El primer reto comienza desde el hogar hasta incursionar en el sistema escolar. Esta etapa es fundamental porque va a nutrir de principios morales al sujeto que será determinante en su conducta futura. La persona tendrá que conocerse a si misma, disciplinarse y adquirir hábitos ciudadanos frente a sus semejantes. No podemos cambiar el mundo sino cambiamos nosotros mismos.
El segundo desafío es poner en práctica lo aprendido. No basta con formarnos y conocernos internamente si no ejercitamos lo que hemos aprendido para producir cambios necesarios en los demás. La sociedad necesita avanzar hacia senderos de bienestar y eso se logra con individuos formados en valores ciudadanos.
El debate actual se centra sobre la responsabilidad individual para alcanzar niveles de libertad, civilidad y prosperidad económica. Es urgente resignificar la vida moral y la dignidad humana en medio de sociedades cada vez más polarizadas, acelerada y vacías espiritualmente. Vivimos en una era donde cada quien trata de sobresalir sin importar sacrificar a los demás.
Es tiempo de reforzar los valores éticos y la responsabilidad individual para avanzar como sociedad. Esa fue la preocupación de Inmanuel Kant, uno de los pensadores más importantes de la humanidad, quien concibió la libertad no solo como simple ausencia de límites en el sujeto sino como ejercicio de responsabilidad y razón para darse normas morales y actuar según ellas.
Para ese filósofo solo cuando la voluntad humana actúa por deber, venciendo el miedo o el deseo personal, puede hablarse de auténtica autonomía en el individuo. Así que sigamos los consejos de Kant. La verdadera libertad es aquella que se somete a la ley moral. En el contexto actual, debemos actuar con responsabilidad ciudadana, es decir, creando conciencia de rescatar la democracia, las libertades públicas y el bienestar económico.






