reddy Superlano creyó que lo llamaban al patio para la foto rutinaria del control, pero era el aviso de su libertad plena: el cierre de meses de cárcel y grillete bajo la Ley de Amnistía. En entrevista con TalCual, el dirigente de Voluntad Popular reconstruye su detención, los días de interrogatorio «presurizado» en el Helicoide y cómo fue su prisión en el Rodeo I, que describe como «más parecido a un campo de concentración que a una cárcel». Una semana después del 3 de enero supo en prisión que Nicolás Maduro ya no estaba en Venezuela y, ya en la calle, habla de ruta política, reinstitucionalización y una reconciliación «sin venganza»
Freddy Superlano escuchó que obtendría libertad plena una semana antes de que le quitaran el grillete electrónico. Pero tuvo que esperar más hasta que un funcionario le entregó la notificación de que había sido liberado gracias a la Ley de Amnistía. Ese viernes 27 de febrero pensó que cuando lo llamaron al patio de su casa era para tomarle la acostumbrada foto con funcionarios, el seguimiento de que el preso todavía está aquí. Finalmente, luego de algunas horas, pudieron hacer público el video del momento.
Fue el final de una historia de prisión que comenzó el 30 de julio de 2024 cuando el coordinador de Voluntad Popular fue objeto de una persecución con disparos, según recuerda, en Caracas, hasta llegar a un punto en Los Palos Grandes donde buscó entrar a un edificio para resguardarse y no pudo.
Entonces, esposas y traslado al Helicoide donde airma estuvo bajo interrogatorio por 10 o 12 días, con el mismo modus operandi que Enrique Márquez mencionó en rueda de prensa. «Te colocan lo que llaman un ‘pulpo’: te esposan en los tobillos, eso va hacia la cintura y de ahí a las muñecas. Tu movilidad es muy limitada y duermes con eso, por lo menos los primeros días, en mi caso. El interrogatorio es a cualquier hora del día o de la noche. No hay horario. Es para fatigarte y ver cómo pueden sacarte información más allá de la que realmente hay».
–¿Quién le interrogaba?
–Un comisario del Sebin y su brigada. La brigada estaba compuesta por por lo menos siete personas. Todos en algún momento tenían preguntas que hacerme.
–¿Los tienes identificados de alguna manera?
–Sí, los tengo identificados con nombre y apellido, identificados sus rostros y sus nombres. En el momento oportuno y ante las instituciones oportunas haré ese señalamiento. Los tengo claramente identificados. A diferencia del Rodeo, donde es más difícil identificarlos.
–¿Al terminar esa «bienvenida», lo pasan a las celdas?
–Estuve solo en un primer momento. A los minutos llevan a mi celda a dos presos. Parece que es un protocolo que utilizan cuando una persona llega por primera vez a la cárcel: le llevan compañeros que tienen experiencia para que ese período de aclimatarse sea menos riguroso y no atente contra su vida, por lo menos eso es lo que dicen. Son momentos muy duros, de mucha depresión y desespero. Allí estuve con dos personas del oriente del país: un trabajador de Pdvsa y otro detenido por haber hecho un video de Alex Saab. Ese fue el primer momento. En un segundo momento estuve con una persona de nacionalidad mexicana que estaba preso allí. Luego empiezan a llegar conocidos. William Dávila llegó después. Más adelante llegaron Biaggio Pillieri y Perkins Rocha. Fuimos creciendo como familia y al final éramos cerca de 14 o 15 personas en la misma celda, la gran mayoría por motivaciones políticas.
–¿Cuáles fueron las condiciones de reclusión?
–En el Helicoide era de total aislamiento, lo que ellos llaman «presurizado»: sin visita, sin llamada y sin contacto con otros presos. Enrique Márquez y yo estuvimos en la misma celda al final. En el Rodeo sí fue distinto, allí es mucho más hostil que en el propio Helicoide. En el Helicoide tienes la limitación de visitas: cero visitas, cero llamadas, cero abogados, cero contacto con otros presos. Pero por lo menos tienes un baño, una litera con un colchón, puedes tener cocina. Cuando te pasan al Rodeo, las condiciones cambiaron diametralmente.
–¿Cuándo supieron que pasarían al Rodeo I?
