El problema data de hace más de dos décadas y la dictadura cubana no ha hecho nada al respecto. Incluso, en los años 90 se duplicaron los casos de leptospirosis por una situación similar a la que hoy viven los cubanos
Cuba se hunde en la basura. Sin embargo, no se debe al «asedio petrolero» de Estados Unidos, como afirman medios afines a la dictadura castrista, que justifican la problemática en el recorte de barriles de petróleo y derivados, supervisado por el Gobierno de Donald Trump. Por el contrario, la acumulación de basura ocurre hace décadas, mientras la cúpula política disfruta de privilegios y de fortunas millonarias
Se calcula que solamente en La Habana se generan unos 30000 metros cúbicos diarios de desechos, según datos del año 2024 de la Dirección Provincial de Servicios Comunales. Aún así, no hay estadísticas oficiales actualizadas sobre cuánta basura exacta está acumulada en las calles, y la dictadura admitió que no sabe cuánto residuo se genera realmente. Ante esto, al régimen comunista de Miguel Díaz-Canel no le quedó otra opción que movilizar más de 450 «brigadas de soldados» para intentar limpiar las calles de La Habana.
El problema de la acumulación de basura en Cuba deja otra lectura: la dictadura activa al ejército para esta tarea –que nada tiene que ver con sus funciones naturales–, ya que cualquier muestra de descontento social podría complicar aún más la situación del castrismo, vigilado por el Gobierno de Trump. El pánico es total en la dictadura, la cual también activó caravanas nocturnas para supuestas movilizaciones de milicias.
El delirio de quemar basura a cielo abierto
Como suele suceder con cada crisis en Cuba, la dictadura culpa a Estados Unidos, esta vez por «la falta de combustible» para los camiones recolectores. Manuel Marrero, primer ministro del régimen, también pidió a la población «que se sume» a las brigadas. La situación empeora porque la orden es quemar toneladas de basura a cielo abierto. Las autoridades locales dicen que «la medida está dirigida a tener un mejor control sanitario y ambiental».
Dicho argumento es falso. Estudios científicos comprueban que quemar basura libera sustancias químicas al ambiente que pueden generar desde problemas respiratorios hasta daños neurológicos. Solamente las dioxinas, que se liberan de la quema de plástico, pueden adherirse a la superficie cerosa de las hojas y, de esta manera, entran en la cadena alimentaria, tal como explica el Departamento de Recursos Naturales de Wisconsin, en EEUU. Pero el castrismo, indolente ante los riesgos para la salud de los cubanos, autorizó 24 puntos «para la incineración controlada de desechos» al aire libre.
El régimen cubano calificó la «higienización» de La Habana como un asunto prioritario, lo cual refuerza la hipótesis de que la dictadura busca solucionar lo antes posible una problemática que lleva décadas, sobre todo ahora que Trump habla de la posibilidad de tomar el control de la isla.
El problema de la basura en Cuba data de hace 23 años
Para tener una idea de la magnitud de la acumulación de basura en La Habana y en toda Cuba es necesario mencionar que en el año 2002 –es decir, hace 23 años, cuando Fidel Castro estaba en el poder– quedó registrado que «las rutas de los camiones de basura se vieron muy reducidas por la falta de combustible y de fondos para conseguir repuestos para los motores averiados». Es decir, el problema data de hace más de dos décadas y el régimen no ha hecho nada al respecto.
Una residente de La Habana explicó entonces que la acumulación de basura en Cuba era el resultado del “mal estado técnico de los vehículos recolectores, la falta de tanques de retención y el deterioro de los que se han instalado”. Para ese momento la leptospirosis, una enfermedad bacteriana transmitida por ratas, había aumentado en Cuba de 4,9 por cada 100.000 habitantes en 1990 a 9,8 en 1997.
Mientras tanto, a lo largo de los años ha trascendido cómo la élite cubana se llena los bolsillos. El año pasado, una exclusiva del Miami Herald reveló que el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), con docenas de empresas estatales administradas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias, acumula una fortuna de 18000 millones de dólares.
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