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Pretensiones peregrinas, por Gregorio Salazar

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Venezuela sigue bajo secuestro. Secuestro de sus instituciones y de las garantías a los derechos humanos tan largamente vulnerados y conculcados. Secuestro de las aspiraciones de los trabajadores a un salario digno, cónsono con el costo creciente de la canasta familiar. Secuestrada la ruta electoral y ni qué decir de los 473 presos políticos que permanecen en los infiernos penitenciarios del régimen, que ahora inconstitucionalmente ha declarado el final de la vigencia de la Ley de Amnistía.

Lo que sí tenemos es una «presidenta interina» en anticipada y desesperada campaña electoral. Delcy Rodríguez deja actuar a sus anchas a la administración Trump en lo económico y petrolero y acepta con complaciente mansedumbre todas sus decisiones, incluida la vuelta al regazo del Fondo Monetario Internacional (FMI), una de las entidades multilaterales más satanizadas por la izquierda latinoamericana por «neoliberal y antipopular». A cambio pone un torniquete a la reinstitucionalización y se lanza a recorrer el país antes del regreso de María Corina Machado, la inevitable eventualidad que les hiela la sangre en las venas.

Ya pasaron los tiempos del supremo delirio, del engreimiento total cuando Venezuela se creyó capaz de asumir el papel de la banca internacional y se lanzó, entre 2005 y 2008, a comprarle bonos a la Argentina de Néstor Kirchner por un monto de 5.600 millones de dólares para que fortaleciera sus reservas internacionales. Kirchner pudo así eludir sus compromisos con el FMI. Las condenas a las políticas de liberación económica sacudían el continente.

El régimen hoy encabezado por Delcy Rodríguez es la continuidad del mismo que llevaba catorce años fuera del FMI. Que se negó a recibir una misión técnica de ese organismo. La misma cúpula que impuso total opacidad estadística en el BCV hasta mantener a ciegas a la nación sobre las cuentas públicas. Que centralizó, estatizó, expropió, que redujo el aparato económico a su quinta parte y a la moneda nacional a basura cósmica.

Este es el mismo proyecto político inaugurado por Chávez, quien recibió una deuda externa de 30 mil millones de dólares, la llevó a 90 mil millones, y que hoy va por más de $160 mil millones. En 2009 Chávez proclamaba un nivel de reservas, sumando al Fonden y PDVSA, de $80 mil millones y hoy, después de la revalorización del oro y los nuevos ingresos petroleros, apenas llega a unos $14 mil millones con un país en ruinas. Para Chávez, el nivel «idóneo» de reservas era de $30 mil millones. A lo demás le daba palo sin contemplaciones.

De acuerdo con los especialistas, durante estos 27 años el chavismo recibió más de un trillón cien mil millones de dólares. En ese saco roto cayó un diluvio de petrodólares, los ingresos récords del Seniat, los préstamos chinos, la venta de infraestructura petrolera en el exterior, el contrabando del oro y otros minerales, todos los recursos del estado manejados, regalados, dilapidados, robados a manos llenas desde PDVSA o desde la Tesorería Nacional, como lo hicieron el escolta y la enfermera que Chávez colocó como fachada de su demencial actuación directa sobre esa entidad. Hay presos en EEUU, pero aquí la impunidad es casi total.

*Lea también: Reinclusión de Venezuela en el FMI y el Banco Mundial, por Omar Ávila

El chavismo forzosamente desabrido y desteñido de Delcy Rodríguez ha vuelto al seno del FMI sin quejas, protestas, lamentos ni condiciones. Con menos traumas y retorcimientos que el «socialismo» de Cristina Kircher, cuyo hijo Máximo fue capaz de renunciar a la jefatura de la fracción parlamentaria con tal de no tener que discutir la reprogramación de la deuda argentina en tiempos de su propio gobierno, el de Alberto Fernández. Primeros muertos antes que tragarse la descocada verborrea revolucionaria.

Aquí la industria petrolera vuelve casi que a los tiempos de sus orígenes: sometida y desnacionalizada. Delcy da el sí y a cambio actúa sin control y sin que la reinstitucionalización avance. Se autoproclama «la peregrina» y se lanza a recorrer el país en busca de la reconección con los sectores populares, que el chavismo perdió comprobadamente como mínimo desde el 2014 cuando la oposición ganó la Asamblea Nacional con mayoría calificada.

Callando ante Trump y poniendo en marcha una nueva fase del ventajismo electoral, sin nuevo CNE, ni cronograma, ni garantías Delcy Rodríguez ya está en campaña presidencial, al frente del mismo grupo político que después de destruir la economía barrió con todas las garantías electorales, pero que no obstante recibió la mayor paliza electoral de la historia.

No importa que Delcy Rodríguez se eche encima el ropón de «la paz» o el de la «eficiencia revolucionaria». Lo clave es la obsesión chavista de permanecer, a toda costa, como los eternos dueños de Venezuela. Pero la crudeza de la tragedia en que sumieron a este pueblo no se borra de la memoria de los venezolanos. Más temprano que tarde se demostrará cuán peregrinas son las pretensiones.

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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