–Nos engañan. Nos dicen a Roland Carreño y a mí, que estábamos en una celda de 14 personas: «Vístanse con el uniforme, van a una entrevista con el comisario». Nos pareció muy extraño. Bajamos con todo el escepticismo del momento, con expectativa. Cuando nos encontramos abajo, nos colocan esposas, nos hacen una foto con custodios a los lados y había una patrulla esperándonos para trasladarnos a un sitio que desconocíamos hasta que llegamos. Llegamos ese domingo 31 de agosto a las instalaciones del Rodeo I. Cuando abren la patrulla, están funcionarios encapuchados con un uniforme distinto, beige, y comienza una serie de improperios. Es lo primero que hacen cuando te reciben, como un comité de bienvenida; forma parte del protocolo. Ese comité de bienvenida te esposa, hace que te caigas y luego te levantan por medio de una palanca, y cuando te levantan te genera dolor en las articulaciones superiores, hombros y codos. Cada vez que caes, te golpeas la cara o te golpean también los hombros y las rodillas. Es un recorrido con la intención no solo de malograrte físicamente. Te dicen improperios. Son funcionarios de la Dgcim en su gran mayoría. Utilizan pseudónimos. Quien nos recibió de esa manera abrupta y violenta se hacía llamar «Leónidas».
Luego viene una parte donde te desnudan, hacen que te agaches, que saltes, para ver si traes algo. Después te vistes, te llevan a un examen médico, y te sorprende que los médicos están encapuchados y los enfermeros también. Ahí empiezas a entender que has llegado a un sitio sumamente distinto, con un trato distinto. Yo lo he dicho en otras oportunidades: el Rodeo I es más parecido a un campo de concentración que a una cárcel.
-¿Cómo fue la reclusión en el Rodeo I?
–En el Rodeo te instalan en una celda de dos por cuatro. No tienes visitas ni llamadas, pero tampoco bajas al patio. Estuve ahí 34 días encerrado. Dentro tiene dos lápidas para dormir y una letrina. No te llega paquetería por parte de la familia. Ni siquiera hay posibilidad de que te entre un libro. Los libros que están ahí para leer son los poemas de Tarek William Saab. Además, lo que escuchábamos era el programa de Maduro, Con el mazo dando y los viernes Sin truco ni maña. Cuando ya estás en rutina, te despiertas a las 4:30 y a las seis ya estás bañado y comido para que te lleven al patio uniformado, esposado y encapuchado. Cuando terminas la jornada del patio, de nuevo te esposan y te encapuchan hasta llevarte a tu celda. Ese es el mecanismo que utilizan. Es mucho más distante con los custodios. Tienen la orden de no mirarte a los ojos. Hasta a quienes van a visitar los encapuchan para llevarlos al lugar de la visita.
–¿La atención médica siempre era con médicos encapuchados?
–Claro. De hecho tengo testimonio de una persona que estaba conmigo en la misma celda y me dijo que el director del penal le entró a cachetadas delante de un médico. Los médicos allí son testigos de violación de derechos humanos sistemática. Y estas personas saben cómo se llaman los médicos y el grado militar que tienen, porque son militares.
–¿Cómo se enteran de lo que estaba pasando el 3 de enero? ¿Cuándo, y quién les dice que Maduro ya no está en Venezuela?
–Nosotros nos enteramos en el Rodeo una semana después, por lo hermético de ese sistema carcelario. Nos enteramos por la visita un viernes. Un médico cirujano que está preso todavía en el Rodeo dijo: “Señores, somos libres, se llevaron a Maduro y vienen las liberaciones de los presos políticos”. Se lo había dicho su papá. Luego las demás visitas empezaron a llegar, y empezaron a traer la misma información. Se comenzó a crear en el penal un ambiente de algarabía, de escepticismo, de especulación, de todo lo que te puedas imaginar. Yo no tuve visita durante 18 meses ni llamadas. Ese fin de semana tuve la primera, el domingo de la semana siguiente. Mi esposa me dijo: “Sí es verdad, se llevaron a Maduro”.
–Cuando se entera de que Nicolás Maduro ya no está en Venezuela, ¿qué pensó, qué sintió?
–Hubo dos cosas en las que pensé. Pensé “hasta dónde te puede llevar la arrogancia”. Yo creo que Nicolás (Maduro) tuvo todas las oportunidades en su momento para alcanzar una salida distinta, más negociada. Incluso tuvo la posibilidad de él mismo generar esa transición ordenada. Y por otro lado pensé que la libertad estaba más cerca. Por eso yo no tengo ningún tipo de pudor ni complejo cuando agradezco a la administración del presidente Donald Trump y cuando agradezco la intervención del secretario de Estado Marco Rubio en esta situación.
–Si no estamos en transición aún, ¿dónde cree que estamos?
–Creo que estamos transitando esa transición, valga la redundancia, porque lo que está pasando en el país es inédito: existe el acompañamiento de un tercero, una potencia extranjera como Estados Unidos. Eso te mantiene un juego sumamente distinto. Cuando acompañas ese mantra de estabilización, recuperación y transición, lo que buscas ahora es que los factores democráticos sean parte de esa dinámica, y no ser simple y llanamente observadores, sino participar en ella. Para eso hay que encontrar acuerdos, puntos en común, entre los factores democráticos, para hacer las propuestas correspondientes, tanto al tercero que está acompañando como a quienes hoy están detentando el poder.
–¿Está volviendo la activación política?
