos, obvio) en que Maduro y Flores, Tarek El Aissami y los hermanos Rodríguez se convocaron para dar un saludo de navidad con lenguaje de señas y si, asimismo, tomamos en cuenta que los otros dos factores de poder que no estuvieron en ese “retrato en familia”, fueron Diosdado Cabello, otrora el sempiterno segundo de abordo, y Vladimir Padrino, tenemos que convenir que eran siete los personajes que integraban tan privilegiado elenco.

Por voluntad de ese cenáculo, El Aissami fue catapultado a las alturas de Pdvsa y allí reinaba sin nadie que le hiciera sombra hasta que sus propios compañeros de ruta revolucionaria lo defenestraron acusándolo de apropiarse de unos 21 mil millones de dólares de ingresos petroleros y de fraguar un plan para disputarle el poder a la otra parte de la rosca. Se desconoce su paradero, aunque versiones extraoficiales lo ubican en un centro hospitalario en «modo hotel». La cúpula se redujo a seis.

Todo fue coser y cantar, fraudes vinieron y fraudes pasaron obscenamente impunes hasta la nefasta madrugada (para ellos, obvio) en que la Delta Force se llevó en volandillas a Maduro y Flores para recluirlos en una prisión en Nueva York, donde permanecen sometidos a juicio, con lo cual la cúpula se redujo a cuatro.

Surgieron momentos de recelos, de declaraciones de traición luego prontamente recogidas y perdonadas. Vino el aniversario de la felonía del 4 de febrero y todavía los ministros Cabello y Padrino se dieron el lujo de arengar como si los 27 años transcurridos del gobierno de los fascinerosos del 92 hubieran sido de logros y fabulosas transformaciones para Venezuela, hasta llenar de riquezas la cornucopia de cada uno de sus ciudadanos.

Habían pasado 74 días desde la cirugía extractiva del 3 de enero cuando le tocó el turno al general Vladimir Padrino López, quien fue removido del cargo donde había permanecido por 12 años, convalidando fraudes, excesos represivos, liderando y profundizando la desinstitucionalización de las FAN.

Efectivamente, la carroza se convirtió en auyama y los caballos en ratones cuando el 14 de marzo de este año fue destituido. ¿Por quién? Por el Poder Ejecutivo, evidentemente, quien de acuerdo con la Constitución es quien pone y quita ministros en Venezuela.

De modo que de aquellos siete jerarcas que, visto los resultados, bien pueden ser calificados como Los Siete Jinetes del Apocalipsis, sobreviven tres. Vamos a repetirlos por si acaso el lector no es venezolano, algo muy posible en estos tiempos de la galaxia internet: Delcy Rodríguez, presidente interina con las respectiva carta de “buena conducta” expedida por el imperio, que el pasado de abril la liberó de sanciones, decisión nada sorpresiva si se toma en cuenta que su mandato ya estaba reconocido por la fuerza imperial que vino en busca de petróleo.

Luego tenemos a Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta (¿pa’ qué más?, presidiendo el Poder Legislativo, y coordinando los cambios y reformas legales necesarios para que la industria petrolera y el crudo venezolano fluya en las condiciones deseables para la administración Trump. Y por último figura el ministro del Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, miembro del grupo que reclama las prebendas que supuestamente le corresponden por su condición de ser los originarios del 4-F y que, en efecto, las ejerce a través de su cargo de ministro, vicepresidente del partido de gobierno y figura estelar de la programación del canal 8, ex “de todos los venezolanos”.

Es lo que resta de la cúpula que —del mismo modo que San Pablo, derribado del caballo por una luz divina y enseguida converso— han venido a descubrir, casi tumbados de sus cabalgaduras por los misiles de aquella Resolución Absoluta, que hacer negocios petroleros con los gringos es superbueno. Exacto: no será muy apegado a los dictados revolucionarios de Chávez y Fidel, estará en total contradicción con las monsergas revolucionarias y antiimperialistas del último cuarto de siglo, pero ahora mismo ellos se encargan de dibujar futuros panoramas de tiempos felices como cuando sobre el país caía un diluvio de petrodólares. Tan fácil que era, ¿no?.

forma que vimos salir a cuatro de la vieja cúpula de hierro también hemos tenido la fortuna de ver salir del cargo a aquel manipulador de la justicia llamado fiscal, Tarek William Saab, y casi no pasa un día en que no se anuncie la destitución de algún funcionario de la corrupta red nepótica que había conformado Maduro y Cilia Flores, ex cuñadas, ex maridos, sobrinos, etc.

Pero pudiéramos apostar que si le preguntaran al pueblo venezolano cuál de los funcionarios que permanecen en sus cargos quieren ver removidos y enseguida adecentado el organismo que dirigen, los nombres de Elvis Amoroso y su corte de tahúres en el CNE estarían en todas las quinielas.

Ese organismo colapsó el 28 de julio, dirigió cuatro fraudes consecutivos, declinó sus competencias, negó información y convalidó el desconocimiento de la voluntad soberana de los venezolanos que eligieron presidente a Edmundo González Urrutia. Y con base a sus decisiones se persiguió y encarceló a quienes lo denunciaron. De allí la pregunta que todos con sobrada razón nos hacemos: ¿Hasta cuándo Amoroso?

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo11

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