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Desmilitarización del Caribe… Leopoldo Puchi

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Tras el ataque militar estadounidense del 3 de enero contra Venezuela, el Caribe sigue militarizado. En lugar de abrirse una fase de distensión, la hostilidad estadounidense se ha vuelto persistente. No se trata de una concentración naval puntual, sino de un dispositivo estructural de control regional permanente, donde la flota es solo la parte más visible de una presencia mucho más amplia.

Incluso con la reanudación de relaciones diplomáticas, no estamos ante una relación basada en soberanía recíproca, sino ante una diplomacia sostenida por la fuerza.

LA FLOTA

El despliegue militar abarca mar, aire y tierra. A la flota anfibia encabezada por el USS Iwo Jima y los más de 4.500 marines de la 22ª Unidad Expedicionaria se suman drones MQ-9 Reaper, cazas F-35 desplegados en Puerto Rico y la reactivación de la base Roosevelt Roads en Ceiba. A ello se añaden radares en Trinidad, operaciones desde Colombia y una estrecha coordinación con Panamá.

EL LAGO INTERIOR

En este contexto, el Caribe deja de ser un espacio de tránsito y de intercambio para convertirse en un área bajo control. Estados Unidos condiciona qué circula, en qué condiciones y bajo qué autoridad. En el caso venezolano, esto implica la pérdida efectiva de soberanía sobre sus exportaciones energéticas. Para el resto de la región, supone la transformación de un mar compartido en un auténtico “lago interior” bajo soberanía de facto estadounidense.

PERIMETRO

Este esquema responde a la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y a la denominada “Gran América del Norte”, que incluye a Venezuela y delimita un perímetro desde Groenlandia hasta Guyana y Ecuador bajo dominio de Washington. En esta visión, el Caribe deja de ser un espacio compartido y pasa a ser administrado en función de los intereses estadounidenses.

ESQUEMA

No se trata simplemente de una formulación teórica, sino de una estrategia operativa que se traduce en prácticas concretas a escala regional: el bloqueo del suministro de petróleo a Cuba y la amenaza de intervención militar indican que el control no se limita a un país, sino que es parte de un proceso integral de reordenamiento geopolítico regional.

DESMANTELAMIENTO

De forma simultánea a la militarización del Caribe, Washington busca desmantelar las capacidades militares de Venezuela como parte de su estrategia. El ataque del 3 de enero no solo apuntó a la decapitación del Estado, sino también a debilitar la operatividad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y reducirla a tareas de orden interno.

Este enfoque dual —militarización externa del Caribe y debilitamiento de la capacidad defensiva venezolana— condensa la política diseñada para imponer el dominio estadounidense.

“ZONA DE PAZ”

La militarización socava la condición de la región como “zona de paz”. Organismos como la Celac y Caricom enfrentan presiones externas para alinearse o inhibirse y han reaccionado de manera limitada.

La seguridad regional frente a las organizaciones criminales no puede construirse desde una visión militarista ni de forma unilateral, sino sobre la base del respeto a la soberanía y de mecanismos de cooperación entre países ribereños en condiciones de igualdad.

RESPETO

La desmilitarización del Caribe aparece como la única salida sostenible. Solo mediante el respeto al derecho internacional, la recuperación de la autonomía estatal y una acción sostenida de denuncia y defensa política por parte de los países de la región puede revertirse la lógica de fuerza estadounidense.

La integración regional y la cooperación entre países latinoamericanos y caribeños constituyen la vía para garantizar seguridad y desarrollo independiente. De lo contrario, el Caribe corre el riesgo de consolidarse como un “lago interior” bajo control estadounidense.

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