El programa Artemis planea poner bases en la Luna, pero juga contra reloj, por un lado para superar a China, por otro para que el alunizaje ocurra durante el mandato de Trump
Esta madrugada, Artemis II ha despegado rumbo a la Luna. A bordo de la nave Orión, empujados por los 98 metros del cohete SLS y 2.500 millones de toneladas de combustible, cuatro astronautas se preparaban para hacer algo que la humanidad había olvidado. Desde la última misión Apolo, en 1972, ningún humano ha abandonado la órbita baja de la Tierra y eso es, precisamente, lo que Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen harán en las próximas horas. Partieron de la plataforma del Complejo de Lanzamiento 39B a las 00:24 de la noche (hora peninsular) y, si todo sale según lo esperado, rodearán la Luna a 6.000 kilómetros sobre su cara oscura y amerizarán dentro de 10 días frente a la costa de San Diego (California).
Así terminará uno de los viajes más emocionantes de la humanidad, con una zambullida en el océano Pacífico tras recorrer más de 1 millón de kilómetros; el equivalente a dar la vuelta al mundo 25 veces. Y es que la Luna está mucho más lejos de lo que pensamos, a 380.000 kilómetros sobre nuestras cabezas. Pero como a nuestros simiescos cerebros se le resisten los grandes números, basta reparar en que, entre ella y nosotros, cabrían todos los planetas del sistema solar, bien pegados entre sí, pero con una holgura de 4.000 kilómetros por si queremos sumar también una segunda Luna (3.475 km). Esa es el viaje al que se enfrentan los cuatro tripulantes de la Artemis II, pero la verdadera epopeya es la que está por venir. Porque la NASA pretende alunizar humanos en 2028, antes de que lo logre China y de que termine el mandato de Trump. Dos grandes presiones podrían comprometer la cultura de seguridad de la NASA y, de hecho, ya han disparado algunas alarmas.
La nueva carrera espacial
Solo un 20% de la población actual estaba viva cuando Neil Armstrong puso un pie en la Luna. Para el otro 80%, esta misión, Artemis III y el posible alunizaje de Artemis IV son algo totalmente inaudito. Y, aunque el programa Apolo y el Artemis no son idénticos, las similitudes van más allá de lo evidente. Está claro que ambos buscan alcanzar la Luna, pero tienen otro objetivo más pragmático: proteger el futuro de Estados Unidos. En los años 60 fue la Guerra Fría la que espoleó el desarrollo aeroespacial. Colocar un satélite el órbita era una buena manera de anunciar que también podrías colocar otros objetos menos pacíficos y, poner a un humano en la Luna era la demostración de fuerza definitiva. Los animales se exhiben para disuadir a sus enemigos y evitar enzarzarse en una pelea donde, incluso el ganador, puede salir herido de muerte.
La amenaza nuclear motivó la primera carrera espacial, pero esta segunda busca asegurar una futura hegemonía espacial. En esta época, donde el derecho internacional se tambalea, el derecho espacial no es garantía de nada. Pero, incluso si las grandes potencias se atuvieran a él, podrían salirse con la suya.

Es cierto que, en 1967, el Tratado sobre el espacio ultraterrestre dictó que «El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera». Pero, a la vez que niega la apropiación nacional, permite su explotación y uso. «El espacio ultraterrestre[…] estará abierto para su exploración y utilización por todos los Estados sin discriminación alguna[…] y habrá libertad de acceso a todas las regiones de los cuerpos celestes».
Ese es el motivo por el que, en el Acuerdo Artemis, se habla de “zonas de seguridad» que eviten la interferencia entre estados pero que, en la práctica, también garantizan la continuidad de esos derechos de explotación. Esto significa que la ventaja lo es todo y, aún sin soberanía, el país que antes alcance la tecnología necesaria para desplegar bases en la Luna, más territorio podrá reclamar. Así nos lo contaba el responsable del programa Moon Base de la NASA, Carlos García-Galán: “Es importante llegar primero […] si llegamos a una zona con alto interés científico, no podrá haber otros países que aterricen cerca. Quien llegue primero a esos lugares estratégicos va a bloquear al resto”.
Dos jugadores… y medio
Artemis es un programa estadounidense donde colaboran otras agencias espaciales, como la europea o la japonesa, pero no es el único que busca establecer bases lunares. Frente a la NASA, se presenta la CNSA (Administración Espacial Nacional de China) que, si bien se proponen objetivos mucho menos ambiciosos, eso mismo confiere robustez a sus planes. De hecho, la competidora histórica de la NASA, la rusa Roscosmos, ha sumado fuerzas con la CNSA a raíz de las sanciones provocadas por la guerra de Ucrania.
Según ha comunicado la CNSA, China espera alunizar dos humanos en 2030 y levantar una estación lunar básica antes de 2035. Eso significa que EE.UU. todavía lleva unos años de ventaja, pero cabe recordar que no persiguen los mismos objetivos (aunque sí los mismos territorios) y que parece probable que los retrasos acaben acortando esa diferencia.
En primer lugar, la tecnología que requiere china para cumplir sus misiones lunares es más asequible y, por lo tanto, menos dada a acumular retrasos en su desarrollo. En segundo, el sistema de gobierno chino asegura la continuidad del programa frente a los bandazos que acompañan a los cambios de legislatura en Estados Unidos. Y, finalmente, en su opacidad, la agencia china se ha ganado la fama de cumplir plazos. La NASA, en cambio, puede que por una muy recomendable cautela, tiende a aplazar sus lanzamientos. De hecho, cuando se anunciaron las misiones Artemis en 2019, el objetivo era alunizar en 2024. Algo que, en el mejor de los casos, no sucederá hasta 2028.
Entre ellos se decidirá la partida porque, aunque hay más jugadores en el tablero, no suponen una verdadera amenaza para los intereses de Estados Unidos y China. La India es la potencia espacial que más cerca les sigue y, sin embargo, no esperan alunizar antes de 2040 y la primera base, si todo sale como esperan, no llegaría hasta 2047.

