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Bolívar: el despertar de una potencia agropecuaria y el nuevo modelo de país

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Con más de cuatro millones de hectáreas con clara vocación productiva y barreras naturales estratégicas, el estado Bolívar se perfila como el nuevo eje agroalimentario de Venezuela. Lo que hoy permanece como un potencial dormido, mañana será la despensa que alimente al país y proyecte su producción hacia los mercados internacionales.Tradicionalmente reconocido por su músculo minero y energético, Bolívar resguarda en silencio un gigante aún subestimado: un sector agropecuario capaz de redefinir el Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Estamos ante el umbral de una nueva era: el tránsito de una economía de extracción hacia una economía de siembra, vida y sostenibilidad. Con una extensión superior a los cuatro millones de hectáreas aptas para el cultivo y la cría, el estado no solo aspira a abastecer el consumo interno, sino a consolidarse como un nodo estratégico de exportación para la Venezuela que viene.

Esta visión del despertar agropecuario de Bolívar se alinea de forma natural y directa con los objetivos del plan Venezuela Tierra de Gracia, que plantea la reconstrucción del país desde el campo como eje estructural del desarrollo nacional. Bolívar encarna, en escala territorial, sus metas fundamentales: garantizar la seguridad alimentaria mediante producción interna sólida; transformar al productor en empresario del campo, integrado a cadenas de valor modernas; restituir la propiedad privada plena como base del crédito y la inversión; impulsar una agricultura sustentable apoyada en ventajas naturales y bioseguridad; promover un desarrollo rural integral que dignifique la vida en el interior del país; y proyectar a Venezuela como exportador agroalimentario competitivo. En este marco, Bolívar no es una promesa abstracta, sino un territorio listo para ejecutar ese modelo de país, demostrando que la reconstrucción nacional comienza donde hay tierra, trabajo, propiedad y visión de futuro.

El mapa de la producción: ocho municipios clave

Si bien la actividad primaria se extiende a lo largo de toda la geografía regional, el mayor dinamismo productivo se concentra en ocho municipios estratégicos: Piar, Sucre, Cedeño, Angostura, Angostura del Orinoco, Padre Chien, Roscio y Sifontes.

Desde los suelos “súper aptos” de La Paragua —con rendimientos históricos de hasta 12.000 kg/ha de maíz— hasta la arraigada tradición ganadera de El Palmar y Guasipati, Bolívar exhibe una diversidad de rubros que promete devolverle al campo venezolano su brillo y protagonismo histórico.

El futuro inmediato dibuja valles verdes donde el sonido de la maquinaria moderna y el crecimiento sostenido del hato regional serán la banda sonora del progreso, la soberanía alimentaria y la prosperidad real.

Una fortaleza sanitaria natural

Uno de los activos más subestimados del estado Bolívar es su geografía. La región cuenta con una zona de contención natural única para el control de la Fiebre Aftosa (FA): el imponente río Orinoco al norte y la densidad del Escudo Guayanés al sur funcionan como verdaderos blindajes epidemiológicos.

Esta ventaja competitiva representa una llave de acceso a los mercados internacionales. Bolívar no solo está llamado a producir para Venezuela; el mundo pondrá su mirada en esta región como referencia en bioseguridad, trazabilidad y calidad genética.

Seguridad jurídica: el paso hacia la propiedad privada plena

Para liberar plenamente este potencial y garantizar el cambio estructural que el país reclama, es indispensable establecer cimientos legales sólidos e inquebrantables. La verdadera reactivación del campo pasa por una política clara y definitiva de seguridad jurídica: las tierras hoy administradas bajo figuras como el INTI deben transitar hacia la propiedad privada plena.

El Estado debe dar un paso al costado en la tutela de los predios productivos y otorgar títulos de propiedad reales a los productores. Solo transformando la ocupación en propiedad se garantiza el derecho al patrimonio y se habilita el acceso al financiamiento nacional e internacional. Sin propiedad no hay inversión sostenible; con seguridad jurídica, Bolívar puede convertirse en el motor de la reconstrucción nacional.

Superar los obstáculos para liberar el potencial

A pesar de los desafíos en materia de infraestructura y suministro eléctrico, la determinación del productor bolivarense se mantiene firme e inquebrantable.

La crisis ha sido una maestra dura pero efectiva, forjando una generación de agricultores y ganaderos resilientes, preparados para modernizar cada unidad de producción. Con la llegada de nuevas inversiones y el respeto absoluto a la propiedad privada, seremos testigos de una transformación sin precedentes, donde el campo volverá a ser sinónimo de empleo digno, productividad y prosperidad.

De 40.000 a 600.000 reses: el caso del municipio Piar

El municipio Piar es el ejemplo más claro de lo que está en juego. Hoy produce cerca de 40.000 reses anuales para sacrificio, pero el objetivo de alcanzar 600.000 reses al año —equivalentes a 300 millones de kilogramos en pie— es perfectamente alcanzable.

Imaginemos a Upata como el epicentro de un corredor agroindustrial moderno, con un matadero industrial propio y un aeropuerto logístico capaz de despachar cortes de carne de primera calidad hacia los mercados internacionales. No es una utopía: es una meta técnica, económica y territorialmente viable.

Una promesa de prosperidad

Bolívar está a un paso de dejar de ser únicamente la tierra del hierro para convertirse también en la tierra del pan.

La visión de un país diversificado, donde el productor es dueño legítimo de su tierra y el campo representa riqueza, tecnología y futuro, ya no es un anhelo lejano: es un plan de acción concreto que nos convoca a todos.

“Tenemos las tierras y tenemos la disposición”.

El despertar agropecuario de Bolívar es la señal inequívoca de que los mejores días de nuestra nación aún están por escribirse. Muy pronto, el estandarte de nuestra bandera no solo ondeará sobre minas y yacimientos, sino sobre potreros y surcos de maíz entre los más fértiles del continente.


Sobre el autor

Octavio Rafael Páez Malavé es profesor y productor agropecuario. Cuenta con una destacada trayectoria gremial como exvicepresidente de la Asociación de Ganaderos del municipio donde reside y extesorero de la Federación de Productores Agropecuarios del estado Bolívar. Su labor integra la formación académica con la experiencia directa en las unidades de producción, impulsando un cambio estructural hacia una Venezuela verdaderamente productiva.

 

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