Inicio Opinión *Gotas de alboradas* Adalberto Orta. *Optimism for tomorrow*

*Gotas de alboradas* Adalberto Orta. *Optimism for tomorrow*

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La unidad de los sectores democráticos es esencial para aligerar los cambios que necesita Venezuela. Establecer una hoja de ruta es el primer paso, y esa hoja de ruta debe construirse desde la amplitud y el respeto a los diversos factores de la oposición. No se trata de borrar las diferencias, sino de convivir en ellas para alcanzar un objetivo común: el rescate de la institucionalidad y el bienestar de los venezolanos.
Es importante mirar hacia adelante, trabajando el presente, y apartar la nostalgia del ayer. No se trata de olvidar —la voluntad popular expresada hace dos años,  es un termómetro que no desechamos—, sino de vivir las realidades que se van dando en el devenir político y social de Venezuela. El presente es nuestro campo de batalla. No nos quedamos anclados en una sola jornada, por importante que haya sido.
En Venezuela es perentorio un cambio en el CNE. Necesitamos rectores que gocen de la plena confianza de los ciudadanos venezolanos, para ir hacia un proceso electoral que conduzca al fortalecimiento de la democracia. Sin un árbitro creíble, no hay elecciones libres; sin elecciones libres, no hay democracia que valga. Ese es el primer gran acuerdo nacional pendiente.
Pero la democracia no es solo votar. El enfoque también debe estar en mejorar el ingreso de las familias, estabilizar la economía, controlar la inflación y unificar el tipo de cambio. Hay que ser más pragmáticos y hablar con la verdad al venezolano: no habrá soluciones mágicas, pero sí pasos reales y medibles. La eficiencia en los servicios públicos, la seguridad ciudadana y, en fin, el cumplimiento cabal de la Constitución nacional son derechos exigibles, no favores concedidos.
El mañana hay que palpitarlo con optimismo. Olvidarse de la teoría del gato negro —esa superstición paralizante que nos dice que todo intento fracasará antes de empezar—. Poner ideas en movimiento es el objetivo. No se trata de esperar un milagro ni de resignarse al caos: se trata de actuar, de empujar juntos, de construir con lo que tenemos mientras exigimos lo que nos falta.
La diversidad de la oposición no es un obstáculo: es su mayor fortaleza. Por eso, unir las narrativas no significa uniformar el pensamiento, sino construir un relato común más fuerte que nuestras diferencias tácticas. Un relato donde quepan tecnócratas, movimientos sociales, liderazgos regionales y ciudadanos de a pie. Un relato que le dice al país: no se trata de quién tuvo la razón ayer, sino de quién construye las soluciones hoy.
Con hoja de ruta amplia, CNE confiable y un plan que ponga a la familia venezolana primero, el cambio es posible. No desde la nostalgia, no desde la superstición, sino desde el trabajo presente y la mirada en alto.
Vamos, Venezuela. Sí podemos.

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