Una presión interna
Para EE.UU. el futuro depende de cuánta ventaja consigan mantener en esta carrera espacial, pero a esa presión externa se suma otra que viene de dentro. Hace unos días, el director de la agencia espacial estadounidense, Jared Isaacman, declaraba que: “La NASA tiene el compromiso de lograr, una vez más, lo casi imposible: regresar a la Luna antes de que finalice el mandato del presidente Trump, construir una base lunar, establecer una presencia permanente y llevar a cabo las demás acciones necesarias para garantizar el liderazgo estadounidense en el espacio”. La mención a Trump no es baladí, pues estamos ante un presidente con un especial interés por las narrativas y volver a la Luna es la forma más efectista de devolver a América a aquellos tiempos que añoran, en los que todavía era “great”.
Teniendo en cuenta que Trump debería abandonar la Casa Blanca el 20 de enero de 2029 y que Artemis IV no alunizará antes de 2028, cualquier retraso podría arrebatarle un hito que ya prometía en durante su campaña y al que dedicó unas palabras en su discurso de investidura: «Perseguiremos nuestro destino manifiesto hacia las estrellas, lanzando astronautas estadounidenses para plantar la bandera de las barras y las estrellas en el planeta Marte». El destino manifiesto, la doctrina de que los estadounidenses, como pueblo elegido, tienen el deber moral de extender su civilización por el ancho mundo y, al parecer, ahora también por el espacio.

El 22 de enero, una de las revistas de investigación científica más prestigiosas del mundo, Science, publicó tres artículos analizando la influencia que está teniendo Trump en la política científica estadounidense y concluía que la tendencia autoritaria y personalista que está tomando la administración Trump pone en riesgo la independencia de las instituciones científicas. Una conclusión que sugieren también en el último informe del Panel Asesor de Seguridad Aeroespacial. En este último, cuestionan la seguridad de las próximas misiones Artemis y recomiendan levantar el pie del acelerador.
Pero la crítica del informe va más allá y plantean que la cultura de seguridad de la NASA puede estar comprometida y, aunque no nombran a Trump, lo cierto es que, durante el último año, su gobierno ha reducido drásticamente los presupuestos y la independencia de la agencia. La presión externa y la interna se concentran sobre las misiones Artemis y todo viaje espacial conlleva unos riesgos. Eso significa que no podemos aspirar a que desaparezcan y la duda, entonces, no es si los gobiernos están dispuestos a asumir riesgos, sino dónde ponen el umbral y cuánto pueden deslizarlo con tal de no perder la carrera.
QUE NO TE LA CUELEN:
- Es difícil analizar desde fuera en qué estado se encuentra la cultura de la seguridad de la NASA, para ello, confiamos en paneles independientes, como el que se formó tras el trágico accidente del Apolo 1. Algunos expertos, por ejemplo, están preocupados por el escudo térmico que deberá proteger a los astronautas durante su reentrada en la atmósfera, durante la cual, el fuselaje de la nave puede alcanzar los 2.500ºC. Éste, sufrió daños graves durante la reentrada de Artemis I, en 2022, pero la NASA no ha hecho cambios en el escudo que lleva Artemis II. Sin embargo, expertos de la agencia espacial han declarado que el peligro puede evitarse controlando el ángulo en que atraviesen la atmósfera.
REFERENCIAS (MLA):
- NASA’s First Flight With Crew Important Step on Long-Term Return to the Moon, Missions to Mars. NASA, NASA Headquarters, https://www.nasa.gov/missions/artemis/nasas-first-flight-with-crew-important-step-on-long-term-return-to-the-moon-missions-to-mars/
- Artemis II. NASA, https://www.nasa.gov/mission/artemis-ii/
- Artemis II Science. NASA, https://www.nasa.gov/humans-in-space/artemis-ii-science/
- Space Launching System Reference Guide for Artemis II. NASA, Jan. 2026, https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2026/01/sls-5558-artemis-ii-sls-reference-guide-final-review-508-012026.pdf?emrc=342194
- Meet NASA’s Orion Spacecraft. NASA, https://www.nasa.gov/missions/meet-nasas-orion-spacecraft/#section-1
- Reid Wiseman. NASA, https://www.nasa.gov/people/reid-wiseman/
- Victor J. Glover, Jr. NASA, https://www.nasa.gov/people/victor-j-glover-jr/
- Christina Koch. NASA, https://www.nasa.gov/people/christina-koch/
- Biography of Jeremy Hansen. Canadian Space Agency, https://www.asc-csa.gc.ca/eng/astronauts/canadian/active/bio-jeremy-hansen.asp
- Aerospace Safety Advisory Panel 2025 Annual Report. NASA, Mar. 2024, https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2024/03/asap-2025-annual-report-tagged.pdf
- Langin, Katie. «Pressure on the Pipeline: The Trump Administration’s Agenda Is Likely to Reshape the Scientific Workforce.» Science, 22 Jan. 2026, pp. 342-44.
- Malakoff, David. «Talking Back: An Unprecedented Assault Has Forced the U.S. Scientific Community to Rethink Its Advocacy Tactics.» Science, 22 Jan. 2026, pp. 345-47.
- Mervis, Jeffrey. «Damage Assessment: Which of Donald Trump’s Changes Are Likely to Last—and Which Will Fade?» Science, vol. 383, no. 6705, 22 Jan. 2026, pp. 340-343.
- EL PAIS DE ESPAÑA






