Bajo el lema “170 años de tradición y ritmo”, la emblemática misa de las madamas se dio por primera vez con una iglesia dividida físicamente entre el ejecutivo regional y el gobierno local.
Por Edwin Rosal Vásquez | Jhoalys Siverio
Lo que debió ser un acto de unión espiritual y cultural se convirtió en un espejo de la actual coyuntura venezolana.
Este domingo, la tradicional misa de las madamas celebró su cuadragésimo primer (41°) aniversario en la población de El Callao, marcando el inicio oficial de los carnavales 2026, aunque bajo un ambiente de evidente división política que no pasó desapercibido por los asistentes.
La eucaristía, oficiada por monseñor Carlos Cabeza, obispo de Ciudad Guayana, contó con la presencia de más de 200 madamas que llenaron de colorido el recinto. Sin embargo, la disposición de las autoridades en el templo fue inédita: de un lado de la nave central se ubicó la gobernadora del estado Bolívar, Yulisbeth García, junto a su tren ejecutivo; del otro, el alcalde Coromoto Lugo, acompañado por su equipo y una nutrida representación del pueblo callaoense.
|
Esta separación física dentro del templo marcó el pulso de una festividad que, a pesar de promocionarse bajo consignas de armonía, dejó ver las fricciones institucionales que persisten tras los eventos políticos de principios de año.
La tradición de esta misa, que se remonta a la época en que la icónica Isidora Agnes enfermó, ha sido el pilar del carnaval desde su fallecimiento en 1985. A 41 años de su institucionalización, el evento sigue siendo el corazón del gentilicio minero.
“Esta misa representa lo que es El Callao, la cultura, la esencia de un pueblo”, afirmó el alcalde Coromoto Lugo, destacando que la tradición supera los 170 años de historia y constituye un patrimonio vivo que debe ser protegido y proyectado.
Lugo destacó que la celebración no puede reducirse a un acto protocolar o político y requiere de apoyo institucional. “No es un acto político, tiene que trascender a la parte social, porque cultura es igualdad, es amor”, expresó, al insistir en que su gestión tiene como responsabilidad “conservarla y proyectarla” con apoyo de las distintas instancias del Estado.
Explotación minera sin beneficios
En ese sentido aprovechó para denunciar la falta de inversión social en el municipio, a pesar de la extracción aurífera que allí se realiza.
“El Callao es un pueblo con una inmensa riqueza, con un inmenso yacimiento de oro, y hoy vemos a El Callao destrozado, sin servicios”, sostuvo. Y agregó: “De aquí salen 4 mil kilos de oro y no se traducen en bienestar social. Eso es una bofetada para este pueblo”.


Lugo también dirigió su señalamiento hacia la Minerven y la Corporación Venezolana de Minería (CVM). “Se sacan bastantes kilos de oro, pero eso no se traduce en bienestar social para este municipio. Ese es el llamado que hago”, enfatizó.
Incluso calificó como una “bofetada al pueblo de El Callao” el hecho de que la acción social de estas empresas se redujera a la donación de unos aires a acondicionado para la iglesia del municipio.
Limitaciones de infraestructura
Por otra parte informó que en la noche del sábado ya rebasaron los 22 mil turistas, y este domingo piensan superar esa cantidad.
Sin embargo admitió que la capacidad hotelera resulta insuficiente ante la alta demanda. “Tengo 600 camas y no nos damos abasto. Cuando hacemos la invitación a los carnavales, también hay que mejorar la infraestructura porque este pueblo se lo merece”.
Reiteró que el reconocimiento internacional implica compromisos adicionales en materia de servicios públicos y calidad de vida. “Al ser patrimonio de la humanidad, tiene que trascender a la parte social”, insistió.
En materia de seguridad, cuestionó la falta de articulación entre los distintos niveles de gobierno. “El alcalde es la primera autoridad y debe haber un enlace. No pueden dar órdenes uno por allá y otro por acá porque se distorsiona el objetivo”, manifestó, al tiempo que llamó a fortalecer la coordinación en beneficio de la organización del evento.
A pesar de las tensiones, las madamas, con sus trajes multicolores y su elegancia ancestral, salieron a las calles para cumplir con la tradición de los 170 años de ritmo, recordando al mundo que, por encima de las coyunturas, El Callao sigue siendo el bastión cultural de Venezuela.









