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A tres meses del cambio en Miraflores, la inflación sigue siendo un problema

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Para José Guerra la expectativa es favorable por la economía petrolera, pero la no petrolera tiene debilidades evidentes

Este 3 de abril se cumplieron tres meses de la salida del poder de Nicolás Maduro y la asunción como presidenta encargada de Delcy Rodríguez.

Su llegada al poder ha producido algunos cambios institucionales y políticos, pero en el terreno económico es donde se ha sentido con más fuerza el golpe de timón, con reformas importantes a leyes como la de Hidrocarburos, que modificó por completo la noción del negocio petrolero durante las décadas de la llamada Revolución Bolivariana. Sin embargo, la inflación sigue siendo una asignatura en la que el Gobierno parece que va a reparación.

Para el economista y dirigente político José Guerra, el balance económico tras la llegada de Rodríguez es favorable y menciona la reforma a la legislación petrolera como un paso adelante que abre las puertas a la inversión “porque la ley anterior era muy limitativa”.

Considera que uno de los factores positivos de esta Ley es que permite el arbitraje internacional, un aspecto que brinda confianza a los inversionistas.

Pero en la economía no petrolera las cosas no parecen marchar tan bien. “En general la veo débil por un problema de falta de demanda, porque los salarios están muy bajos”, comenta.

Plantea que hay sectores que han crecido, como el financiero, pero en este sector, “la cartera de crédito está indexada al tipo de cambio”, por lo que el crecimiento es natural en la medida en que el bolívar pierde su valor.

Explica que también se ha producido crecimiento en el sector farmacéutico, mientras la manufactura no luce fuerte y la construcción no arranca.” Entonces, ahí hay un problema, pero claramente la economía va a crecer”.

Inflación sin control

Para Guerra hay una asignatura pendiente: “Creo que es el talón de Aquiles y es el tipo de cambio”. Explica que la depreciación del bolívar respecto al dólar en marzo fue de 13%, mientras la anual llegó al 570%.

“La economía está lo que llaman desanclada, es decir, no tiene un ancla para los precios”, explicó. Añade que “la inflación se está moviendo al ritmo del tipo de cambio. Ahí es donde está el gran problema para mí”.

Explicó que el Banco Central de Venezuela está devaluando todos los días, “aunque este año menos que el año anterior, con la idea de cerrar la brecha con el mercado paralelo”.

Dice que esta es una carrera que “pasa por dos carriles”, porque el paralelo sigue subiendo, entonces, ¿qué es lo que pasa? “Que hay tres tipos de cambio en realidad. Está el cambio del Banco Central, que nadie sabe cómo lo determina; el de la subasta del Banco de Venezuela, que es el que marca la segunda tasa y el paralelo.”

Comenta que los dólares que están entrando en la economía deberían ser suficientes para satisfacer la demanda y no está ocurriendo de esa forma. Explica que para estabilizar el tipo de cambio tienen que ocurrir dos cosas: Una oferta de dólares, que según Guerra debe existir, porque el precio del petróleo ha escalado hasta 90$ el barril y está aumentando el volumen de producción.

El otro factor importante es el control sobre los bolívares “que salen a comprar dólares”. “Eso se ha venido contrayendo también, pero están las condiciones para que el tipo de cambio no se siga devaluando, porque hay dólares y la oferta de bolívares no está creciendo como antes. Entonces, quiere decir que el Banco Central tiene una política expresa de devaluación”.

Para Guerra, esta política es equivocada. “A mí me parece que lo que puede estar ocurriendo es que el Banco Central, el gobierno, sigue devaluando para tratar de tener más ingresos fiscales y tratar de cerrar el déficit”. Señala que los dos aspectos están llevando a un ciclo inflacionario muy alto.

El economista considera que el crecimiento en la economía no petrolera y el empleo relacionado tardarán en producirse. “Eso tarda. El empleo que se está creando es el que gira en torno al petróleo y es un empleo muy calificado”, señala.