–Ciertamente hay una acción represiva del 2024 para acá, de manera masiva, que hizo que muchos dirigentes tuvieran que esconderse o incluso salir del país. De 2024 para acá, se masificó y ya no fue solo con Voluntad Popular, como había sido hasta entonces. Ahora que comienza a hablarse de amnistía, de transición, de reconciliación, la gente va sintiendo que hay un ambiente distinto en el cual se puede hacer política de nuevo, aunque exista persecución y hostigamiento.Por eso se comienzan a reactivar los cuadros políticos a lo largo y ancho del país. En estos momentos están reactivándose y reencontrándose.
–Tendrán que venir discusiones sobre las instituciones de cara a una eventual elección, y eso se tramitará a través de la actual Asamblea Nacional. ¿Cómo puede influir o participar en eso la oposición que no está en ese parlamento?
–Yo creo que la opinión pública ha jugado un papel importante en todo esto y también la comunidad internacional ha estado muy pendiente de lo que se vaya desarrollando. Si es cierto que no tenemos manera de influir directamente, hay muchas maneras de hacerlo a través de las fuerzas vivas: asociaciones de profesores, universidades, sindicatos, gremios profesionales y hasta la misma opinión política como la que podamos hacer nosotros a través de estos medios. Son mecanismos que buscamos, independientemente de que estemos en la misma acera o no. No estoy todavía insertado en la política nacional. Recuérdate que apenas salí el viernes. Hoy apenas es lunes. Empiezo a empaparme, pero sí creo que, cuando se habla de reconciliación, de recomponer, de reinstitucionalizar, estamos hablando de cambiar poderes. Todo ese andamiaje tiene que desmontarse con la intención de tener más equilibrio y credibilidad a la hora de llamar a un proceso de elección.
–¿Qué prefiere, unas elecciones prontas pero imperfectas, o unas elecciones más “perfectas” en la manera de organizarse y en las condiciones, pero que tardarán mucho más en llegar?
–Los tiempos en estos momentos nadie los tiene muy claros. Para nosotros es más importante la existencia de acuerdos políticos antes de un hito electoral, para no hacerlo al fragor del interés de una elección, sino al fragor del interés del pueblo venezolano. Yo prefiero unas elecciones donde estemos preparados, no solamente como ciudadanos desde el punto de vista electoral, sino también preparadas sus instituciones para respetar los resultados que emerjan de esa elección.
–¿Qué debe pasar en el corto plazo, en lo político, para caminar hacia la rehabilitación democrática del país?
–Yo creo que todo pasa por la construcción de una ruta política. En estos momentos lo que cabe es revisión, pero también discusión entre nosotros mismos para abrirnos hacia la gente, hacia la sociedad civil, que está a la expectativa de qué vamos a hacer como actores políticos en Venezuela. Hay que redireccionar, tener amplitud, discusión, debate y, al final del día, consolidar un gran acuerdo político que vaya mucho más allá de los partidos en función de alcanzar la democracia y darle la mayor estabilidad económica y social posible al venezolano.
–Delcy Rodríguez ha hablado de que estamos en un nuevo momento político. ¿Cómo cree que debe ser la relación con el chavismo?
–Muy transparente. Yo creo que esa tiene que ser la gran diferencia de ahora con el pasado. En anteriores oportunidades plantear algo como esto sonaba como un pecado capital, un sacrilegio. Plantearlo ahora tal vez suene más razonable, entendiendo que hay un adversario que detenta el poder, que está todavía a cargo de un gran andamiaje estructurado durante 27 años de represión y persecución, y que sabe que va a perder el ejercicio del poder en un cierto lapso de tiempo. Pero tú también, de este lado, tienes que entender que de manera fáctica el poder está allá: el poder de las armas, el poder de la represión. Entonces, ¿cómo encuentro un punto medio donde se respete la voluntad popular, donde pueda reinstitucionalizar el país? Y tal vez algún sector de los que hoy gobiernan esté pensando en esa Venezuela. Ojalá así sea. De ser así, creo que podemos buscar puntos de encuentro que nos lleven a alcanzar esa ruta.
–Se ha hablado mucho de la palabra reconciliación. Luego de su experiencia en la cárcel, ¿cómo debe ser esa reconciliación y cómo evitar caer en el ciclo de la venganza?
–La venganza no le hace bien a nadie. Si nosotros cayéramos en ese terreno, estaríamos cometiendo un gran error y manteniendo un ciclo en Venezuela, cuando lo que hay que hacer es romperlo. Lo que sí debe prevalecer son las instituciones. Yo perdono a quienes me metieron tras las rejas. Será la justicia la que se encargue de saldar esas cuentas. Quienes tenemos la tarea o la responsabilidad de dirigir este proceso tenemos que tener el foco en otra cosa.
La entrevista completa la puede ver aquí:
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
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