Esta mujer, con una fortaleza envidiable a sus 81 años, es la imagen de la valentía femenina, que se impuso en lo que queda del sistema medial venezolano. Para extraerle la verdad a un régimen criminal, desprovisto de sensibilidad, incluso, para aceptar que otro venezolano fue asesinado en sus ergástulas.
Carmen Teresa Navas es ya un símbolo que pervivirá en el imaginario sentimental de esta Venezuela, envenenada durante décadas por el resentimiento cupular y el ciego fanatismo de su feligresía. Más que una madre coraje, ella encarna la entrega absoluta del amor incondicional. Ese que alimentó su incansable peregrinaje, por esos espacios que el socialcomunismo le tiene reservados a todos aquellos que sus ojos ven como sospechosos. Gulag, reproducidos en estos gorilatos tercermundistas, que tienen la impronta del modelo penitenciario de la URSS, en esencia campos de concentración.
Esta mujer, con una fortaleza envidiable a sus 81 años, es la imagen de la valentía femenina, que se impuso en lo que queda del sistema medial venezolano. Para extraerle la verdad a un régimen criminal, desprovisto de sensibilidad, incluso, para aceptar que otro venezolano fue asesinado en sus ergástulas. Su gesta desnudó la desidia, la incompetencia y la falta de probidad e independencia de un poder judicial que sólo cumple órdenes y firma sentencias que llegan desde Miraflores. Visto lo visto, aquello no puede dar más vergüenza. Pues hacen ostensible que son absolutamente prescindibles, por ser una especie de peligrosa mafia, convertida en amenaza para la mayoría de los nacidos en este territorio. Los mismos que siguen luchando por ser parte de un país, y no una colonia de la más cruel, vetusta y parasitaria tiranía de nuestro continente.
Carmen Teresa Navas sabía que también enfrentaba serios peligros, pero no se acobardó. Ella tenía claro que su hijo era rehén de un régimen desalmado. Fue secuestrado porque parecía extranjero. Alto, blanco y rubio, con el nombre del gran escritor galo y apellidos europeos. A sus captores deben haberle pagado un monto superior por este forastero. Este caso ha destapado las perversiones del zurdo sistema judicial instaurado en Venezuela, convertido en victimario de nacionales y extranjeros. Ya no pueden ocultar la descarada y flagrante violación a los derechos humanos, por parte de un despotismo que avanza hacia su tercera década. Cuando una investigación confiable traspase el enrejado carcelario, veremos la ferocidad y crueldad que han tenido que sufrir los que aún viven, y los que fueron torturados y asesinados en las mazmorras.
Estas últimas servían como depósitos de seres humanos, antes que la pérdida de la libertad se convirtiera en castigo. En aquellos calabozos los reos esperaban las penas, centradas en el dolor físico, la humillación pública, el destierro o la muerte. Me arriesgo a concluir que este régimen ha involucionado hasta las formas más primitivas y crueles de castigo. Esas que utilizaban el cepo, los azotes, las mutilaciones, el hierro candente, et al, para administrar el sufrimiento y el suplicio.
El sufrimiento -igual o peor- lo padecen las madres como Carmen Teresa Navas. Quien peregrinó con la cruz de la duda y el dolor por cárceles, morgues, tribunales, fiscalías y otras oficinas públicas sin encontrar respuestas sobre su hijo. Quien fue detenido entre el 1 y 3 de enero de 2025 en las adyacencias de la Plaza Venezuela, por esbirros ataviados de negro y sin identificación. Era año nuevo y Víctor Hugo -un trabajador informal- le llevaba una caja de bombones a su madre.
Durante un largo año y cuatro meses, Carmen Teresa, buscó día y noche a su hijo. Ella no tenía conocimiento que Víctor Hugo era parte de la misma causa de extranjeros, detenidos masiva y arbitrariamente, en los meses posteriores a la elección del 28 de julio de 2024. Dicen que estuvo preso en la cárcel El Rodeo I. El Ministerio para el Servicio Penitenciario sí tomó nota del silencio de Víctor Hugo, quien nunca suministró datos sobre vínculos filiatorios. También confirmó que ningún familiar solicitó visita formal.
Pero Carmen Teresa buscó a Víctor Hugo desde enero de 2025 en unos 21 centros de detención, tres de la Misión Negra Hipólita, una morgue y dos tribunales. En febrero de ese año consignó un oficio dirigido al entonces fiscal Tarek William Saab, y acudió diez veces a la Defensoría del Pueblo.
Cuando la situación se tornó abrumadora para el zurdaje, salió a flote la verdad. Víctor Hugo estaba muerto hace bastante tiempo, pero fue el pasado 7 de mayo cuando Servicios Penitenciarios ofreció su tardía versión de lo ocurrido. Según la misma, el 15 de julio Víctor Hugo fue trasladado al hospital militar Carlos Arvelo por presentar hemorragia digestiva superior y fiebre, pero falleció 9 días después por insuficiencia respiratoria. El 8 de mayo fueron exhumados los restos de Víctor Hugo Quero Navas, dos días antes que el tribunal le negara la amnistía.
Agridulces
La represión del régimen no tiene límites en su irreductible arbitrariedad. Por eso detienen a Scarlet Ortiz con 7 meses de embarazo. El parto fue tras las rejas. Scarlet es la esposa del ex concejal del PSUV, José García Sabino, asesinado en el retén de la policía de Anaco.
CORREO DEL CARONI