En función de lo expresado, considera que al cierre de este año se producirá un crecimiento del PIB entre 12 y 15%. “Es un crecimiento alto, pero movido por el petróleo, porque la economía no petrolera está afectada por la inflación”, señala.

Las distorsiones y las olas

En un artículo de opinión titulado La economía de las olas: cómo leer la recuperación desigual”, el economista Asdrúbal Oliveros contrasta la situación previa a la salida de Maduro y la posterior: “Cerramos el 2025 con una inflación en bolívares cercana al 500% y más de 35% en dólares. Venezuela está a las puertas de un nuevo ciclo hiperinflacionario. Sin embargo, adentrándonos en 2026, y tras los eventos del 03 de enero, la trayectoria para la economía es totalmente diferente: se espera que la inflación se desacelere, que la economía crezca, un mayor flujo de caja en áreas puntuales y, sobre todo, un cambio en las expectativas”, relata.

Dice en el texto publicado en Tal Cual que, después de los eventos de principios de enero, el mercado reordenó sus prioridades y, cuando eso pasa en Venezuela, la economía no se mueve en bloque. Se mueve por «olas», por lo que plantea que la recuperación será desigual.

A continuación, Oliveros describe las características de las olas:

“La primera (La que arrastra)”: Se refiere a los sectores de hidrocarburos, energía y todo su ecosistema. “No solo por el potencial de mayores ingresos para el país frente a 2025, sino por su efecto multiplicador inmediato sobre la logística, los servicios industriales y ciertas áreas de construcción ligadas a dichos sectores”.

La segunda ola (la silenciosa) sería la de los servicios empresariales e inmobiliarios, e incluso espacios vinculados a las contrataciones o servicios públicos. “Son sectores que reaccionan cuando hay un mínimo de previsibilidad. No necesitan certezas absolutas, solo un entorno ligeramente menos caótico que el año anterior”, explica.

Dice Oliveros que la tercera ola (la recomposición) la conforman el comercio y el retail. “Aquí la narrativa exige cautela. No estamos viendo el «boom» de consumo de hace unos años ni hay impulsos artificiales. Lo que hay es una recomposición lenta, segmentada y con un cliente muchísimo más exigente respecto a la propuesta de valor. Pero en el mediano plazo (3-4 años), Venezuela se prepara para duplicar su PIB per cápita y allí afloran las oportunidades”.

Luego las que describe como “las olas tardías”, compuesta por la construcción (residencial/comercial) y manufactura tradicional. “Su potencial está intacto, pero dependen de un oxígeno que sigue siendo escaso: crédito bancario, financiamiento a largo plazo y reglas del juego que se sostengan en el tiempo”.

Por último, el economista habla de “la ola condicionada”, que está formada por el turismo y servicios locales. “Tienen oportunidades, pero su techo lo marcan la infraestructura, la conectividad y el gran cuello de botella nacional: la institucionalidad”.

Balance

Evidentemente, cuando se cumplen tres meses de la Presidencia encargada de Delcy Rodríguez, las expectativas de la economía venezolana presentan una mejora, impulsada por los levantamientos de las sanciones económicas de los EEUU, que ha permitido que Pdvsa venda su petróleo sin descuentos, a precios internacionales, mientras la administración Trump intenta convencer a las transnacionales petroleras de que inviertan en Venezuela y el efecto de la guerra en Irán dispara los precios del crudo.

Leyes como la de Hidrocarburos, y la de Minas, que está en proceso de aprobación en el Parlamento, permitirán contrarrestar la opacidad con que se manejaban esos recursos y deberían hacer más eficiente el ingreso por ese concepto, que antes se perdía en la maraña de la corrupción.

Pero las medidas contra la devaluación, la inflación, la recuperación de la infraestructura, mejoras en la seguridad, el coto a la corrupción gubernamental y la conformación de una institucionalidad respetable a través del voto popular que genere confianza para blindar la inversión extranjera, serán elementos claves que permitirán pavimentar un crecimiento económico realmente perdurable.

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