Desde la madrugada del 3 de enero, cuando después de 14 años de su régimen despótico Nicolás Maduro fue llevado a una prisión norteamericana por la Delta Force, las ansias de libertad, el deseo de los venezolanos de un cambio radical a la crisis nacional y las urgencias por dejar atrás la larga y amarga noche chavista no han hecho sino crecer exponencialmente.
Por encima de la tristeza, el duelo y el sacudimiento espiritual por la tragedia social dejada por el movimiento telúrico del 24-J. Pese a la acción en cámara lenta que le ha imprimido la administración Trump al proceso post-Maduro. Ni por las absurdas alabanzas al desempeño de Delcy Rodríguez, como cooperadora necesaria para la captación de nuestras reservas petroleras y otras riquezas mineras se ha apagado el fervor ardiente de los venezolanos por el rescate del Estado de Derecho y todos los valores de la democracia.
Y hoy por hoy es evidente que tampoco han logrado desbancar el sólido liderazgo de María Corina Machado como la única referencia política de cambio y estratosféricamente por encima en la preferencia popular del ahora proimperialista dueto de los Rodríguez, según la enfática acusación de los esmirriados revolucionarios quema-banderas, los autodenominados «chavistas originarios» que lanzan lecos a la distancia, totalmente desatendidos por Jorge, Delcy y Cabello.
Cuando se está a las puertas del diálogo de las comisiones paritarias que encabezan Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez, la inmensa mayoría de los venezolanos mantiene su punto de mira en estas dianas: elecciones libres, seguras, confiables, con la mayor participación de los votantes dentro y fuera del país y María Corina Machado como candidata a la presidenta de la República. Basta salir a la calle y pulsar la opinión de cualquier ciudadano. Una línea que se mantiene desde meses antes de las elecciones primarias de 2023.
Pero nada de eso dejaría al grueso de la población resarcida de su sufrimiento y sacrificio de tantos años si no se le garantiza la oportunidad de ratificar la épica victoria obtenida en las urnas electorales el 28-J, cuando eligió a Edmundo González presidente de la República con el apoyo multitudinario que le endosó la señora Machado.
Ese es el marco general en el cual arranca el diálogo de Rodríguez y la diputada Figuera, que ha regresado al país retomando su discurso sobre las reformas legislativas y el cambio del CNE y el TSJ, pero ahora ha puesto énfasis en atender la emergencia salida del doble sismo del 24 de junio.
Efectivamente hay que mover a toda marcha la asistencia y la solidaridad con los miles y miles de afectados por el doble terremoto. Pero el país necesita a la par el impulso para el despegue hacia otra etapa de su historia mediante la relegitimación de las autoridades nacionales.
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Cuando están entrando en acción el grupo de actores parlamentarios liderados por Figuera y Rodríguez se produce en los Estados Unidos un hecho de importancia capital: un grupo de senadores bipartidista de EEUU presentó una resolución en la que exigen una transición democrática y pacífica en Venezuela con la liberación de todos los presos políticos y la celebración lo antes posible de las elecciones «justas, transparentes y con plenas garantías».
Se trata de una postura clave por su carácter bipartidista que viene a converger con los reclamos que se hacen nacionalmente. Importantísima iniciativa que debe convertirse en un soporte fundamental para el proceso venezolano más allá de las elecciones de medio término para el mes de noviembre, donde los republicanos y con ellos el presidente Trump pueden encajar un revés de severas proporciones. La ruta hacia la libertad y la recuperación de nuestra soberanía debe seguir ensanchándose.
Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.
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