El Récord Guinness del Hambre: 1,462 Días de Sadismo Institucional Por: Juan Linares Ruiz | Jueves, 26/02/2026 11:42 AM | Versión para imprimir La Constitución: Esa Obra de Ficción Resulta fascinante leer el Artículo 91 de la Constitución Nacional, ese texto que hoy parece escrito por un autor de realismo mágico. Dice que el Estado debe garantizar un salario mínimo vital ajustado a la canasta básica. Sin embargo, para los sectores gobernantes y sus comparsas de aplaudidores, la ley es apenas un estorbo. Prefieren proponer reformas para que sus amos continúen con la perpetración sistemática del cinismo. Mantener salarios de miseria no es un error de cálculo; es una decisión política activa para sostener un sistema de hambre. El Crecimiento Económico Invisible de los 17 Trimestres Es enternecedor escuchar al Presidente asegurar que llevamos 17 trimestres de crecimiento económico consecutivo. Venezuela crece, el petróleo fluye, la minería brilla… pero el estómago del venezolano es el único lugar donde ese crecimiento no se nota. Es una «paradoja cuántica»: el país se enriquece en la televisión mientras la moneda se pulveriza en la realidad. La otra cara de la moneda (si es que aún brilla): Salario Mínimo: 130 Bolívares (0.31 dólares al mes). Ideales para comprar… bueno, un suspiro. Dólar Oficial: 411.08 Bolívares. Un atleta de alto rendimiento. Inflación: 270%. Un número que ya ni asusta, solo deprime. Devaluación Anual: 517%. El Bolívar no cae, se lanza en paracaídas, pero sin paracaídas. En resumen: tenemos 32 ajustes de sueldo en una década, lo que demuestra que nuestro salario no es una remuneración, es un mal chiste que se cuenta 32 veces pero que nunca hace gracia. Basta de burlas. Petróleo para los «Amigos», Migajas para los Abuelos La comedia se vuelve internacional cuando miramos las cifras. Ayer, 25 de febrero, la administración de Donald Trump —el flamante «nuevo amigo» del barrio— destacó la llegada de 80 millones de barriles de crudo venezolano. Con el barril promediando los 67 dólares, el cálculo es obsceno: hablamos de 5,360 millones de dólares. ¿Dónde está ese dinero? Es un truco de magia digno de Las Vegas: entran miles de millones por los puertos, pero en el bolsillo del pensionado solo aterrizan moscas. Ya no hay «bloqueo» que valga para ocultar que el dinero se queda en el camino, posiblemente en los mismos bolsillos donde Tareck El Aissami y sus cómplices guardaron aquellos 30 mil millones de dólares que se llevaron mientras nos pedían «resistencia». El Museo de las Promesas Rotas Si mentir fuera un deporte olímpico, la gestión de Maduro no solo tendría la medalla de oro, sino que habría privatizado el podio. El Artículo 80 de la Constitución, ese que promete a los ancianos «dignidad humana y calidad de vida», ha sido reescrito en la práctica como el «Manual del Olvido Selectivo». Es enternecedor —si no fuera criminal— recordar aquel 23 de febrero de 2014, cuando desde Miraflores se prometió una tarjeta electrónica para «turismo y medicinas». Doce años después, los jubilados siguen esperando el tour, aunque sea a la esquina, porque para lo único que alcanza la pensión es para un viaje espiritual hacia el ayuno forzado. Luego vino el Bono Único Reparador de 2022. ¡Qué nombre tan rimbombante! Prometieron 10,000 bolívares, que en su momento eran unos gallardos 2,188 dólares. Pero como en este gobierno el tiempo no vuela, sino que devalúa, aplicaron la técnica del «pago por cuotas eternas». Hoy, esos 10,000 bolívares son apenas 24.33 dólares. Un «bono reparador» que no repara ni una gotera y que, bajo la mirada cómplice de Delcy Rodríguez, se convirtió en polvo cósmico antes de tocar el cajero. Es el sadismo elevado a política de Estado: prometer dólares de carne y pagar con centavos de humo. La Reconversión Monetaria: Cirugía Estética para un Bolívar en Coma En las tierras ardientes de Guayana, donde SIDOR pasó de rugir como un dragón a maullar como un gatito abandonado, vivimos el gran truco de la Reconversión de 2018. Fue una cirugía estética de salón: le quitaron cinco ceros al Bolívar para que se viera «más guapo» en la Gaceta, pero por dentro el paciente seguía desangrándose con una inflación del 130,000%. La reconversión no fue una medida económica, fue un borrador de deudas laborales. El ahorro de toda una vida, las prestaciones sociales de décadas de sudor en las empresas básicas, se licuaron en una quincena que no alcanza ni para el cartón de huevos más pequeño del mercado. Mientras los generales brindan con whiskys importados y dólares turcos, el jubilado hace colas de siglos para cobrar una cifra que el Banco Mundial califica de «insulto», pero que aquí llaman «victoria soberana». La paradoja es absoluta: Nos prometieron salarios de 300 dólares «más temprano que tarde», pero lo único que llegó temprano fue la corrupción de Tareck El Aissami y sus 30,000 millones de dólares evaporados. Un botín que habría pagado pensiones dignas por décadas, pero que terminó repartido entre «compinches» mientras el obrero sobrevive con 0.32 centavos al mes. Conclusión: La Clase Obrera está de Vuelta Ya basta de cantos de sirena, de encantadores de serpientes y de promesas de paraísos con vírgenes intactas. Los trabajadores no queremos limosnas ni «Bonos de Guerra» que cultivan la miseria; exigimos el restablecimiento de nuestros derechos logrados en ardua lucha. Desde Guayana hasta Caracas, el grito es ¡Aumento salarial indexado YA! No más mentiras, no más manipulación. La historia nos pertenece y los «matanceros», herederos del acero traicionado, no permitiremos que nuestro sudor siga financiando el cinismo de quienes ostentan el poder.
NOTA YUDYS HERNANDEZ






