La creación de dinero inorgánico es el que emite el Banco Central sin que exista un respaldo en la producción real de bienes y servicios. Es quizás una de las herramientas más arriesgadas de la política monetaria. El efecto inflacionario es la consecuencia más inmediata. Al aumentar la masa monetaria y ocasionar un exceso de dinero en la calle, se produce una ola de escasez porque hay más gente comprando que oferta de productos y por lo tanto los precios suben inevitablemente.
Cuando el mercado se inunda de la moneda local que no tiene respaldo en productividad o reservas internacionales, su valor frente a divisas extranjeras, como el dólar y el euro cae, se devalúa. Esto encarece las importaciones, lo que a su vez alimenta la inflación porque los importadores al tratar de obtener divisas en el Banco Central el monto en bolívares es cada vez mayor.
La inyección de dinero inorgánico genera falsas alarmas al mercado porque los productores pueden creer que la demanda está subiendo por éxito comercial y es solo una burbuja transitoria. Por otra parte, es un impuesto invisible que afecta desproporcionadamente a los ciudadanos porque los sueldos se aleja cada vez más de los precios, se pierde la capacidad de ahorro principalmente a aquellos que no tienen acceso a activos financieros para protegerse de la inflación. La falta de disciplina monetaria ahuyenta la inversión extranjera; los inversores buscan entornos con seguridad jurídica y estabilidad monetaria. La incertidumbre sobre el valor futuro del dinero provoca que el capital nacional también salga del país buscando refugio en economías más sólidas.
Así que la vía más sana es crear las condiciones para la inversión nacional e internacional y eso tiene que ver con la seguridad jurídica, la independencia de poderes y respeto a la propiedad privada.
Economista José Luis Alcocer






