Personas cargan sus pertenencias en un vehículo tras los terremotos del 24 de junio en Caraballeda, estado La Guaira, Venezuela, el 5 de julio de 2026. Leonardo Fernandez Viloria/REUTERS/REUTERS
Poco a poco, Caracas empieza a recuperar algunos gestos de la vida cotidiana tras los potentes terremotos que sacudieron el norte de Venezuela con apenas segundos de diferencia. Hay más coches en las calles, algunos comercios volvieron a abrir sus puertas y centros comerciales, gimnasios y peluquerías retomaron sus actividades, aunque muchos todavía funcionan con horarios reducidos.
El tráfico, que suele ser uno de los mayores dolores de cabeza de las grandes capitales, se siente más fluido de lo habitual, especialmente en las horas pico debido a que las clases continúan suspendidas en la ciudad.
En las oficinas, el regreso también es parcial. Algunos edificios resultaron afectados por los terremotos y varias compañías han tenido que mudar temporalmente sus operaciones a otras sedes mientras evalúan si sus espacios son seguros. En los edificios residenciales, volver a casa se ha convertido en un proceso lento. Hay zonas de acceso restringido mientras equipos técnicos revisan estructuras afectadas.
Niños juegan en un refugio temporal administrado por las Naciones Unidas (ONU) en el Complejo Deportivo José María Vargas, tras los terremotos del 24 de junio, en La Guaira, Venezuela, el 7 de julio de 2026. Marian Carrasquero/REUTERS/REUTERS
Las autoridades utilizan un sistema de semáforo para determinar cuáles pueden ser ocupados. En algunos edificios se han autorizado únicamente reparaciones menores, como corregir grietas, arreglar frisos o atender daños superficiales. Los que requieren obras mayores esperan ser evaluados a detalle.
Los ascensores también muestran que el miedo sigue ahí. Aunque en algunos edificios ya comenzaron las inspecciones para volver a ponerlos en funcionamiento, muchos vecinos todavía prefieren subir y bajar por las escaleras porque temen que pueda ocurrir otra sacudida.