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El «chavismo» y su fracaso histórico, por Ángel Lombardi Lombardi

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El llamado «chavismo», por primera vez en su historia, ha perdido el norte político; por eso está condenado al fracaso y, si se empecinan en no entender la realidad-real, a la extinción.

Chávez no fue un ideólogo; heredó a la anacrónica izquierda estalinista venezolana, que terminó de enterrarse cuando se «amarró» al tótem fidelista y al oportunismo castrista, peones del imperio soviético en «territorios» del hegemón gringo.

El 3 de enero del 2026 les alcanzó la realidad geopolítica real, que es y sigue siendo global. El drama es que su error estratégico de casi cuatro décadas arruinó el país y desmadró la vida de la mayoría.

Igual que los cubanos que, por la megalomanía de Castro y su incapacidad de entender la realidad nacional e internacional, confundió ideología con religión y política, y asumió el poder personal —nuestro tradicional caudillismo— y acabó con Cuba; a la vista está el resultado.

Chávez lo copió en Venezuela y el cubano perverso le alimentó el ego y el narcisismo a una persona inteligente e intuitiva, pero ignaro y con unas carencias psíquicas evidentes. Su éxito político inicial y electoral se lo debió a dos manipuladores políticos experimentados: Miquilena y Rangel.

Después del «golpe» del 2002, Chávez entendió que, para sobrevivir, necesitaba a los espías y represores castristas, incorporar a los mandos militares en el gobierno y manejo de cuantiosos recursos, con la tentación de la corrupción posible, cuyo «éxito» es evidente en crear una «boliburguesía».

Buscó mezclar los mandos en las regiones militares y en el alto mando para evitar conspiraciones, y ser «tolerante» con las guerrillas colombianas, el narcotráfico y el crimen organizado.

Ésta fue la estructura de control y poder que heredó Maduro, y de manera inevitable pasamos del autoritarismo a la dictadura, un partido absolutamente clientelar y un paramilitarismo delincuencial.

Todo esto se «quebró» el 3 de enero por un acto de fuerza absoluto; vino el imperio y «mandó parar» a un régimen «imparable» por la oposición democrática, a pesar de los muchos intentos y las muchas víctimas. Esta es la apretada síntesis, en mi limitado juicio, del chavismo en el poder durante 27 años.

Ahora, el «chavismo» nostálgico suspira por los tiempos pasados. Sin gente, sin pueblo, huérfanos de liderazgo y lo que queda, divididos; pero cuidado, todavía con poder, repiten el nostálgico «por ahora» como un mantra del 4F-1992.

El liderazgo «chavista» está profundamente dividido en dos estrategias: los «colaboracionistas», para ganar tiempo, portarse bien con el imperio, «pasar agachados» —diríamos en buen criollo— y no quedar totalmente fuera de juego en la futura e inevitable reconfiguración del poder.

Otros, más torpes o más coherentes, no lo sé, no terminan de asimilar lo que pasó el 3 de enero y «patalean» simbólicamente, o los más radicales, de frente, denuncian la traición.

Estamos en días y meses en pleno desarrollo; la gran mayoría queremos un país democrático y próspero. Priorizamos los derechos humanos, sociales y laborales. Entendemos que la economía necesita tiempo y condiciones, pero la expectativa general es positiva.

Pero el hecho definitivo es devolverle a la soberanía popular la decisión electoral para legitimar todos los poderes y poder tener una democracia y un país con futuro.

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El imperio, por un tiempo indeterminado, va a ser decisivo en los procesos en curso, en particular en la economía y en nuestro posicionamiento estratégico. Pero a los venezolanos, con el tiempo, nos toca decidir nuestro destino político y nacional.

Estamos en una nueva etapa política, con un «chavismo» disminuido y confundido, pero todavía con poder e influencia; no hay que subestimarlos ni agraviarlos innecesariamente, pero tampoco ignorar las responsabilidades en la represión y la corrupción. El «momentum» es delicado y precario, pero con una dinámica potencialmente positiva en todos los aspectos.

Ángel Lombardi Lombardi es licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, con especialización en la Universidad Complutense y la Universidad de La Sorbona. Fue rector de la Universidad del Zulia y rector de la Universidad Católica Cecilio Acosta.

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