Venezuela está a punto de cerrar un mes de vértigo. Desde la madrugada del 3 de enero los acontecimientos se han precipitado a una velocidad desconocida: un ataque militar quirúrgico, un chavismo desposeído de su líder, un régimen que se sobrepone y coopera con el enemigo, algunos signos de apertura, la redefinición del mercado petrolero. Y, finalmente, un gesto inesperado: una amnistía general de todos los presos políticos, el primer reconocimiento explícito de que el ciclo de la violencia política debe cerrarse para abrir otro horizonte posible.






